Esta organización religiosa ultraconservadora de Perú ha inventado una fe que encubre sus delitos y su ambición de dominio político y económico

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Carlos Castillo Mattasoglio[1], El País, 19 de octubre de 2024
En 1967, con 17 años, yo era presidente nacional de la Juventud Estudiantil Católica (JEC). En varios colegios de Lima surgió la idea de realizar una “jornada estudiantil del trabajo”. El objetivo, como habían hecho otros jóvenes en Suecia, era recolectar dinero con nuestro trabajo y donarlo para que se construyese una escuela en un pueblo pobre de Perú.
Al concluir mi presidencia en la JEC, en el verano de 1968, se evaluó esta iniciativa en una casona de Chorrillos. Durante el plenario entraron dos jóvenes, vestidos de negro, mayores que nosotros. Querían intervenir, pero introduciendo asuntos que no pertenecían al propósito de aquella evaluación. Eran Luis Fernando Figari, quien entonces tenía 21 años, y Sergio Tapia, quien luego, a partir de 1978, sería un abogado cercano a la Marina y se dedicaría al comercio de instrumentos de seguimiento. Ellos nos ofrecieron ser militantes de su “Unión Revolucionaria”, de tendencia fascista. Les atraía la parafernalia de la Falange Española, como nos aseguró algún muchacho que acudió a sus reuniones. Buscaban a chicos del colegio italiano Antonio Raimondi y de los peruano-alemanes Alexander Von Humboldt y Santa Úrsula.
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Posted by asturiaslaica 
















