Cuanto un Estado es más republicano más laicismo existe en este estado y que solo los enemigos del laicismo son los que quieren trocear la universalidad de los servicios públicos y su privatización o mercantilizan.

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Ximo Estal Lizondo, Nueva Tribuna, 20 de abril de 2026
Me gustaría empezar este artículo, indicando que el laicismo, esto es la laicidad viene de la palabra laico que significa decisión de todo el pueblo y he querido empezar con este comentario porque eso es lo que conlleva la república y tiene como objetivo primordial “la de defender y potenciar la voluntad y decisión de lo que el pueblo decide y propone».
De ahí que el título de este artículo sea consecuente, es decir, desde mi opinión como persona defensora de un estado laico, entiendo que la laicidad es una fuente del republicanismo. Es decir, que cuanto un Estado es más republicano más laicismo existe en este estado y que solo los enemigos del laicismo son los que quieren trocear la universalidad de los servicios públicos y su privatización o mercantilizan. De ahí que laicidad y republicanismo vayan de la mano.
Exigimos y demandamos que la laicidad y el estado laico sea un derecho que toda democracia necesita
El 18 de julio de 1936, hace casi 90 años, un golpe de estado, comenzó una guerra civil en España, con consecuencias genocidas durante y después del final de la guerra. Y donde muchos de los muertos o defensores del poder establecido democrática mente defendiendo la república todavía están en las cunetas y no han recibido una sepultura digna y donde, pese a una ley de memoria democrática desde hace años, que prohíbe determinados actos, todavía se realizan homenajes a los “torturadores” con el beneplácito de algunos.
En fin, se conmemora por parte de algunos, pese a la ley, la caída de un gobierno democrático como era la república. Aunque eso significará, en su momento, la perdida de derechos y provocará desigualdades que hoy todavía no se han subsanado.
De ahí que me gustaría indicar que uno de estos derechos es: la laicidad y un estado laico que la república defendía. Y aunque la constitución habla de ello, son muchas las instituciones públicas que se lo saltan o lo ignoran con razonamientos y posturas muchas veces irracionales y faltos de coherencia y que sustentan sus decisiones en “costumbrismos” contrarios al siglo en que vivimos. Y a la realidad en que vivimos.
Por ello, todos aquellos que defendemos la laicidad y el estado laico, independientemente que respetamos, las creencias ideológicas religiosas que cada persona individualmente tenga, exigimos y demandamos que la laicidad y el estado laico sea un derecho que toda democracia necesita, aunque algunos “contrarios” digan, lo contrario. Pues solo esta proporciona libertad

















