“La revolución conservadora” de las iglesias protestantes coloniza las estructuras de poder en la región: Bukele, Milei, Kast, De la Espriella, Bolsonaro… los líderes de la ultraderecha latinoamericana tienen muy en cuenta el ‘factor religioso’, especialmente los grupos evangélicos, para su ascenso al poder.

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Fuente Religión Digital | El País (Álvaro Murillo-Sofía Menchú) | Viento Sur (Miguel Urbán) 11 de octubre de 2026
El crecimiento de los evangélicos ha dejado de ser un fenómeno religioso para convertirse en una fuerza política con capacidad de movilizar votos y ganar espacio en los Gobiernos latinoamericanos, con Brasil como uno de los casos más visibles, aunque su influencia varía de un país a otro y aún no configura un bloque electoral homogéneo.
De Centroamérica a Colombia y Argentina, el avance de estas comunidades se ha traducido en candidaturas, bancadas parlamentarias, alianzas con Gobiernos y presión sobre asuntos como la familia, el aborto o la educación, mientras este domingo las elecciones presidenciales brasileñas vuelven a poner el foco electoral en los evangélicos.
Crecimiento demográfico vs. influencia política
BRASIL
Es uno de los casos más visibles. Los evangélicos pasaron de representar el 15 % de la población en 2000 al 27 % en el censo de 2022, mientras una estimación de Mar Asset Management eleva al 35 % el porcentaje de votantes evangélicos para 2026.
Su peso electoral se refleja en el 62 % de intención de voto que el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro obtiene entre este grupo frente al 29 % del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, según el último sondeo de Datafolha**.
[** la fecha de la entrada publicada en Religión Digital es anterior a las elecciones brasileñas en las que ambos pasan a la segunda vuelta con una clara ventaja para Flávio Bolsonaro con un 47,03% de los votos -y que ha conseguido el apoyo de tres perdedores y varios partidos de derechas- y Lula da Silva con un 45,16%. Bolsonaro lidera el primer sondeo de cara la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, con el 49 % de la intención de voto, por delante del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que recibiría el 45 % de los votos según adelanta El Mundo]

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En el Congreso, 210 diputados, el 40 % de la Cámara Baja, forman parte de la bancada evangélica, que defiende posiciones sociales conservadoras, entre ellas la oposición al aborto.
COSTA RICA
En Costa Rica el peso político de los evangélicos alcanzó uno de sus máximos en 2018, cuando el predicador y dirigente Fabricio Alvarado ganó la primera vuelta presidencial y su entonces Partido Restauración Nacional obtuvo 14 de los 57 escaños del Congreso. Tras su división, Alvarado fundó Nueva República, que consiguió siete diputados en 2022 y se convirtió en aliado del Gobierno de Rodrigo Chaves.
Un obispo de la Iglesia católica era hasta hace poco quien dirigía la oración en las ceremonias de investidura presidencial en Costa Rica y clamaba por posiciones conservadoras, más cercanas a la tradición que a la ruptura. El año 2026, sin embargo, trae una realidad nueva para la escena costarricense: el ascenso de nuevos grupos religiosos dentro del movimiento oficialista dominante, cuyo propósito es sacudir a las élites e instaurar una suerte de “revolución conservadora” con un respaldo que viene desde Estados Unidos.
En las elecciones de 2026, el partido de Alvarado quedó fuera del Congreso y el voto evangélico se inclinó mayoritariamente por la candidata oficialista Laura Fernández. En la ceremonia de entrega de la banda presidencial de Rodrigo Chaves a su heredera, devota cristiana al grado de manejarse con soltura en aguas protestantes. La bendición no la hizo nadie de la jerarquía católica, con la que Chaves se enemistó durante su gobierno, los encargados fueron un pastor protestante que se presenta como embajador del Reino de los Cielos y un mediático sacerdote católico que maneja millonarios proyectos en barrios marginales del sur de San José. Se llama Sergio Valverde y se le ve más con autoridades del Gobierno que con sus superiores de la Conferencia Episcopal, de influencia menguante.
Los evangélicos representan el 30,8 % de la población frente al 49,8 % de los que se identificó como católico, según una encuesta de la Universidad Nacional de 2025. Sin embargo en el Congreso la cuota neopentecostal ganó terreno dentro de la bancada oficialista, mayoritaria en el Congreso, 31 de 57 escaños: Durante la campaña presidencial que llevó al poder a Laura Fernández, la agrupación oficialista concretó un acuerdo político-religioso con la organización ultraconservadora Foro Mi País, liderada por el pastor Reynaldo Salazar, por el cual el PPSO otorgó 24 de las 57 candidaturas a diputados a personas vinculadas al sector cristiano evangélico.
HONDURAS
En Honduras la iglesia evangélica ha tenido un crecimiento significativo en los últimos 50 años y podría estar superando el 40 % de los diez millones de habitantes que tiene el país, según diversas fuentes. Aunque algunos líderes de las iglesias evangélicas manejan con reserva el tema político, gradualmente han venido influenciando en la vida política.
EL SALVADOR
En El Salvador los evangélicos sondeos recientes estiman que la población evangélica representa cerca del 36 %, frente al 43 % de católicos. Otros estudios como Estudio de la Alianza Evangélica de El Salvador y universidades locales (2025) hablan de un 47,02% (alrededor de 3.049.728 personas), superando por primera vez a los católicos en dicha medición

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Bukele y su nuevo partido, Nuevas Ideas, construyeron su primera victoria presidencial sobre la base de un discurso de hostilidad hacia el statu quo (la partidocracia bipartidista, la política, la corrupción) y un voto de protesta. Pero su verdadero asidero social y base electoral han sido las iglesias evangélicas, construyendo desde entonces una auténtica alianza y devoción partidaria, al tiempo que han actuado como referentes de legitimidad social y progresivamente, se ha sustituido la ideología y la política por la retórica cristiana evangélica y la interpretación de la Biblia.
Un buen ejemplo de los intentos de Bukele por atraer a las iglesias evangélicas desde el inicio de su carrera presidencial fue la invitación a un grupo significativo de pastores evangélicos para presentar la creación, en caso de ganar, de una Secretaría de Valores. Una institución que acompañaría el esfuerzo que sobre el terreno hacen las iglesias evangélicas.
Ha establecido una relación simbiótica con el fundamentalismo evangélico, que se ha consolidado en sus años de gobierno y que, lejos de ser simplemente discursiva, es una alianza que da a las iglesias cuotas de poder y tratos especiales del Gobierno a cambio de sostener el apoyo popular y simbólico del presidente. En esta alianza reaccionaria, quienes pierden son los derechos de las mujeres, de las diversidades sexuales, el medio ambiente y las clases empobrecidas que son gobernadas con la Biblia. En la práctica, la interpretación de la Biblia tiene más peso que las leyes del país o la propia Constitución, como se puede ver en diputados y funcionarios oficialistas que gobiernan y legislan con discursos religiosos y justifican con esto cualquier decisión, aunque eso signifique tomar medidas anti-derechos, pero en nombre de Dios.
PERÚ
En Perú se sitúan entre el 11 % y el 14 %.
No existe un voto evangélico único
El crecimiento demográfico no se traduce automáticamente en un comportamiento electoral común. La investigadora brasileña Magali Cunha advierte de que los creyentes no votan únicamente por razones religiosas.
El director ejecutivo de Transparencia Electoral, Leandro Querido, analiza el fenómeno desde otra perspectiva y señala que en los barrios populares y asentamientos periféricos de la región la religión evangélica puede ofrecer una comunidad centrada en la familia y el trabajo como vía para salir de situaciones de vulnerabilidad.
«En un contexto de exclusión social se aferran a una comunidad religiosa que hace eje en la familia y el trabajo para buscar una salida de superación», dice a EFE.
A su juicio, ese contexto puede influir en las preferencias políticas. «Es razonable que voten o apoyen a opciones políticas de centro, centro derecha o derecha» porque, según sostiene, priorizan «orden, seguridad, tradición familiar» y condiciones de estabilidad económica.

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De las iglesias a los Gobiernos
ARGENTINA inició hace algunos años una reconfiguración de su mapa religioso, marcada por el retroceso de la histórica hegemonía católica y el crecimiento de los evangélicos, que representan el 17,4 % de la población, unas 8 millones de personas, según un informe de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Dos senadores y siete diputados profesan esta religión, la mayoría de La Libertad Avanza, pero no existe una coordinación formal entre las iglesias y el Gobierno de Javier Milei.
En PERÚ la influencia ha adquirido una expresión parlamentaria a través de pastores convertidos en congresistas, especialmente en Renovación Popular, que han impulsado iniciativas contra el enfoque de género en la educación.
Como una corriente religiosa aparte está la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal (Aeminpu), conocida como los israelitas. Esta comunidad cuenta con su propio partido político, el Frente Popular Agrícola del Perú (Frepap), que alcanzó su mejor resultado en las legislativas de 2020, cuando obtuvo el 8,38 % de los votos válidos y 15 de los 130 escaños del Congreso. El resultado de Frepap, el partido de la Misión Israelita, una corriente evangélica fundada en Perú por Ezequiel Ataucusi, solo se explica por un voto de protesta de miles de electores desencantados con la política tradicional, por lo que se decantaron por apoyar como última alternativa este partido -ecologista y teocrático- hasta ahora marginal.
En EL SALVADOR, la relación con el poder también muestra posiciones diferentes. El pastor Edgar López Bertrand Jr. ha expresado su apoyo al presidente Nayib Bukele, mientras Mario Vega, líder de Misión Cristiana Elim, cuestionó al Gobierno y llegó a hablar de «dictadura» tras la irrupción militar en la Asamblea Legislativa en 2021.

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En COLOMBIA el presidente Abelardo de la Espriella construyó durante la campaña una red de apoyo con megaiglesias protestantes y plataformas como Colombia Ora y posteriormente incorporó a pastores y otros referentes religiosos a su entorno. Su Gobierno ha situado la restricción del aborto entre sus objetivos de la llamada «batalla cultural».
En CHILE, donde los evangélicos representan el 16,3 % de la población, unos 2,4 millones de personas, hay al menos ocho parlamentarios evangélicos o protestantes y la ministra de la Mujer, Judith Marín, profesa esta fe. El Gobierno de José Antonio Kast habilitó además una capilla evangélica permanente en el Palacio de La Moneda.


















