Durante 36 años, la propaganda franquista entró a través de las ondas en todos los hogares del país de la forma más inocua: un supuesto consultorio de belleza radiofónico. Marga Durá, acaba de publicar ‘Una pregunta para Elena’ (Editorial Destino)

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David Gallardo, InfoLibre, 19 de octubre de 2023
Durante más de treinta años, la ingenua sociedad española sinceramente creyó que Elena Francis era Elena Francis y que presentaba un consultorio sentimental radiofónico bienintencionado, además de tener tiempo para responder de su puño y letra decenas de miles de cartas enviadas por las oyentes con todo tipo de consultas. Sin embargo, detrás de Elena Francis estaba el Instituto de Belleza Francis, que había creado el personaje para publicitar sus productos en Radio Barcelona. Doña Elena era un ser ficticio y las cartas las contestaba un equipo de asesores, entre los que se encontraban un cura y un psicólogo.
El consultorio empezó a emitirse en 1947 y su influencia trascendió hasta convertirse en un fenómeno de masas que apuntalaba con concienzuda convicción y fervor la ideología nacionalcatólica. Durante sus lustros de mayor popularidad, durante las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, la propaganda franquista entraba a través de las ondas en todos los hogares del país de la forma más inocua: un supuesto consultorio de belleza radiofónico creado, en realidad y únicamente, para domesticar a las mujeres españolas, que eran sistemáticamente instruidas para perdonar golpes, humillaciones o infidelidades, pero nunca a sí mismas.
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Posted by asturiaslaica 

















