Calendario escolar y festividades religiosas

 

Calendario

Varias son las voces que en Asturias se llevan levantando a favor de que los calendarios escolares se alejen de celebraciones religiosas católicas y se rijan por la racionalidad en la distribución de los tiempos académicos.

En 2014, “La Nueva España” se hacía eco de un artículo de José Luis Iglesias sobre el tema a propósito de la finalización de un “eterno” segundo trimestre, Final de trimeste.  Más recientemente, en este final de curso, la Junta de Personal Docente no universitario hacía una propuesta de calendario repartiendo las vacaciones escolares en cinco períodos, propuesta sobre la que se trabajará a lo largo de este próximo curso, de cara a estudiar su implantación en el 2016-2017.

Hoy, Daniel Sánchez Caballero, en el diario.es, “recoge el testigo” y escribe un artículo en el que, además, hace referencia a esta propuesta de calendario de los sindicatos asturianos:

Cómo liberar al calendario escolar de las fiestas religiosas

Se acabó el curso. Los escolares salieron de los institutos la semana pasada para no volver más hasta septiembre en la mayoría de los casos. Más de 70 días de vacaciones de verano para su disfrute, descanso de los maestros –que no vacaciones– y el recurrente problema de los padres. ¿Cómo llenar dos meses vacíos?

El calendario escolar español no es excepcional, pero tampoco es el único modelo que se encuentra por Europa. Nuestro sistema está prácticamente en la media europea en cuanto a días lectivos anuales (175), pero acumula sus periodos vacacionales en tres bloques que definen los tres trimestres académicos: Navidad, Semana Santa y, sobre todo, verano. A partir de ahí se articula todo lo demás, como por ejemplo la distribución de los cursos y los exámenes.

 Para los padres la disparidad de los periodos de asueto con sus propias vacaciones laborales suele ser un quebradero de cabeza. Pero no es sólo una cuestión de dónde aparco a mi hijo durante 70 días. “Pedimos una racionalización en cuanto al tiempo, el ritmo y el calendario efectivo”, explica Jesús Salido, presidente de Ceapa, la confederación nacional laica de AMPAS. “Tenemos épocas en las que se concentran gran cantidad de exámenes y luego de repente 15 días de fiesta”, argumenta. “Y las vacaciones de verano nos parecen demasiado largas”, concede Salido.

Modelos diversos

Los profesores lo ven de manera desigual. Preguntado Nicolás Fernández, presidente del sindicato ANPE, lo primero que hace es negar “el mito de los tres meses de verano”, un sambenito que persigue a los maestros cada estío. Y cree que “dos meses es razonable, dadas las condiciones climatológicas. Y además se aclimata a las vacaciones de los padres, que son mayoritariamente en julio o agosto”.

Carlos López, de UGT, también es consciente de que el clima marca, pero opina que las vacaciones de verano podrían ser un poco más cortas –mes y medio, por ejemplo– y “se podrían redistribuir de forma más adecuada los tiempos escolares, parecido a lo que tiene Francia por ejemplo”.

¿Cómo funciona el país vecino? López explica que en Francia después de cada periodo lectivo hay “un periodo de reflexión. No vacacional, se hace un estudio de las materias recibidas, los ejercicios realizados, etc.”. Y tienen cuatro recesos: el de verano, similar al español, semana y media en octubre, Navidad y en febrero otros diez días.

Este modelo, más fragmentado, se repite por Europa, donde el calendario suele estar menos determinado por el clima. En Alemania también tienen cuatro periodos de vacaciones y un poco menos de verano. En el Reino Unido es habitual una semana de vacaciones entre trimestres. En Portugal e Italia sin embargo la situación es muy similar a la española.

Propuesta rompedora

En España el calendario de momento es bastante uniforme en toda su geografía. Pero Asturias amenaza con romper la baraja. La Junta de Personal Docente no Universitario de la región, es decir los sindicatos de profesores, ha propuesto a Administración y familias adoptar un sistema más europeo con  cinco periodos lectivos de entre 31 y 38 días y, claro, otros tantos vacacionales. La idea respeta los días lectivos anuales, como no puede ser de otra manera, y las fechas de inicio y final de curso del resto del Estado (principios de septiembre y finales de junio). Pero introduce descansos de una semana en noviembre, Navidad, marzo, mayo y verano. “Es un calendario pensado poniendo al alumnado y sus necesidades pedagógicas como principal protagonista”, según explicó en su momento la presidenta de la Junta, Emma Rodríguez.

La propuesta ha gustado a profesores, padres y madres, directores de los centros y a la Administración. “Merece la pena estudiarla, hay trimestres que los alumnos, profesores y familias llegan agotados”, conceden desde la Concapa, la confederación de familias católica. Asturias contempla impulsar el modelo a partir del curso 2016-17.

El gasto público en educación bajó en 2013 casi a niveles de 2006

Los centros quedan inutilizados en verano.

 

¿Y cómo se consigue lograr más periodos de descanso sin acortar las vacaciones veraniegas ni restar días lectivos? Aprovechando los festivos y desligando las vacaciones escolares de las festividades religiosas. La propuesta asturiana por ejemplo contempla sólo cuatro días de paro en Semana Santa (de jueves a domingo).

Familias y docentes coinciden en que este es el camino. “Las festividades religiosas repercuten en todo. La Semana Santa condiciona los trimestres, sobre todo el segundo”, se lamenta Salido, de Ceapa. López, de UGT, también se muestra partidario de que “las fiestas religiosas no hipotequen el calendario”.

¿Centros cerrados?

Otro de los elementos que casi nadie en la comunidad educativa entiende es que colegios e institutos queden inutilizados durante todo el verano. “Los centros públicos no deberían estar cerrados esos meses. Si realmente queremos trabajar contra el fracaso escolar o el abandono, las familias con peor situación socioeconómica son las que más lo sufren y los que no pueden pagarse un profesor fuera del centro. No entendemos que no se puedan utilizar estos centros esos meses para impartir programas de refuerzo por los mismos docentes del curso en los mismos lugares a los que van durante el curso”, se extraña Salido, que se anticipa a la problemática. “Cuanto menos dinero cueste, mejor. Pero si tenemos los centros y un profesorado que dice que no tiene dos meses de vacaciones…”, deja caer.

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