‘De Granada a Covadonga’: así se convierte el Día de las Fuerzas Armadas en un acto partidista

abril 19, 2024

‘De Granada a Covadonga’: asina se convierte’l Día de les Fuerces Armaes nun actu partidista

El JEMAD posa con el alcalde de Oviedo y la alcaldesa de Gijón en el Acuartelamiento Cabo Noval. A los lados los emblemas del Regimiento Príncipe, el águila Harris «Cangas» y el halcón «Cova» / Fuente foto
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Fuente: Asturies, 19 de abril de 2024

El Xefe de Estáu Mayor de la Defensa (JEMAD) tira de los tópicos del nacionalismu español pa xustificar n’Asturies unes actividaes que van tapecer la conmemoración de soberanía del 25 de mayu del 1808 y el Día de la Bandera Asturiana.

La presentación de los actos del Día de las Fuerzas Armadas, que tuvo llugar el vienres en Cabo Noval, cola presencia de los alcaldes d’Uviéu y Xixón, Alfredo Canteli y Carmen Moriyón, amosaron el calter propagandísiticu d’estos actos, non solo del exércitu español, sinon d’un conceptu de patriotismu qu’usa Asturies como supuestu orixe de la unidá española.

«L’añu pasáu se celebró en Granada y este año lo afrontaremos aquí, en N’Uviéu y en Xixón, los Oríxenes de España que tenemos anguaño, que Asturies, y aquellos Oríxenes, después de siete siglos de larga lucha, se arraigaron en Granada, polo en el que nos deslizamos una especie de círculo histórico que es de la Reconquista , que es el ADN de la nación española», expresó el Almirante General Teodoro Esteban López Calderón.

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Covadonga y el nacionalismo español

septiembre 8, 2022

La Restauración recuperaría el mito de la batalla contra los musulmanes convirtiendo el santuario en un fetiche de las derechas.

Construcción de la básilica de Covadonga en 1894 / Foto: Enrique Marquerie/Museu del Pueblu d´Asturies

Pablo Batalla, Nortes, 8 de septiembre de 2022

«Resulta tan viril el paisaje que el señor Pérez Galdós, no pudiendo contener su admiración ante los Picos de Europa, exclamó: “Esto no es Naturaleza, es Naturalezo”». Habla Pedro Pidalmarqués de Villaviciosa; corre el año 1916; defiende, el 4 de diciembre, en el Senado su propuesta de una ley de Parques Nacionales, inspirada en la estadounidense, y de la que quiere que el primer solar que su protección ampare sea un ilustre paraje de su tierra natal: la montaña de Covadonga. Creía el marqués en una «religión de la naturaleza» que debía ponerse en contraste con «la religión de las ciudades»; hacía parte con ello de una sensibilidad naturista que crecía y prosperaba en todo Occidente, acompasada a los avances y los estragos de la industrialización, pero también a las cuitas de un nacionalismo que, en aquellos años, completaba su viraje de la ideología progresista, revolucionaria, que había sido en origen («¡viva el Rey, muera la nación!», gritaban sus partidarios a Fernando VII) a baluarte reaccionario, antimoderno, frente a la hidra roja del movimiento obrero y las novedades desasosegantes de una era de avances tecnológicos vertiginosos. Los primeros clubes de montaña, fundados por aquellas fechas, buscan paisajes, pero también paisanajes, y los buscan espoleados por un sentido patriótico: el afán de conocer a las poblaciones aisladas que se consideraba que habían preservado de manera más prístina la esencia nacional; las viejas costumbres, los viejos romances. Y todo ello se entretejía de un torvo masculinismo, que la incipiente liberación femenina avivaba: también se anhelaba revigorizar a una juventud afeminada por la vida urbana, pensando ya en las guerras que asomaban en el horizonte.

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