MHUEL cuestiona el origen franquista de algunas tradiciones del Pilar y reivindica la memoria obrera de Zaragoza

El Movimiento hacia un Estado Laico invita a revisar la construcción de la identidad aragonesa y recuerda que la Ofrenda de Flores se instituyó en 1958, durante la dictadura. La asociación defiende el respeto a las creencias individuales, pero reclama que los cargos públicos participen en los actos religiosos a título personal.

La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, durante uno de los actos religiosos de los pasados Pilares | Foto: Miguel G. García / AZ
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Iker González Izaguirre, AraInfo, 19 de octubre de 2026

El Movimiento hacia un Estado Laico (MHUEL) ha aprovechado las Fiestas del Pilar de Zaragoza para abrir una reflexión sobre el origen de algunas tradiciones y la memoria histórica de la ciudad. En una nota de prensa fechada el 11 de octubre, la asociación recupera un artículo de opinión de Fernando Busto de la Vega publicado en AraInfo, en el que se cuestiona cómo se construyó buena parte del imaginario tradicional aragonés.

MHUEL recuerda que celebraciones actualmente muy arraigadas, como la Ofrenda de Flores, instituida en 1958, adquirieron su forma contemporánea durante el franquismo. También señala la consolidación de una determinada imagen folclórica del “baturro”, que, según la reflexión recogida por la asociación, contribuyó a desplazar otras expresiones de la identidad aragonesa.

La Zaragoza obrera frente al relato folclórico

Frente a esa representación, el colectivo reivindica la memoria de la Zaragoza de finales del siglo XIX y principios del XX, marcada por una intensa actividad obrera, sindical y cultural. Una ciudad cuyos trabajadores y trabajadoras luchaban por conquistar derechos y por ser reconocidos como personas libres e iguales.

MHUEL considera necesario recuperar esa parte de la historia para comprender cómo se ha construido la identidad colectiva. En su comunicado lamenta la pérdida de memoria y de conocimiento sobre las raíces sociales de Aragón, y recupera una reflexión especialmente crítica del artículo de Busto de la Vega: “Si muchos de nuestros antepasados de esa época vieran a sus bisnietos acudir mansamente a dejar flores en el Pilar, para regocijo del elemento clerical y caciquil que a ellos les explotaba sin misericordia alguna, y que a día de hoy sigue explotando a sus descendientes, se revolverían furiosos en sus tumbas”.

Separación entre instituciones y religión

La asociación subraya que su planteamiento no pretende cuestionar a quienes participan en las celebraciones religiosas ni sus convicciones personales. “Respetamos a todas las personas que participan en las celebraciones y a las creencias de cada cual”, afirma, antes de defender que conocer la historia no resta valor a las fiestas.

MHUEL concluye recordando el carácter aconfesional del Estado recogido en la Constitución y reclama que quienes ocupan cargos públicos asistan a los actos religiosos a título personal, sin confundir sus creencias particulares con la representación institucional.

La organización plantea así una reflexión que va más allá de las fechas festivas: qué parte de la historia de Zaragoza se celebra, cuál permanece relegada y qué papel deben desempeñar las instituciones públicas en unas tradiciones estrechamente vinculadas a la religión católica.

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2026 Natalia Chueca, alcaldesa de Zaragoza, en la ofrenda floral a la virgen de El Pilar | Álvaro Calvo-Fuente
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Artículo de MHUEL: PILARES Y MEMORIA: Una invitación a reflexionar sobre nuestras tradiciones

Con motivo de las fiestas del Pilar, queremos compartir una reflexión serena, inspirada en el artículo de opinión de Fernando Busto de la Vega y publicado en Arainfo.

Este artículo propone revisar cómo se construyó buena parte de la imagen aragonesa. El texto sostiene que algunas tradiciones muy arraigadas, como la Ofrenda de flores (instituida en 1958) o la imagen folclórica del «baturro», se consolidaron o se reinventaron durante el franquismo.

Menos conocido es que Zaragoza a finales del siglo XIX y principios del XX, tuvo una intensa vida obrera, sindical y cultural. Los baturros de esa época eran ciudadanos desprotegidos por el Estado que luchaban por conseguir su reconocimiento como libres e iguales al resto.

Pocos pueblos hay más expoliados, más aculturados y con menos conocimiento de su verdadera identidad. Respetamos a todas las personas que participan en las celebraciones y a las creencias de cada cual, pero pensamos que conocer la historia no resta valor a las fiestas.

El artículo refleja la involución de nuestra sociedad y desde MHUEL destacamos la siguiente reflexión dentro del mismo: «Si muchos de nuestros antepasados de esa época vieran a sus bisnietos acudir mansamente a dejar flores en el Pilar, para regocijo del elemento clerical y caciquil que a ellos les explotaba sin misericordia alguna, y que a día de hoy sigue explotando a sus descendientes, se revolverían furiosos en sus tumbas».

Evidentemente recordamos la aconfesionalidad del Estado que refleja nuestra Constitución, y que las personas que ostentan cargos públicos asistan a los actos religiosos a nivel personal.

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