Tefía, el campo de trabajo franquista para homosexuales, declarado Lugar de Memoria

_____________________

Tefía, el campo de trabajo franquista para homosexuales, será declarado Lugar de Memoria | Gobierno de Canarias
_______________

Fuentes: Revista Six (Carlos Barea) | RTVE (Álvaro Caballero), 27 de febrero de 2026

Cuando pensamos en un campo de trabajo, enseguida nos viene a la cabeza lugares tan lejanos como la Alemania nazi y su Auschwitz -que, en realidad, estaba formado por tres campos distintos: uno de concentración, otro de exterminio y otro de trabajos forzados-. Sin embargo, no demasiada gente sabe que en España también existieron varios campos de este tipo y, uno de ellos, destinado a un gran número de presos homosexuales. Estamos hablando de la denominada Colonia Agraria Penitenciaria de Tefía, un campo de trabajo ubicado en una zona desértica de la isla de Fuerteventura y que, en apariencia, pretendía redimir mediante el trabajo a aquellos que se desviaban de la moral nacionalcatólica, aunque en realidad no era más que otro método punitivo producto de la imaginación fascista.

Esta práctica, la de buscar la corrección a través del trabajo, no era, ni mucho menos, algo nuevo. En la entrada principal del citado Auschwitz había un cartel que rezaba ‘Arbeit macht frei’ o, lo que es lo mismo, ‘El trabajo te hace libre’. Sin embargo, la única liberación que se podía alcanzar dentro de aquellos muros era a través de la muerte, porque no había lugar para el perdón -como si hubiera algo que perdonar- o la excarcelación.

Por su parte, en España, la famosa ley de vagos y maleantes, conocida popularmente como La Gandula, fue promulgada en 1933 bajo el gobierno de la República. Con ella se buscaba castigar a vagabundos, nómadas, proxenetas y otras personas con comportamientos considerados incívicos y antisociales. Para intentar corregir una posible conducta errática por parte de este tipo de personas -ya que esta ley no castigaba delitos, sino que pretendía prevenirlos-, se crearon los mencionados campos de trabajo. No obstante, no sería hasta 1954 cuando el régimen franquista reformara la ley e incluyera en la extensa lista de perseguidos también a las personas homosexuales.

Así quedó registrado en una publicación del Boletín Oficial del Estado el 15 de julio de 1954 [1]. «Los homosexuales […] deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás; prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio; sumisión a la vigilancia de los delegados», rezaba el texto de aquel BOE.

La antigua Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura | EFE/Carlos de Saá
__________________

En el centro de Fuerteventura, una zona desértica cercana al antiguo aeródromo militar de la isla, se levantó en 1954 esta colonia Agraria penitenciaria destinada específicamente a hombres homosexuales. Ese mismo año se modificó la Ley de Vagos y Maleantes para incluir a los «desviados sexuales» o «violetas», a los que se les equiparaba con «proxenetas» y «rufianes».

La ley definía la homosexualidad como un «estado peligroso» y se preveía para las personas atraídas por su mismo sexo el destierro y la cárcel en las recién creadas colonias agrícolas, en las que además debían permanecer separados de los demás reclusos. Tefía se convertía así en el principal centro de reclusión de los homosexuales en España, quienes sufrieron especialmente la violencia del aparato represor de la dictadura.

«Ellos no tenían consideración con nadie. He visto allí las palizas más atroces a los pobres presos», cuenta a cámara Octavio en un testimonio gráfico de casi dos horas que data de 2012 y que con gran generosidad ha cedido Víctor M. Ramírez, investigador de la memoria de la disidencias sexo-genéricas de Canarias y una de las personas que más ha investigado sobre Tefía. Su relato comienza con la forma en que los trasladaban al campo: «Allí nos tenían cinco o seis horas a pleno sol hasta que viniera un camión militar. Luego nos metían allí y echaban un toldo para que no viéramos nada. Nos daban una vuelta para desorientarnos del camino y nos llevaban a Tefía». Más adelante añade: «Amarraos, esposaos. Toda la gente mirando como si fuéramos presos terroríficos». Previamente, le habían hecho un examen médico para diagnosticar, según unos criterios surrealistas, su homosexualidad: «Tenías que ponerte a cuatro patas y abrirte el ano para contarte los pliegues», relata Octavio casi entre risas por lo ridículo de la idea, aunque, por otro lado, recalca que resultaba bastante humillante: «A mí nunca me lo hicieron porque yo no quise». El resultado de su negativa fue una nota en el informe con la que se indicaba que era «homosexual tanto activo como pasivo», algo que era todavía más perjudicial para él a nivel legal.

Fuente Instagram carlosbareaf | Parte del testimonio de Octavio García, preso homosexual en la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía
_____________________________


Una vez allí, aparte de vivir en unas condiciones deplorables, su trabajo consistía en «cargar piedras y agua, cargar piedras y agua», una labor repetitiva que «te estropea la mente», según advierte Octavio. La alimentación, huelga decir, también era deficitaria, lo que repercutía en el físico de los internos: «Hombres que llegaban allí con ochenta kilos y se quedaban pesando cuarenta y cinco o cincuenta kilos». Además, para mayor escarnio físico, dormían por la noche en unos barracones que no tenían casi ningún tipo mobiliario ni condiciones mínimas de habitabilidad: «Allí no había camas, había petates (…) sin sábanas y una manta de estas piconas, de esas de cuartel. Y era un salón grande con una ventana que no te la dejaban cerrar como castigo. Por las noches se sentía el ulular de los vientos».

«Por ser maricón na más. Única y exclusivamente por ser maricón […] Te metían aquí sin juicio ni condena de un tribunal», contaba Octavio García, quien estuvo internado durante 16 meses a sus 21 años. «¿Tú sabes lo que son 16 meses? Eso te transforma, te estropea la mente. Allí no había nada más que cargar piedras» recordaba García, ya fallecido (2018). Todo ello, encima, sin ningún tipo de juicio que le diera la posibilidad de defenderse o de librarse de la reclusión: «Allí no se hizo juicio ninguno. Condenados y punto», se lamenta Octavio, que entró en Tefía con 23 años y que, en el momento de la entrevista, tenía 81.

Por Tefía pasaron un centenar de presos en los 12 años en los que funcionó, entre 1954 y 1966. Estaban condenados a entre uno y tres años de internamiento, tiempo durante el cual realizaban trabajos forzados para convertir aquel lugar árido en un terreno cultivable.

Los internos, vigilados y sometidos a malos tratos de forma habitual, trabajaban de sol a sol y dormían hacinados en pabellones en condiciones insalubres. Octavio García recordaba, por ejemplo, que los guardas les hacían marchar y a cada paso les pegaban con una fusta o un palo. «Yo por las noches me pongo a pensar y se me saltan las lágrimas», decía décadas después.

El historiador y activista LGTBIQ+ canario Miguel Ángel Sosa le entrevistó para su novela Viaje al centro de la infamia, en la que relataba el infierno de este lugar, y que luego inspiró la serie Las noches de Tefía. «A Tefía solo le faltaban los hornos crematorios. El resto: las palizas, las humillaciones, la violencia, el dolor, eran el pan de cada día, aparte del hambre y la miseria», relata Sosa, recogiendo el testimonio de García.

Fuente
__________________

Un lugar de «reeducación» y una advertencia al resto de la sociedad

¿Con qué objetivo? Tefía «significaba la reeducación, apartar de la sociedad todo lo que se considera defectuoso, inmoral, insano», algo que se entiende en el contexto del franquismo, «un régimen nacional católico, donde hay una fusión entre lo político y la moral religiosa», explicaba Sosa en el programa de RNE Wisteria Lane[2].

En la misma línea se expresa la activista feminista Silvia Jaén. En una sociedad «muy homófoba y tránsfoba», Tefía era símbolo que permitía decir advertir a la población: «Ojo, no te salgas del corsé porque si no te llevamos».

Las condenas llegaban por los motivos más peregrinos: «Simplemente por ser homosexual, tener algo de pluma o intentar ligar en un parque», enumera Sosa.

Visualmente, Tefía se diferenciaba de una cárcel en que no necesitaba altos muros y alambradas para evitar que los presos huyeran. Su propio emplazamiento: aislado en medio del desierto, sin apenas carreteras y lejos de los principales centros de la población de la isla, hacía casi imposible la huida.

Presos durante una misa en la Colonia de Tefía | Fotografía de la Dirección General de Diversidad de la Consejería de Bienestar Social del Gobierno de Canarias / Fuente
______________

El sufrimiento no terminaba con el fin de la condena. «Las condiciones en las que retornaban a su vida después eran muy duras», explicaba en RNE Desirée Chacón, presidenta del colectivo LGTBIQ+ Altihay de Fuerteventura. «Primero, porque tenían penas de extrañamiento. No podían volver a su zona de vida durante muchísimos años y, por supuesto, volvían como personas vergonzantes«.

Declarado lugar de memoria

El franquismo lo mantuvo durante décadas en secreto, un olvido que se ha mantenido también en democracia. Pero la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, un campo de concentración franquista para miembros del colectivo LGTBIQ+, se convierte ahora en un lugar de recuerdo y memoria.

Tefía funcionó hasta que en 1966 el régimen se abrió al turismo y sustituyó la Ley de Vagos y Maleantes por la de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que ya no castigaba la condición de ser homosexual, sino a quienes ejercían actos de homosexualidad.

En 2024, cuando se cumplían 70 años de la inclusión de los homosexuales en la Ley de Vagos y Maleantes, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, visitó el lugar, que calificó de «un sitio de ignominia y vergüenza», y anunció que se declararía como lugar de memoria.

Este viernes culminó esta declaración con un acto de homenaje en Tefía a las víctimas de la Colonia y un reconocimiento a la lucha del colectivo LGTBIQ+, uno de los más perseguidos en el franquismo. En la ceremonia se entregaron diez declaraciones de reconocimiento y reparación, tanto a víctimas de este centro como a representantes de la lucha del colectivo, cuya relación encontramos en El País: Octavio García Hernández (fallecido en 2018), recluido en Tefía de 1956 a 1957; Juan Curbelo Oramas (fallecido en 2004), primera persona que en 2001 habló públicamente de su encarcelamiento en Tefía; Empar Pineda, referente del feminismo y del activismo lésbico en España; el bilbaíno José Antonio Nielfa, La Otxoa, autor del himno Libérate, que marcó un hito en la visibilidad del movimiento gai en 1979; el exsacerdote carmelita Antonio Roig, finalista del Premio Planeta en 1977 por Todos los parques no son un paraíso, expulsado de la orden por defender los derechos del colectivo; Marcela Rodríguez, quien encabezó la primera manifestación del orgullo que se organizó en Canarias en junio de 1978.

También Montserrat González, presidenta del colectivo grancanario LGTBIQ+ Gamá; la senadora y exdiputada socialista tinerfeña Carla Antonelli; el colectivo majorero (natural de Fuerteventura) Altihay, que lleva más de 24 años de lucha en defensa de la dignidad, la igualdad, los derechos, la participación social y la visibilidad de las personas LGTBIQ+; así como del diputado y abogado socialista Pedro Zerolo (fallecido en 2015), quien fue clave en la defensa y aprobación del matrimonio igualitario y uno de los principales impulsores de la reforma del Código Civil aprobada en 2005.

____________________

Notas Asturias Laica
Relacionado don Tefía y mencionado en el texto:

[1] Ley de 15 de julio de 1954 por la que se modifican los articulos 2ª y 6ª de la Ley de Vagos y Maleantes, de 4 de agosto de 1933. PDF

[2] Podcast Wisteria Lane: La Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, la necesidad de reivindicar la memoria histórica LGTBIQ+
Fuente

Asturias Laica · La Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, la necesidad de reivindicar la memoria histórica LGTBIQ+

Deja un comentario

Descubre más desde Asturias Laica

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo