Somos una auténtica anomalía en Europa en la relación con nuestro pasado. Un extranjero siempre flipa de que vivamos con esa carga de secretos, leyendas urbanas, cosas no dichas, no sabidas, no reconocidas, y aniversarios no celebrados

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Íñigo Domínguez, El País, 4 de febrero de 2024
El pasado sábado, 27 de enero, el Marca hizo algo admirable: publicó un reportaje de 12 páginas (doce), de José Ignacio Pérez sobre la increíble historia de Segundo Espallargas, alias Paulino: “Yo boxeé en Mauthausen”. Era un mozo como un armario que se alistó con 16 años con los republicanos en la Guerra Civil y llegó a Mauthausen con 21. Los nazis lo pusieron a boxear. Organizaban combates entre prisioneros los domingos, con la amenaza de mandarle al crematorio si perdía. Sobrevivió cuatro años y salvó a otros compañeros, a los que pasaba comida a escondidas, y también a sus contrincantes, con los que alargaba el combate para no tumbarles rápido y que no fueran ejecutados. No sabemos bien lo que fueron aquellos españoles. En Hollywood ya habrían hecho una película.
El diario publicó este relato porque era el Día de la Memoria, conmemoración del día de la liberación de Auschwitz-Birkenau en 1945. Es una fecha a la que España siempre permanece muy ajena. Ya, no vivimos la Segunda Guerra Mundial, pero sobre todo no nos interesa, y esto siempre me ha sorprendido. Bueno, no tanto: del pasado no queremos saber, es algo muy nuestro. Paulino fue uno de los 7.251 españoles deportados a Mauthausen, de los que murieron el 65,5%. Hablas de ello y aún la gente no tiene ni idea. Así estamos. Quizá les sorprenda, bueno, no tanto, pero no hay en España un museo de la Guerra Civil. Están construyendo uno en Teruel. De donde era Paulino, por cierto.
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Posted by asturiaslaica 

















