El libro nos acerca al origen de esa fiesta laica, ajena al calendario religioso, que se celebra en Zaragoza, la Cincomarzada.

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IFC Institución Fernando el Católico-Facebook, 5 de marzo de 2025
El IFC Institución Fernando el Católico en su muro de Facebook nos ofrece la posibilidad de leer/descargar el libro de Raúl Mayoral que nos acerca a una celebración zaragozana cada 5 de marzo, la primera fiesta laica, de carácter colectivo y significación política, introducida en el calendario religioso tradicional -leemos en la presentación del libro-, la Cincomarzada:
Presentación
Carlos Forcadell Álvarez Director de la Institución Fernando el Católico
Los sucesos del 5 de marzo de 1838 dieron lugar, ciertamente, a una jornada memorable para los zaragozanos, quienes, al calor de los hechos, convirtieron la fecha en la primera fiesta laica, de carácter colectivo y significación política, introducida en el calendario religioso tradicional, dejando aparte la celebración de los carnavales; que, por cierto, habían finalizado la víspera del intento carlista de asaltar y ocupar militarmente la ciudad.
Su recuerdo y celebración abrió un tiempo de conmemoraciones políticas y rituales festivos que ha llegado hasta hoy, tras recorrer una larga trayectoria de muy variadas situaciones que permite contemplar la evolución de su memoria como una metáfora continuada y cambiante de la historia de la ciudad y de sus vecinos a lo largo de casi dos siglos.
Con esta investigación y este libro Raúl Mayoral se propone dejar asentados el estudio y el conocimiento de la Cincomarzada a partir de la narración y explicación de su origen y de la primera etapa de su significación colectiva y codificación simbólica, esto es, de los años que van desde sus inmediatos antecedentes (1837) hasta los días siguientes al final de la Regencia del General Espartero (1844), con el propósito de continuar más adelante el hilo de esta poderosa alegoría de nuestro pasado ciudadano hasta nuestros días.
Su autor ha recogido, con paciencia erudita, nueva y desconocida documentación, tanto sobre los sucesos del 5 de marzo, como sobre sus inmediatas ritualizaciones, recreaciones y representaciones, siendo necesario subrayar la potencia expresiva de los relatos de los numerosos memoriales posteriores solicitando ayuda para las familias de las víctimas, demandando pensiones, que nos traen la voz y la palabra de zaragozanos anónimos, como lo hacen los textos procedentes de las investigaciones posteriores sobre el linchamiento del general Esteller, o los testimonios recogidos por la prensa.
Es una documentación nueva y sistematizada, procesada e interpretada con las técnicas y el método del historiador. También nos proporciona los nombres de los protagonistas: listas de carlistas, de milicianos y ciudadanos liberales, de muertos, heridos, prisioneros, viudas, huérfanos e “inutilizados”. Contextualiza el papel del miedo, del rumor, de las emociones, de la violencia, en la construcción y afirmación de las identidades y, por tanto, contribuye a una mejor explicación y comprensión tanto de los hechos como de la transformación de un episodio político y bélico en un lugar de memoria perdurable. Es la mejor historia de los sucesos del 5 de marzo de 1838, pero también de la memoria del mismo y de la utilización y significados políticos de esa memoria.
[…] El 5 de marzo despareció de la memoria, por tanto de la historia conocida, primero por decreto municipal, que suprimió la fiesta conmemorativa, popular y reivindicativa, el 4 de marzo del 37, tras haber cambiado con anterioridad el casi secular nomenclátor de calle “Cinco de Marzo” por el de calle de “Requeté Aragonés”, invirtiendo la simbología de origen, ahora hacia los vientos de la vencedora comunión tradicionalista heredera del carlismo. El primer ayuntamiento democrático recuperó la denominación de la calle en 1977, y la fiesta oficial en 1981, ligada ahora su organización y celebración a asociaciones vecinales y comisiones de festejos de los barrios del municipio, manteniendo su tradicional carácter festivo y reivindicativo, en proximidad de los días de Carnavales, y olvidado, o borroso, en buena parte, su origen histórico, cada vez más lejano; y creo recordar que aquel pequeño artículo de joven historiador sorprendido circuló por mesas y expedientes municipales a la hora de tomar estas decisiones…
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