Una visión crítica del «debate» sobre la Ley de Eutanasia en el club de la Nueva España

Ayer en el Club de Prensa de La Nueva España en Oviedo tuvo lugar un coloquio sobre la eutanasia

Ponentes: por la izquierda, Ángel Álvarez, Juan Manuel Rodríguez, Pilar Cartón, Ángel Jiménez Lacave y Borja del Campo | Mario Canteli
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Asturias Laica, La Nueva España, 22 de abril de 2026

La noticia del «debate»

De la libertad de decidir al derecho a la vida, la eutanasia aviva el debate en el Club
Juristas, biólogos y médicos priorizan aliviar el sufrimiento, mientras que la Asociación DMD defiende la utilidad de la normativa española
La Nueva España

La aplicación de la Ley de Eutanasia en España (aprobada en 2021), encendió ayer el debate en el un Club abarrotado, en un debate abordado desde los condicionantes psicológicos, médicos, jurídicos y sociales de la normativa. El diálogo, al que siguió un intenso turno de intervenciones del público, puso sobre la mesa la tensión entre la autonomía personal y los marcos éticos, culturales y religiosos que condicionan las decisiones en situaciones límite. Desde la biomedicina hasta el derecho, pasando por la experiencia clínica y el activismo social, los participantes coincidieron en la complejidad del asunto, aunque divergieron en sus conclusiones.

Bajo la moderación del psicólogo Juan Manuel Rodríguez, presidente de la Asociación de Ciencias de la Conducta, el biólogo Ángel Álvarez Ramos, manifestó una postura crítica hacia la eutanasia y subrayó que «la solución a un problema no puede ser acabar con la vida del más vulnerable», apelando al respeto profundo por la vida desde una perspectiva científica. Recordó que la biología aún no ha logrado recrear la estructura más elemental de la vida, lo que «refuerza la necesidad de protegerla. Frente a la idea de eliminar el sufrimiento mediante la muerte».

Pilar Cartón, representante de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, reivindicó el derecho individual a decidir sobre la propia vida. Insistió en que la legislación vigente en España reconoce la eutanasia como una prestación sanitaria, basada en el consentimiento informado. «Si no elijo yo, ¿quién decide por mí?», planteó, subrayando la importancia de la libertad personal en un contexto de sufrimiento irreversible.

El jurista Borja del Campo, profesor de Derecho Civil, señaló que la ley de eutanasia supone «un cambio de paradigma», al pasar de la despenalización a la institucionalización de esta práctica. Advirtió de las tensiones que esto genera con el derecho a la vida, que consideró «el presupuesto básico». Uno de los momentos más emotivos lo protagonizó el oncólogo y máster en Antropología Filosófica, Ángel Jiménez Lacave.

Desde su experiencia clínica con miles de enfermos de cáncer, compartió reflexiones nacidas del contacto directo con pacientes y familiares. Relató cómo, al revisar testimonios y cartas, cualquier intento de análisis racional se veía desbordado por la carga emocional. «Cuando tienes una enfermedad grave, dejas de ser tú», explicó, En ese contexto, destacó que en el ámbito de la oncología la petición más frecuente no es morir, sino «no sufrir», lo que sitúa a la medicina ante un desafío crucial. El profesor George Perry, autoridad mundial en Alzheimer, intervino por videoconferencia desde la Universidad de Texas parsa alertar sobre los riesgos de normalizar la eutanasia.

Una visión crítica

Un testigo del acto: Luis Fernández González

Todo empieza con una extraña presentación: el moderador (psicólogo) inicia el acto pidiendo que no se derive el debata hacia el derecho y la sociología y que se centre en la conducta y la óptica científica sobre ella. Llama la atención tal presentación cuando se invita a un biólogo, a una representante de DMD (luchadora por el derecho de independencia de la persona humana sobre todo al final del proceso vital), a un veterano oncólogo (relacionado con un tipo de pacientes que lucha decididamente por la vida) y un jurista. (La inoperante telepresencia del profesor tejano experto en Alzheimer no consiguió que se le entendiese y aportó poco significativo por lo que optó por desaparecer sin explicación alguna).

El biólogo, tras una extraña metáfora que comparaba construir un armario de IKEA con nuestra capacidad de construir la vida, entiende que la eutanasia es un procedimiento destinado a acabar “con la vida del más vulnerable” y se apoya en su autodefinición de científico para afirmar el profundo respeto por la vida de la ciencia (argumentos discutibles si recordamos Hiroshima, el abandono de las enfermedades raras por poco rentables y el avance de la IA para dominar la conducta de las personas). Su interpretación sobre el sentido de la ley de eutanasia confundiendo lo que es el respeto a un derecho individual con un procedimiento eliminador muestra el sesgo que fundamenta su interpretación de la misma.

La representante de DMD intenta retornar el debate hacia la ley (como pide el título que nos convoca) aclarando cómo significa un mayor respeto a la independencia de la persona y por lo tanto un aumento en los derechos individuales que no condiciona a nadie.

El oncólogo, sin claridad, señala como su vida profesional estuvo dedicada a un tipo de paciente que lucha por la vida, y que cuando se ve derrotado busca el apoyo paliativo para organizar el trámite de la manera menos dolorosa. Nada que ver con la eutanasia.

El jurista, con un discurso muy formal y complejo, señala que la ley de eutanasia supone “un cambio de paradigma”, cambio que centra en el hecho de que no sólo se “despenalice” sino que se “institucionaliza” la práctica de esa eutanasia. No acierta a explicar qué sentido tendría sólo despenalizar si su ejecución no se regula y protege por la ley, ni por qué esto supone una institucionalización que cambia el paradigma legislativo. No llegó a plantear si una despenalización y un libre mercado de la eutanasia le parecerían más interesantes.

Tras esta presentación desorientadora el debate dio entrada a los provida que hacen paquete con el derecho al aborto y el derecho a la eutanasia para combatirlos de acuerdo su credo. Dogma sin debate. Un notable grupo intentó devolver la discusión al cauce de la convocatoria. Hubo intervenciones clarificadoras. Ante la inoperancia de la moderación hubo momentos de tensión. Se agotó el tiempo sin conclusiones.

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