De inmatriculaciones
El Grupo de Inmatriculaciones de Asturias continúa recogiendo firmas

Fragmento del cartel de la charla «Anatomía de un expolio», Córdoba 2015
En Asturias seguimos intentando recoger suficiente número de firmas que permitan presentar una petición a la Junta para poder conocer, como punto de partida para futuras acciones, qué bienes ha inmatriculado la iglesia católica.
Y, en la confianza de que ese «un día, no sabemos aún de qué año…» del que habla el libro de Jesús de Larrainzar, “No robarás. Catecismo de la inmobiliaria celestial. O como los Obispos usurparon el patrimonio de los pueblos”, llegue más pronto que tarde, ¿qué tal si revisamos su inteligente historia de las inmatriculaciones?
UN DÍA DE 1459, AÑO MÁS O SIGLO MENOS, en un pueblo cualquiera, reunido en Concejo abierto, los vecinos acordaron la construcción de una iglesia, una ermita, una fortificación, un atrio, una escuela, una campana, una casa para el cura… Y todo se amuebló y se pagó con la bolsa, y las espaldas, del vecindario.
Un día de 1933, el Gobierno democrático de la II República decretó que todos esos bienes eran propiedad pública y que la Iglesia solamente disponía de los templos para el culto religioso.
Un día de 1946, la estrecha relación de la Iglesia y la dictadura franquista posibilitó que los obispos tuvieran poderes extraordinarios para inmatricular bienes, salvedad hecha de los lugares de culto. Desde entonces, miles de propiedades de los pueblos han pasado a manos de la Iglesia.
Un día de 1978, se aprobó una nueva Constitución Española que proclamaba la separación de poderes Iglesia-Estado. Sin embargo esa prerrogativa inmatriculadora, propia del nacional-catolicismo, continuó vigente con todo descaro, como si los obispos fueran fedatarios públicos.
Posted by asturiaslaica 


















