Moreno y Montero han desplegado una intensa agenda cofrade en plena precampaña, con las elecciones autonómicas previstas para el próximo 17 de mayo. La antropóloga social y cultural Soledad Castillero analiza: «En momentos históricos la política se ha apropiado de la Semana Santa, pero hoy hablamos de una relación más estratégica que dominadora

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Raúl Bocanegra, Público, 8 de abril de 2026
Hay en España hoy (1), según los datos que recopila el Observatorio del Laicismo, de la asociación Europa Laica, al menos 377 alcaldesas y alcaldes perpetuos -en el Estado hay 8.132 municipios, según el INE-. Son 316 regidoras, casi todas vírgenes, y 61 regidores, la mayoría cristos. Además, las administraciones han concedido 107 medallas de oro o de la ciudad, y 31 títulos, honores o cargos civiles y militares a entes religiosos. 317, según el Observatorio, han contado con el apoyo del PP, 300 del PSOE, 46 de IU, 42 de Vox,31 de Cs, 9 de Podemos y 108 de otros partidos. «A pesar del mandato constitucional de aconfesionalidad del Estado español, muchas administraciones públicas siguen otorgando honores y distinciones a entidades y símbolos religiosos, consolidando privilegios franquistas que deberían estar fuera del ámbito institucional», consideran en Europa Laica.
«Luego pasa que cuando planteamos las cosas que planteamos, pues nos dicen: Es que lo que estás es en contra de los católicos, eres un ateo que estás en contra de los católicos. Bueno, puedo ser ateo, pero no estoy en contra de nadie. Se trata de que estamos en una sociedad donde tienen que prevalecer las normas que nos damos y que la Constitución dice que el Estado es aconfesional. Los laicos tenemos que decir esto y cualquier persona con sentido común pues dirá: Bueno, esto tiene sentido«, afirma José Antonio Naz, presidente de Europa Laica.
Esta compleja relación entre religiosidad popular y política, que se expresa a nivel municipal de múltiples maneras, incluidos los honores, se exacerba en Semana Santa. Sevilla, una ciudad particularmente cofrade, ha vivido estos días una polémica a cuenta de las sillas que el Ayuntamiento dispone para los concejales en Semana Santa. La edil de Podemos Susana Hornillo lleva varios años sorteando entre la ciudadanía las que le corresponden a su formación —tres— en el palco institucional de la, así llamada, carrera oficial. Este año, el Ayuntamiento, que dirige José Luis Sanz (PP), ha decidido «dejar sin efecto la asignación del palco correspondiente a Podemos-IU», lo que ha llevado a Podemos a cancelar el sorteo.
«Por motivos de organización y seguridad, no procede modificar de forma unilateral el sistema de acceso a estos espacios. Quien quiera plantear un debate sobre el modelo de acceso a la carrera oficial puede hacerlo en los cauces que correspondan. Lo que no cabe es apropiarse de un espacio institucional para darle un destino distinto al que tiene establecido», indicaron a Público al respecto desde el Ayuntamiento de Sevilla.
La edil Hornillo lo ve de otra manera: «Nos amenazan con retirarnos el palco por abrirlo a la gente y tratar de hacerlo un poco más democrático. El PP alega que al palco solo pueden acceder autoridades, pero la realidad es que esas sillas se reparten cada año entre familiares y amigos sin ningún problema. Nuestra iniciativa no es nueva, ni revolucionaria. Sencillamente no queremos ser parte de este sistema de privilegios que disfrutan los políticos, sus familiares y amigos, cuando hay cientos de miles de sevillanos que no saben aún qué es vivir la Semana Santa en la carrera oficial».
Además, en esta ocasión, las elecciones andaluzas están convocadas para el próximo 17M y, mientras los partidos calientan motores en la precampaña, numerosas ciudades de la comunidad autónoma cambian su fisionomía. Hay políticos cofrades en la izquierda y en la derecha. En esta ocasión, el presidente Juan Manuel Moreno Bonilla (PP), que se juega la reelección, y sus consejeros se han metido de lleno (2) y despliegan una intensa agenda de encuentros cofrades, en hermandades estratégicas, por el lugar (barrios donde el PP quiere pescar, como por ejemplo el barrio obrero el Cerro del Águila en Sevilla, en la que también estuvo la candidata del PSOE, María Jesús Montero, quien también ha mantenido apariciones cofrades en más de una provincia) y por su imbricación en el tejido social. Así, el lunes 30 de marzo Moreno estuvo en Granada, el martes en Sevilla, el miércoles en Málaga. «Sí es verdad que intento estar en todas las posibles«, afirmó el presidente.
«Aquí yo creo que está clarísimo que la fecha de convocatoria está muy estudiada para que la Semana Santa se aproveche como campaña», afirma José Antonio Naz, de Europa Laica. «Si esto lo hace después, si lo anuncia después y lo hace después, pues se pierde todo esto de utilizar [la Semana Santa]. Otra cosa es que luego les dé más o menos resultado, pero manifestando todo lo que ellos hacen por la Semana Santa [creen que] pueden amarrar votos y que se olvide la gente de los cribados y de todas las historias que pueda haber de sanidad o demás».
«Yo discuto -añade Naz- con muchos políticos conocidos y amigos de la izquierda sobre todo, que de dónde han sacado ellos que ir en una una procesión les da votos. Pongo siempre un ejemplo. En el año 79, cuando el nacionalcatolicismo estaba todavía muy pujante, en Córdoba Julio Anguita solo tenía ocho concejales y estaba gobernando en coalición y no iba representando al ayuntamiento en las procesiones. Y no pasaba nada. Es más, en el 83, en las siguientes elecciones, de ocho concejales pasó a tener 17. Lo que tienes que tener es respeto con las religiones, con todas».
Sobre esta relación de la política con la Semana Santa, Soledad Castillero Quesada, doctora en Antropología Social y Cultural, a preguntas de Público, analiza: «De igual modo que la sociedad participa de una forma más plural en la Semana Santa, también lo hacen las propias autoridades. En muchas ocasiones, la asistencia de representantes políticos y la presencia en procesiones, puede ser una estrategia más ligada a la comunidad, a la cultura de la comunidad que al estricto sentido religioso. Por tanto, hay posibilidad de que influya en el voto, pero sería arriesgado hablar de una fuente decisiva u homogénea de apoyo electoral».
«Podríamos decir —añade Castillero— que puede influir electoralmente en ciertos contextos, aunque a día de hoy no es un factor decisivo a gran escala. Encontramos una influencia más a nivel local que nacional, con un mayor peso a nivel municipal o autonómico. Por ejemplo, en ciudades con un arraigo en la tradición cofrade, como son Sevilla o Málaga, posicionarse a favor de las hermandades y la celebración de la Semana Santa puede generar más simpatía, a través de las autoridades que participan y apoyan actos religiosos, lo cual refuerza la cercanía con estos sectores. La religiosidad popular funciona así como capital simbólico y relacional, lo cual puede desembocar en afinidad y en apoyo electoral. Sería arriesgado hablar de una transferencia directa de fe a voto, pero sí que el apoyo político e institucional acerca la otredad, creando un clima de pertenencia que tiene una influencia política».
¿Ha tratado la política de apropiarse de la Semana Santa? «Sí, en distintos momentos históricos —expone Castillero— la relación ha estado más clara y la influencia ha sido más directa, lo cual ha provocado mucho rechazo en ocasiones a personas con ideologías de izquierdas, como si la Semana Santa no les perteneciese. Un conflicto que sigue abierto y que en ocasiones se ve incluso como algo exótico, el ser de izquierdas y participar de forma activa en la Semana Santa».
«Esto tiene que ver —agrega la socióloga— con una instrumentalización histórica durante la dictadura de Francisco Franco, donde la Semana Santa fue integrada en el proyecto nacional-católico. Fue un elemento de refuerzo del carácter religioso y patriótico, utilizándose como uno de los principales símbolos de la identidad nacional y como vía de control ideológico. En este caso, sí hablamos de una apropiación política explícita, así como de una instrumentalización política, cuyos impactos llegan hasta el día de hoy, entre sectores que siguen pensando que la Semana Santa es un producto franquista».
«Tras la democracia, el modelo ha ido cambiando. El Estado se declara aconfesional, la Semana Santa se comprende desde otras lógicas más amplias y las instituciones públicas participan, pero no son las dueñas o las que orquestan su organización. Esto genera una relación más sutil, donde no hay una separación, pero tampoco un control directo. La presencia política e institucional hoy en la Semana Santa se utiliza en muchos casos como una demostración de cercanía con la tradición y la ciudadanía», continúa. «De igual modo, en muchos casos son una fuente de apoyo económico, logístico, así como de promoción turística. Por tanto aquí hay una relación política en sí, pues apoyar ya es una toma de posición de la cual se espera una respuesta. Si analizamos la propaganda partidista, cada vez hay más presencia de presentar la Semana Santa como patrimonio o como identidad local, apoyando por tanto sin un discurso religioso explícito».
«A día de hoy, la política no puede apropiarse de la Semana Santa porque, entre otras cuestiones, las cofradías tienen autonomía y legitimidad propia, existe cada vez más pluralidad interna, es decir, no hay una única ideología y la sociedad está dividida entre sensibilidades religiosas y laicas y ambas pueden ser y son practicantes en la Semana Santa», añade. Si nos situamos en un plano de análisis desde la antropología política, podemos ver un intercambio simbólico más que un control directo. Al acercarse, la política gana legitimidad, cercanía incluso popularidad y la Semana Santa gana apoyo, visibilidad y recursos. Podemos afirmar que en ciertos momentos históricos la política se ha apropiado de la Semana Santa, pero hoy hablamos de una relación más estratégica que dominadora«.
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Notas Asturias Laica
En el blog de Asturias Laica:
(1) Datos sobre honores y distinciones a iconos religiosos por las Administraciones Públicas

















