________________________

_____________
Francisco Delgado, Diario Crítico, 18 de junio de 2026
Estos días la noticia se llama ZP y otras cuestiones judiciales y mediáticas, además de la preocupante crispación política que paraliza políticas, pero no me resigno a volver con el eterno tema, una vez más y sin solución. De origen bíblico “predicar en el desierto” hoy, en el argot común, tiene varios significados: “esfuerzo inútil” y/o “nadie se da por aludido”.
Antes y posterior a la visita del jefe de las y los católicos a España, ningún político de todo sexo y colorín (salvo muy escasas excepciones) se daban/dan por aludidos, hacen oídos sordos. Es más, practican, institucionalmente, de forma muy generalizada un catolicismo cutre y casposo, más cercano a la época del nacionalcatolicismo que a un Estado de derecho y de democracia formal que la Constitución, remarca: “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Y en ello están la inmensa mayoría de alcaldes/as, concejales/as, presidencias de las CCAA diputados provinciales y autonómicos, cargos públicos estatales, ministras y ministros, con el presidente al frente.
Cada persona, (política o no) en su ámbito privado, puede ejercer sus creencias o no cuando y como decida “se garantiza la libertad ideológica y de culto de individuos y comunidades”. Pero el ámbito público, político e institucional tendría que ser escrupuloso y constitucional, ya sea más o menos progresista, más o menos liberal, nacionalista o neofascista (ahora de moda, de nuevo).
Pero no, promover la separación iglesia – Estado, como remarca la ley francesa de 1905 o la Constitución de la II República de 1931, promulgadas ambas un 9 de diciembre declarado, internacionalmente, “Día del laicismo y de la libertad de conciencia” no está entre las prioridades o proyectos de los partidos políticos españoles desde 1978. Es más, en enero de 1979 se firmaron entre el gobierno (mayoría liberal, conservador y católico, con componentes del viejo régimen autocrático) unos Acuerdos concordatarios herederos del franquista de 1953 e isabelino de 1851.
Decía el presidente de honor de Europa Laica: Gonzalo Puente Ojea, que en España se daba una especie de criptoconfesionalismo, es decir un vínculo oculto político con la religión dominante.
Yo voy mucho más allá, a pesar de que los católicos practicantes no pasan de un 15% y los de otras religiones un 5%, es confesional católico y, cuando conviene, multiconfesional. El resto son: casi un 50% no creyentes y ateos y el resto creyentes no practicantes. Como dato: los matrimonios civiles ya pasan del 80% y los religiosos no llegan al 20%
Y lo es con cualquier gobernanza del tipo que sea (El PSOE, que fuera históricamente laicista ha gobernado en España 2/3 del tiempo a nivel central, autonómico y municipal desde 1979-82 hasta 2026). Y no sólo ha sido cumplidor estricto del Concordato de 1979, sino que ha ido mucho más allá, en materia educativa, por ejemplo (se financian centros dogmáticos católicos, cada vez más y los obispados colocan catequistas en todos los centros públicos y privados, cuya misión es hacen un proselitismo vergonzoso – también los hay de otras religiones, aunque en mucha menor medida, claro); El Estado concede una financiación directa -vía IRPF- (unos 430 millones €/año) que pagamos católicos y no católicos, sale de la caja común, que van a los obispados – para el pago de gasto corriente y los salarios y SS de los curas); de una ley hipotecaria franquista de 1946 se ha permitido (hasta 2015) la apropiación de bienes públicos (inmatriculaciones) y “no se ha movido un dedo” para revertirlo; de mantener los capellanes funcionarios en cuarteles, cárceles y hospitales; de eximir a la iglesia de diversos impuestos, etc. etc. En suma, la iglesia católica le cuesta al Estado (a toda la ciudadanía) unos 13.000 millones de € al año (lo que costarían, aproximadamente, unas 100.000 viviendas públicas, nada más y nada menos. Y de no hacer demasiado (casi nada) por los casos de pederastia en el seno de la iglesia católica.
La derecha, la mayoría de los nacionalistas y, más recientemente, los neofascistas estatales y catalanes NO engañan: Se autodenominan partidos católicos y cumplen con ello, aunque NO deberían, por respeto a la Constitución, cuyo derechos y principios, cada vez más, está “hecha unos zorros”, vamos que NO se cumplen infinidad de principios y derechos constitucionales, por unas y por otros: Una verdadera vergüenza, cuya crisis pagaremos muy pronto, sobre todo las personas más vulnerables que alcanzan (ya) casi el 30% de la población, de los cuales tres millones son menores. Ya lo están sufriendo, como el tema de la vivienda y unos servicios públicos privatizándose.
Repito: En una sociedad plural, la convivencia requiere reconocer tanto el derecho a creer como el derecho a no creer. La libertad religiosa no debe convertirse en un privilegio para imponer normas a los demás, pero tampoco puede reducirse a una práctica estrictamente privada sin presencia en el debate público. El desafío consiste en encontrar un punto de encuentro donde las convicciones individuales puedan expresarse libremente y, al mismo tiempo, donde las leyes comunes se fundamenten en principios compartidos por el conjunto de la ciudadanía.
Es una evidencia tozuda que (hoy) poder político y religión, en España, forman “parte de un mismo todo”, gobierne quien gobierne, lo hemos observado en la última visita papal. Esto lo he aprendido tras décadas de una amplia experiencia política y societaria, bajando “al barro” y remando, en muchas ocasiones, contra corriente.
Participo del proyecto Europa Laica, siendo su vicepresidente entre 2005 y 2008, presidente entre 2008 y 2016, responsable de educación entre 2018 y 2022 (Coordinando la Plataforma unitaria “Por una escuela pública y laica. Religión fuera de la Escuela” de la que fui uno de los promotores a finales de los 90 del XX y miembro del “Grupo de Pensamiento laico”. Fui diputado y senador por el PSOE, en 1977 y 1979-1982, también teniente alcalde de la ciudad en la que resido (Albacete) entre 1991 y 1995. Miembro, 12 años, del Consejo Escolar del Estado y 5 años presidente de CEAPA, además de otras responsabilidades.
En los años de afiliación al PSOE (desde 1974, hasta el año 2000, que lo abandoné) traté de dar “la batalla” por la laicidad y la justicia social, frente a la caridad, pero fue inútil – según sus dirigentes: nunca era el momento, había otras prioridades. La presión católica interna era fuerte, escupiendo en la cara a históricos dirigentes socialistas que habían hecho del laicismo uno de sus objetivos políticos. Y muchos murieron o fueron encarcelados por ello, a partir de 1939.
Partidos supuestamente progresistas han tenido varias amplias mayorías parlamentarias y no han “movido un dedo” (repito) Pero si la inmensa mayoría, hace unos días, con un aplauso a Prevost de 8 minutos, por haber criticado, en la sede de la soberana popular leyes democráticamente aprobadas, como la muy garantista de la eutanasia o la interrupción voluntaria del embarazo e, indirectamente, los derechos de las mujeres o los matrimonios de personas del mismo sexo. ¡¡Con qué satisfacción aplaudían!! Qué vergüenza!! Y, además, el viaje le costó a las arcas públicas unas buenas decenas de millones de euros, espero que algún día nos enteremos.
Con éste, son más de ciento cincuenta artículos los publicados en diversos medios digitales, en papel e internacionales sobre la materia, He publicado casi una decena de libros sobre ello, e impartido decenas y decenas de conferencias durante varias décadas.
Ya harto, repito la denominación de este artículo: “Promover el Estado laico en la España de hoy, es predicar en el desierto”. Publiqué hace unos años: “A mí ya no me engañan más”. Y con ello, es muy probable que ya NO escriba más sobre esta cuestión. Harto. Cansado. Ahí queda lo repetido, una y otra vez, en la hemeroteca y en la bibliografía.
Aunque, por qué no, aún queda la esperanza: Quizá algún día lejano, algun@s ya no estaremos, todo esto cambie. Pero con los actuales mimbres políticos es/será imposible.


















