Los Hijos del Amor Misericordioso habían sido denunciados por más de una docena de víctimas que aseguraban haber sufrido abusos

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Lucía Franco, El País, 17 de septiembre de 2026
La Diócesis de Getafe ha puesto fin al proyecto de los Hermanos del Amor Misericordioso, la rama masculina de la comunidad investigada por graves denuncias de abusos sexuales, de poder y de conciencia, aislamiento y penitencias físicas. La decisión obliga a los sacerdotes, diáconos y seminaristas que desde 2008 vivían y se formaban juntos, con la aspiración de constituirse en congregación religiosa, a continuar sus caminos por separado. El cierre se produce mes y medio después de que la Archidiócesis de Madrid suprimiera la rama femenina al considerar inviable su continuidad. El obispo de Getafe atribuye la medida a “un tiempo prolongado de reflexión y acompañamiento”, pero no menciona las denuncias presentadas por antiguos integrantes ni explica qué ha precipitado ahora la decisión.
Una de las víctimas que denunció al grupo tras abandonarlo critica que la diócesis no explique las razones de la medida ni reconozca que llega después de las denuncias presentadas por antiguos miembros ante la Iglesia. “Da la sensación de que no les ha quedado más remedio que acabar con esto, pero no dan la cara ni piden perdón por el daño causado”, sostiene.
EL PAÍS publicó en mayo que antiguos miembros habían denunciado ante el obispado prácticas de aislamiento, penitencias físicas y abusos de poder y de conciencia. Uno de ellos relató que María Milagrosa Pérez Caballero, conocida como Marimí, le advirtió que debía alejarse de su familia: “Me dijo que tuviera cuidado porque el demonio, a través de mi familia, podría atacar mi vocación”. También aseguró que dentro del grupo les proporcionaban instrumentos para infligirse castigos físicos: “Te dan un cilicio, un cinturón de pinchos y una fusta con varias cuerdas para azotarte”.
Las denuncias señalaban directamente a Marimí, superiora de las Hijas del Amor Misericordioso. Los escritos a los que tuvo acceso este periódico la acusaban de imponer fórmulas de aislamiento y penitencias acompañadas de autocastigos físicos, manipular las actividades de los integrantes y, en algunos casos, hacer falsas promesas relacionadas con su vocación. Uno de los denunciantes aseguró que la superiora le había prometido que ese camino le permitiría ser ordenado sacerdote en poco tiempo.
Según una carta de los denunciantes, más de 30 personas relataron en 2024 lo que aseguraban haber vivido dentro del grupo de la rama masculina y femenina. La documentación fue examinada durante una investigación eclesiástica y, según fuentes cercanas al proceso citadas entonces por este periódico, el caso fue remitido a la Santa Sede debido a la gravedad de las acusaciones.
La primera reacción del obispado fue impedir la entrada de nuevos seminaristas y prohibir temporalmente que quienes ya pertenecían al grupo solicitaran la ordenación sacerdotal. La casa de los Hermanos en Serranillos del Valle, sin embargo, continuó abierta. El obispado sostiene que su decisión no supone “un juicio negativo” sobre el deseo de los integrantes de abrazar la vida religiosa y asegura que les ofrecerá acompañamiento humano y pastoral. La nota oficial no detalla cómo se ejecutará la separación ni fija un plazo para poner fin a la vida en común.
Desde la Diócesis de Getafe señalan que la medida no se aplicará de forma inmediata y que “no se les ha dado una fecha concreta porque se les acaba de comunicar todo”. “Estas semanas se irán concretando algunas cosas”, explican. Cada miembro deberá decidir si prosigue su camino en un seminario, una congregación u otra comunidad y ponerse en contacto con sus responsables. El obispado asegura que “se hará seguimiento de todo” para comprobar que se cumplen las directrices y precisa que “la casa no pertenece a la diócesis” y “no tiene que ver” con ella.
El denunciante reprocha además a la diócesis haber respaldado durante años a una comunidad en la que, según relata, se revisaban los correos electrónicos y el teléfono común, se prohibía acceder a internet, se exigía obediencia y transparencia absolutas, se imponían castigos físicos por cualquier falta y se consideraba que el pensamiento crítico procedía del demonio y atentaba contra la unidad del grupo. También denuncia que se produjeron gritos y exorcismos que fueron puestos en conocimiento de la Iglesia.
También cuestiona qué ocurrirá con los religiosos que recibieron su formación dentro de la comunidad. Según explica, el primero fue ordenado en 2008 sin haber pasado por un seminario y los demás siguieron un camino similar, salvo uno que había permanecido tres años en un seminario antes de que existiera la comunidad. Después, relata, ocuparon casas de laicos y personas cercanas al grupo, donde vivieron y se formaron al margen de los seminarios. “La diócesis lo disuelve, pero se lava las manos sobre la parte que le corresponde”, afirma.
El abogado de más de una docena de víctimas califica la decisión de “consecuencia lógica”. A su juicio, los hermanos reproducían las mismas dinámicas sectarias denunciadas en la rama femenina. El letrado recuerda que carecían de reconocimiento canónico y que, por tanto, “no existía nada que suprimir”, aunque sí era posible impedir que el grupo continuara creciendo.
También advierte de que ordenar sacerdotes a personas procedentes de esa estructura podría constituir “un acto de temeridad” si antes no llevan a cabo un proceso “real y creíble” de “descodificación”, acompañados por profesionales de la psicología.
Luis Santamaría, profesor de Religión que lleva más de 20 años estudiando y denunciando las prácticas de grupos de origen religioso con características sectarias, considera que acabar con el proyecto común no basta para reparar el daño causado. Se muestra, por otro lado, satisfecho de que las autoridades eclesiásticas se tomen en serio todo lo que acompaña a los abusos sexuales: “Los abusos de poder y de conciencia, los abusos psicológicos y espirituales, las derivas sectarias dentro de la propia Iglesia católica”, enumera.
La Archidiócesis de Madrid suprimió en julio las Hijas del Amor Misericordioso, una asociación pública de fieles asentada en la sierra de Guadarrama, después de un año de intervención eclesiástica. Los hermanos se encontraban en una situación jurídica distinta porque nunca fueron reconocidos como congregación. Por eso, Getafe no podía suprimirlos en los mismos términos, pero sí poner fin al camino que recorrían juntos, que es lo que ha hecho.
La supresión de la rama femenina ejecutó la recomendación del Tribunal de la Rota, encargado de revisar casos conforme al derecho canónico. Tras una investigación previa iniciada a raíz de varias denuncias, el tribunal recomendó en mayo de 2025 la supresión de la asociación y remitió al Dicasterio para la Doctrina de la Fe los hechos que consideró de su competencia, según explicó la Archidiócesis de Madrid en un comunicado. Posteriormente, el arzobispo de Madrid ordenó una visita canónica y decretó la intervención de la organización el 28 de julio de 2025 para tratar de impulsar reformas que garantizaran su continuidad dentro de la comunión eclesial. Un año después, la Iglesia concluyó que ese objetivo no había sido posible.
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Nota del periódico: EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.


















