Varias generaciones de este país venimos del terror, hasta que caímos en la cuenta de que el placer podía ser en un arma en la lucha por la liberación

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Manuel Vicent, El País, 24 de mayo de 2026
La capilla estaba en penumbra; al pie del altar sobre una tarima había una mesa camilla iluminada por un flexo que proyectaba contra las paredes la sombra puntiaguda, tenebrosa, del director de los ejercicios espirituales allí sentado, quien en ese momento describía minuciosamente las penas del infierno sin escatimar ningún horror. Decía que este castigo podía caer sobre un niño de siete años recién llegado al uso de razón que cometía su primer pecado o sobre un viejo a punto de morir que lo cometiera en plena agonía después de una vida intachable. Ambos serían condenados al fuego eterno para toda la eternidad.
¿Qué era la eternidad? Si una hormiga diera vueltas alrededor de la tierra, cuando llegara a partirla en dos mitades, la eternidad alcanzaría el primer segundo. El terror llenaba toda la capilla y yo era uno de aquellos adolescentes aterrorizado. Pero había una única solución: no caer en el pecado, no tener un solo pensamiento impuro. En ese caso el infierno se transformaría en el paraíso.
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Posted by asturiaslaica 
















