Entrevista al presidente de Ateus de Catalunya, una de las entidades que impulsa la campaña ‘Jo no t’espero’ a raíz de la visita del papa León XIV a Barcelona.

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Marc Font, Público, 31 de mayo de 2026
La asociación Ateus de Catalunya, la Fundació Ferrer i Guàrdia y Europa Laica son las tres entidades que impulsan la campaña Jo no t’espero, que suma la adhesión de decenas de organizaciones para denunciar que la inminente visita del papa León XIV, jefe de la Iglesia católica, «sea tratada por las instituciones como una visita de Estado, con el despliegue de recursos públicos que ello implica» y no como un viaje de un líder religioso a un Estado aconfesional.
La campaña tendrá como acto culminante una concentración a las 19h del martes 9 de junio -el primero de los dos días que León XIV estará en Barcelona- en el paseo del Born de la capital catalana. Nos encontramos con el presidente de Ateus de Catalunya, Albert Riba, para hablar de la iniciativa y de las diversas demandas que hacen sus impulsores, como la derogación de los acuerdos del Estado con la Santa Sede.
P.- De entrada, ¿qué razones les llevan a poner en marcha la campaña Jo no t’espero a raíz de la visita del papa León XIV a Barcelona?
R.- Nosotros no tenemos ningún problema con el señor Robert Francis Prevost, puede venir cuando quiera, puede hacer lo que le dé la gana, puede juntarse con sus amigos y colaboradores y montar los happenings que quiera. Pero con la visita tenemos dos problemas: el recibimiento que le hace el Estado, que lo lleva al templo de la democracia, cuando es el jefe de un Estado que es el menos democrático del mundo, es homófobo, discriminador de la mujer, tiene connivencia con delincuentes sexuales, etc. Recibirlo en el templo de la democracia nos parece demasiado fuerte. Y, segundo, además, con la visita la Iglesia lo que hace es fortificar sus privilegios y, si puede, arrancar alguno más.
P.- Hay más de una treintena de entidades y organizaciones adheridas al manifiesto de la campaña. ¿La previsión es sumar más antes de la visita de los días 9 y 10 de junio?
R.-Vamos trabajando, pero es complicado. A las entidades se lo tienes que explicar y luego se tienen que reunir para decidir si se suman, pero a medida que vamos trabajando se van apuntando más.
P.- Critican que a León XIV se le reciba como un jefe de Estado, más que como un líder religioso. ¿Les sorprende teniendo en cuenta que en el Estado hay un Gobierno progresista?
R.- No, ya hizo lo mismo cuando vino Benedicto XVI en 2010 y aquel era más bestia, no disimulaba su conservadurismo.
P.- ¿Tienen una cierta sensación de déjà-vu porque entonces, en 2010, ya convocaron acciones, con una concentración de rechazo en la plaza Sant Jaume de Barcelona? También pasó por la Sagrada Familia y sus reivindicaciones eran básicamente las mismas que ahora. ¿En 16 años no se ha avanzado mucho?
R.- Sigue igual. Lo único que hemos añadido son las inmatriculaciones. Pero no, no se ha avanzado, incluso hemos empeorado, porque partidos políticos que en aquella época en su programa electoral llevaban el término laicidad, ahora lo han hecho desaparecer y hablan de multiculturalismo, que es un camelo. El multiculturalismo es una manera de hacer las cosas para que los privilegios que tienen las religiones los sigan conservando, ni más ni menos. La laicidad es clara: separación entre Iglesia y Estado y que no reciban ni un euro público, que la mantengan ellos. Partidos como el PSOE o la antigua ICV hace 30 años decían que harían la laicidad, pero no la han hecho.
«En vez de avanzar, hemos empeorado y partidos que hablaban de laicidad ahora lo hacen de multiculturalismo»
P.- Han pedido que no se destinen recursos públicos a la organización de actos de carácter confesional. En este caso, el Gobierno de Canarias aportará dinero, pero por la vía indirecta también habrá costes públicos por el dispositivo de seguridad que se desplegará, tanto en Madrid como en Barcelona, y en el caso de la capital catalana se le cede gratuitamente el Estadio Olímpico Lluís Companys y el Ayuntamiento renuncia a cobrar los casi 80.000 euros que costaría. Lo justifica con el argumento de que es un acto «de interés público». ¿Qué piensan?
R.- Eso es tener mucha cara. Es un acto de interés para un sector de la población. Un segmento de la población que hoy en Barcelona capital ya es minoritario. Los católicos son algo más del 40%, pero los practicantes sólo el 11%. El Estado no tiene confesión y, por tanto, un acto religioso no puede ser un acto de interés público. Eso es mentira y en eso estamos absolutamente en contra. El otro día hablaba con una autoridad del Ayuntamiento y le preguntaba: ¿por qué le dejáis el estadio? Haced como con el Barça y cobradle. Y me decía que «es diferente». ¿Qué es diferente? Es una entidad privada, el Estado es aconfesional, ¿qué discusión hay aquí? ¿Me lo dejarías a mí si te lo pido? La Constitución prohíbe la discriminación por motivos religiosos y aquí hay un trato discriminatorio por motivos religiosos para los que no son de la Iglesia católica.
P.-¿La visita podría servir para abrir ciertos debates pendientes en torno a la relación justamente entre la Iglesia y el Estado?
R.– Podría ser una oportunidad, pero los políticos están completamente desatados. Les cuentes lo que les cuentes no les importa. Ahora están ya de cara a las elecciones y están con la obsesión de que si hacen algo laicista pueden molestar a alguien y perder algún voto y, por tanto, no hacen nada [en este ámbito].
«La Iglesia no ha denunciado a la Justicia civil ni a un religioso delincuente sexual»
P.- Aunque este papa pueda tener un discurso formalmente pro derechos humanos y contrario a las guerras, la Iglesia como institución sigue oponiéndose al aborto y a la eutanasia y tiene una estructura absolutamente patriarcal… El conservadurismo de fondo se mantiene.
R.– Además, en todo el mundo hay más de 10.000 religiosos que son delincuentes sexuales y la Iglesia no ha denunciado ni uno a la Justicia civil. Ni uno. ¿Qué nos quiere vender la Iglesia de su bondad? Quienes los ha denunciado son las víctimas, no la Iglesia, que no lo ha hecho nunca, ni siquiera los ha expulsado. La Iglesia tampoco pasa cuentas del dinero que tiene, no da explicaciones.
«La Iglesia debería denunciar a todos los religiosos que han cometido abusos»
P.- Teniendo en cuenta que uno de los escenarios de la visita será Montserrat, ¿al menos el papa debería hacer un acto de reconocimiento o de petición de perdón a las víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del monasterio?
R.- Pienso que si fuera un acto inicial para arrancar un proceso, de acuerdo, pero si solo es una cosa para quedar bien es mejor que no lo haga, porque tendremos que explicar a la gente que aquello es una tomadura de pelo. La Iglesia debería mostrar sus archivos y enseñar qué ha pasado con toda esta gente que ha cometido abusos, que los ha escondido y trasladado o los ha dejado igualmente con criaturas en sus manos. ¡Han hecho las mil y una! No es pedir perdón, es algo más, es tomar medidas drásticas y que la Iglesia denuncie a todos los religiosos que hayan cometido abusos. Y que luego ya sea un juez el que decida si está prescrito o no el delito.
P.- También piden la derogación de los acuerdos del Estado con la Santa Sede, una petición histórica que no se ha llevado a cabo a pesar de las décadas en las que el PSOE ha encabezado el Gobierno.
R.– Y eso que en muchos programas electorales llevaban la revisión del Concordato con la Santa Sede. [Como Ateus de Catalunya] Tenemos una propuesta de ley de libertad de conciencia en la que decimos las condiciones en que se deben regular las religiones. Entre otras cuestiones, planteamos que los acuerdos deben tomarse con los líderes nacionales, no con un Estado teórico que esté fuera. ¿Alguien entendería que pactaran las condiciones de los musulmanes en España con el rey de Marruecos? Segundo punto: que les fuera de aplicación toda la legislación civil, a nivel de impuestos, permisos, de todo. Después, que se les exija la transparencia. Ahora mismo es una auténtica vergüenza, en el caso de los obispados, por ejemplo, no sabes ni de dónde sale el dinero ni en qué se lo gastan. No hay un balance consolidado de toda la Iglesia. Ahora mismo, la ley de libertad religiosa española no define lo que es una religión, cuando debería decirlo, debería determinar qué requisitos debería cumplir. No es así, hay un comité, monopolizado por la Iglesia católica, que decide quién tiene derecho y quién no.
En cuanto a la derogación de los acuerdos con la Santa Sede hay varios factores que explican que no se haya hecho y uno muy importante, y que pasa muy desapercibido, es el lobby cristiano que hay dentro de algunos partidos de izquierdas. Tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia se decanta por el derecho a la libertad religiosa y esto conlleva, entre otros efectos, la aparición de cristianos progresistas, de teóricos de la liberación, del cristianismo obrero… Todos estos son muy revolucionarios, pero hacia fuera, hacia los partidos políticos donde iban, porque a la Iglesia no le cambiaron nada. La Iglesia colocó a su gente dentro de los partidos de izquierdas de la época, como el PSUC, el PSC, el PSOE, donde constituyen un núcleo de influencia que explica, en parte, que con los años hayan dejado de hablar de laicidad para ir a la multiculturalidad.
P.- Ya para terminar, no sé si tienen la impresión de que hay un cierto resurgimiento de la religiosidad, sobre todo entre gente joven.
R.- No lo tengo tan claro. No hay ninguna prueba de que el proceso de secularización de la sociedad se haya frenado y se esté revirtiendo. Quizás hay una cierta recuperación de un espiritualismo en el sentido deísta [doctrina que cree en la existencia de un dios como creador del universo, pero que niega cualquier intervención divina posterior] de gente que no cree en las religiones, pero piensa que hay algo más.

















