Juan Antonio Aguilera Mochón, del Grupo de pensamiento laico, firma este artículo sobre la propuesta del Arzobispado de Granada de una rogativa por los terremotos.

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Juan Antonio Aguilera Mochón, El Independiente de Granada, 24 de agosto de 2026
Me entero de que el arzobispo de Granada, José María Gil Tamayo, no montará un cristo, pero sí lo moverá desde la catedral hasta la basílica de la Virgen de las Angustias para que proteja a los granadinos de los terremotos. Sin embargo, no lo hará de forma inmediata, que sería lo lógico, y ya nos quedaríamos tan tranquilos, sino en septiembre. Veremos por qué.
La jugada es perfecta para asegurarse el apoyo municipal, ya que por un lado se trata del Cristo de San Agustín, que mantiene la consideración de Sagrado Protector de la Ciudad de Granada que le concedió el Ayuntamiento por el cese de la epidemia de peste bubónica de 1679. El municipio decidió además, en 1680, comprometer un Voto anual de acción de gracias, que desde finales del siglo pasado se perpetra cada 14 de septiembre, festividad de la Santa Cruz.
Pero, ay, resulta que el Cristo de San Agustín no es especialista en terremotos. Esa categoría municipal sí que la tiene la citada Virgen de las Angustias. El Ayuntamiento sostiene que esta Virgen -no confundir con otras de otros lares o de la propia ciudad, muchas con Medallas y Granadas de Oro de la ciudad- protegió en exclusiva a la capital granadina del gran “terremoto de Andalucía” del 25 de diciembre de 1884 (sí, el día de Navidad, pero al Jesusito de mi vida no le rezan los mayores). Este seísmo tuvo el epicentro en el entorno de Arenas del Rey y provocó más de 800 muertos, la mayoría en Alhama de Granada, y la destrucción de pueblos enteros en las provincias de Granada y Málaga.
El Ayuntamiento de Granada instituyó oficialmente un nuevo Voto perpetuo de agradecimiento, ahora a la Virgen de las Angustias, que además es Patrona de la ciudad, por considerar que la capital había quedado milagrosamente a salvo, gracias a ella, de los efectos más destructivos que sí devastaron los municipios cercanos
Al año siguiente, el Ayuntamiento de Granada instituyó oficialmente un nuevo Voto perpetuo de agradecimiento, ahora a la Virgen de las Angustias, que además es Patrona de la ciudad, por considerar que la capital había quedado milagrosamente a salvo, gracias a ella, de los efectos más destructivos que sí devastaron los municipios cercanos. Aunque este segundo voto municipal se ejecuta cada 26 de diciembre, es en septiembre cuando decenas de instancias públicas van, a lo largo del mes, a hacer ofrendas a la Virgen de las Angustias, cuyo día es el 15. Las autoridades civiles y militares podrán aprovechar para ciscarse en los terremotos de camino que ya lo hacen en la aconfesionalidad del Estado y en la ciudadanía que no se siente muy católica.
Por último pero no menos importante, el astuto de don José María preverá que en septiembre ya no habrá terremotos notables, pues ahora, que es cuando tendría sentido la rogativa, les haría quedar como bobos (a él y a las autoridades que sin duda participarán) si se diera el caso (por culpa de nuestros pecados) de tener que salir corriendo y gritando “¡andá pa allá!” por un temblor en mitad de la procesión o la misa. (A algunos les regocijaría el espectáculo, siempre que nadie saliera dañado más que en su fe; simpática confusión entre el temblor y el temor de Dios). Todo encaja pues en septiembre, aunque los terremotos serios estén siendo en agosto. Sobre todo afectó a la capital el del día 15; muchos piensan que cómo fue posible, siendo ese el día de varias Vírgenes populares. Sí, amigos, pero no es el día de la de las Angustias, que no hubiera permitido que en su festividad hubiera daños en su zona de control.
Por cierto, es curiosa esa exclusividad geográfica en las protecciones divinas. “Mí qué pollas, que tomen mucho por culo los otros por no tener de patrona a nuestra Vigen de las Angustias”, dicen que dicen los granaínos más piadosos y malafollás. No obstante, hay que aclarar que Alhama de Granada también tenía a esa Virgen como Patrona desde 1687 (tras otros seísmos y episodios catastróficos), y sin embargo lamentó más de 450 muertos en el terremoto de 1884. ¿Perdieron por ello la devoción los alhameños? Parece que muchos no, sino que incluso la aumentaron con argumentos como “¡pues imagínate si no llega a protegernos!”, o “pues lo habremos merecido porque no hemos sido muy buenos”, etc. Y en 1956, después de un terremoto importante más, el Ayuntamiento de Alhama, además de renovarle el título de Patrona, le añadió el de Alcaldesa Perpetua de la ciudad. Y para amarrarla aún más, en 2020 le entregó la Medalla de Oro del municipio.
Esto último ya gracias al PP y al PSOE. También estos y otros partidos de derechas y de izquierdas (sólo ha habido alguna noble excepción por parte de IU, Podemos o Adelante) participan en votos contra los terremotos en Motril, Albolote, Dúrcal y otras localidades de la provincia, bien porque les afectaron malamente algunos terremotos, bien porque no. (Por no hablar de la cantidad de honores y distinciones a entes celestiales que, según recoge el Observatorio del Laicismo, se están haciendo en democracia). Pero los votos se los hacen a otros Cristos y Vírgenes, pues deben pensar que el de San Agustín y la de las Angustias bastante faena tienen ya. Hasta Arenas del Rey se encomienda a una Virgen distinta, la de los Dolores (no habrá otras advocaciones más tranquilizadoras).

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Al margen de chanzas, resulta descorazonador comprobar cómo, en pleno siglo XXI, el pensamiento mágico continúa disfrutando de un gran predicamento entre buena parte de la población. Tan irracional es creer en que Vírgenes y Cristos de madera o del más allá pueden frenar los movimientos de las placas tectónicas como estar convencidos de que la Tierra es plana.
Allá cada creyente adulto con su fe, que está en su derecho a profesarla y expresarla. Pero no a imponerla
Sin embargo, allá cada creyente adulto con su fe, que está en su derecho a profesarla y expresarla. Pero no a imponerla.
A lo que no hay derecho es a que, mientras el Instituto Geográfico Nacional nos monitorea con precisión cada sismo, las autoridades públicas se muestren ensismismadas en una fe particular participando como tales en actos confesionales. (A título personal, como si se mortifican con el cilicio). La protección frente a los terremotos no proviene de Cristos y Vírgenes, sino exclusivamente de la exigencia rigurosa de mecanismos eficaces de prevención y respuesta: normativa de edificación sísmica, inversión en estudios geofísicos, inspección y adecuación de viviendas, pedagogía, planes de emergencia, reconstrucción y ayudas…
Algunos dicen que “no se pierde nada” porque las autoridades apelen también a los poderes celestiales, es decir, que hagan lo debido racionalmente y le añadan el extra de irracionalidad. Al margen de la pésima ejemplaridad, de que den vergüenza ajena por carecer de sentido del ridículo y ofrecer un espectáculo grotesco, es sencillamente intolerable que representantes de instituciones públicas como el Ayuntamiento de Granada, el Ejército o la Corona apoyen unas creencias particulares (las que sean) y otorguen privilegios a las asociaciones que las representan. El aspecto simbólico es el que salta a la vista, pero ya antes de las rogativas están las prerrogativas (económicas, educativas…) con las que se vulnera flagrantemente la aconfesionalidad del Estado y el principio de igualdad. También se vulneran, por cierto, con el multiconfesionalismo tan en boga.
Y no nos hablen de “respeto a todas las tradiciones”, pues ha sido muy tradicional vulnerar los derechos humanos y mantener supersticiones a menudo muy dañinas. Romper con la servidumbre clerical de las instancias públicas no es atacar la libertad de los creyentes, sino reafirmar la libertad de todos dignificando la neutralidad del espacio público y situando la ciencia y el racionalismo en el lugar que les corresponde en una democracia moderna.
El que las autoridades públicas actúen de forma confesional puede y debe ser percibido por el jurado internacional como anacrónico y excluyente; es de esperar que penalice las dinámicas que sustituyen el avance y la pedagogía científica por la asunción pública de dogmas y supersticiones
Una reflexión final en este sentido. El comité de selección de la Capitalidad Europea de la Cultura para 2031, a la que aspira Granada, se supone que evalúa los proyectos bajo criterios estrictamente contemporáneos, científicos e integradores, orientados al futuro de una Europa racional, democrática y respetuosa de la diversidad de convicciones y creencias. Se deben priorizar proyectos que fomenten los derechos humanos, el pensamiento crítico y los valores democráticos laicos. El que las autoridades públicas actúen de forma confesional puede y debe ser percibido por el jurado internacional como anacrónico y excluyente; es de esperar que penalice las dinámicas que sustituyen el avance y la pedagogía científica por la asunción pública de dogmas y supersticiones. Estas actitudes confesionales comprometen la imagen de neutralidad y modernidad exigible a una ciudad que pretenda erigirse en un faro cultural para el conjunto de la plural sociedad europea.
¿Dejaremos de padecer esos comportamientos de los cargos públicos en las invocaciones mágicas y confesionales de septiembre o seguiremos hacia 2031 y más allá con este penoso lastre de cera e incienso?



















Excelentes reflexiones
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