Las heroínas del Puente de los Cuervos

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Antiguas prisioneras de campos de concentración postradas en la cama, recién llegadas a Suecia en los autobuses blancos. La mujer que sale incorporada es la asturiana Rita Martínez -de casada Pérez- / K. W. Gullers /Nordiska museetCC BY-NC-NDFuente
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Asturianas en Ravensbrück
Rita Martínez, Olvido Fanjul, Ángeles Álvarez y Leonor Rubiano

Tres de ellas, Rita Martínez, natural de Toriello (Ribadesella), Olvido Fanjul, nacida en Gijón, y Ángeles Álvarez de Caborana (Aller), sobrevivieron al campo de concentración, Leonor Rubiano (Mieres) perdería la vida en las cámaras de gas a los 24 años de edad, poco antes de la liberación.

Rita Martínez
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Rita Martínez (Pérez), nacida en Toriello en 1884, en 1915 se trasladó con su marido y su hijo de dos años a Francia en busca de mejores condiciones de vida. Allí, -dónde se la conocería como Rita Pérez por la costumbre francesa de adoptar el apellido del marido- toda la familia acabaría siendo miembros de la resistencia francesa.

Su casa era un escondite o refugio provisional para los resistentes y en ella se realizaban reuniones a nivel internacional entre  españoles, franceses y extranjeros. Por los documentos de los Archivos Franceses sabemos que pertenecían a la organización de resistencia contra el nazismo FTPF de Burdeos (Frente de Francotiradores y Partisanos Franceses).

Rita Pérez, su marido y sus dos hijos fueron  arrestados en el mismo día, el 4 de diciembre de 1942. La acusación común fue de actividad clandestina y de pertenencia al movimiento de resistencia, concretamente al  Front National y al departamento del FTPF (Frente de Francotiradores y Partisanos) de Burdeos.

Estuvo encarcelada en la antigua fortaleza de Fort de Hâ convertida en cuartel a disposición nazi (del 4/12/42 al 26/04/1943), en la cárcel de Romainville cercana a París (del 27/04/1943 al 18/10/1943)  y en el campo de tránsito de  Compiègne al norte de París desde el 19 de octubre hasta el  30 de enero de 1944. Este día fue deportada con 58 años  a Ravensbrück, el mayor campo de concentración nazi para mujeres en territorio alemán, situado al norte de Berlín. Estuvo internada hasta la liberación del campo por el ejército soviético.

Carnet de deportada de Rita Pérez
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Fue deportada en el llamado «Convoy de las 27.000», en el que coincidiría con Neus Catalá quien recordaría así el largo viaje a Ravensbrück

“De allí [Compiègne] saldríamos, hacia Ravensbrück, Coloma Seros, Carmen Cuevas, Amalia Perramón, Sole, Herminia Martorell, Rosita Da Silva, Alfonsina Bueno, Sabina González y su madre Carmen Bartolí, Carlota Olaso, Rita Pérez y otras que no tuve tiempo de conocer. Cinco días estuvimos esperando y vislumbrando que lo que habíamos sufrido no era nada para lo que nos esperaba. Hacinadas, vivíamos de un cuarto de pan y de agua por día, para beber y lavarnos. Sin higiene y sin aire, aquello fue la antecámara de la muerte […] seríamos embarcadas casi 1000 mujeres en vagones de ganado; 80 mujeres en cada vagón. […] Nuestros bártulos: un cubo de carburo vacío para nuestras necesidades, que se vertía constantemente encima de un puñado de paja, por litera. Una aspillera de 50 x 30 cm. nos suministraba el aire que por turno íbamos a respirar. Sin comer y sin beber, así estuvimos tres días.”

El 31 de mayo de este año, junto a otras tres víctimas de la barbarie nazi, fue homenajeada en Ribadellesa con la colocación de un «stolpersteine» , una «piedra de la memoria» que la recuerda.

Fuente foto
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Olvido Fanjul Camín
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Olvido Fanjul Camín nació en Gijón el 28 de septiembre de 1910. A la muerte de sus padres, cuando ella tenía 14 años, tuvo que comenzar a trabajar en la fábrica textil. Pronto se afilió a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y en 1933, comenzó a militar en la Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA).

Pronto se convirtió en un referente de la lucha por los derechos de las mujeres. Tan es así, que en 1903 las bobineras, tejedoras y urdidoras, convocaron una huelga en Asturias junto a las cigarreras. Exigían un aumento salarial.

Cuando empezó la Guerra Civil organizaron talleres donde confeccionaban todo tipo de ropa para los combatientes. La Agrupación también colaboró con Socorro Rojo Internacional para cuidar a los niños que habían sido separados de sus padres o habían quedado huérfanos.

Caído Gijón el 21 de octubre del 37, bombardeada también por la Legión Cóndor, en septiembre, a los 27 años, Olvido, viajó con más de mil niños asturianos, leoneses, vascos y cántabros que fueron evacuados hacia la URSS. La edad de estos pequeños estaba comprendida entre los dos y los cinco años. En el grupo iban educadores y profesores que se harían responsables de ellos. El barco viajó a Saint Nazaire, en Francia. Allí tuvieron que embarcarse en un trasatlántico llamado Kooperasia. El destino del Kooperasia era Londres, en donde los trasladaron al buque Félix Dzerznsky, que finalmente los llevó a Leningrado.

En Leningrado fue detenida y llevada a una cárcel en Estonia donde nacería su primer hijo que le fue arrebatado a los tres meses y del que no sabría nada nunca. En 1943 la deportaron al campo de concentración de Ravensbrück donde permaneció hasta que en abril de 1945 el Ejército Rojo liberó varios campos de concentración, incluido El Puente de los Cuervos.

Casada ya en Francia con Gerardo, militante comunista y excombatiente republicano exiliado, con el que tendría tres hijos: en 1949 nace Eloína, en 1951 Manuel y en 1953 Amelie. En 1963 la familia volvió a Asturias, a pesar de que estaban muy vigilados y sabían que en cualquier momento la policía podía detenerlos. Antes de volver se casaron por la iglesia y bautizaron a los niños. Esto era necesario ya que el régimen franquista sólo reconocía los matrimonios religiosos y el bautismo era también un requisito indispensable.

Manuel, hijo de Olvido y Gerardo, cuenta en una entrevista que para volver a España el Gobierno franquista les exigía una serie de documentos tales, como un certificado de la Iglesia Católica, otro de la Guardia Civil y hasta uno de la Falange.

Durante muchos años Gerardo debió presentarse en el Cuartel de la Guardia Civil cada cierto tiempo. La familia Blanco Fanjul volvió a su barrio de Gijón y ahí permaneció el matrimonio el resto de sus vidas. Nunca contaron lo que habían vivido. Olvido sólo le habló a su hija mayor del niño que los nazis le habían arrebatado. Gracias a los testimonios de otras personas se han podido reconstruir los horrores que vivieron.

Colocación del «stolpersteine» en Gijón en recuerdo de Olvido Fanjul / Fuente foto
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Olvido Fanjul murió a los 90 años el 8 de agosto de 2001, en Gijón. Con el «stolpersteine» que la recuerda a se inició en Gijón el homenaje a 34 gijoneses deportados a campos de concentración nazis

Ángeles Álvarez, «Arlette»
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Nacida en Caborana (Aller) un 26 de abril de 1928 era la pequeña de seis hermanos y cuando contaba con apenas seis meses su familia se trasladó a Francia en busca de un futuro económico  tras la pérdida de trabajo del padre, instalándose en la población minera de Àles.

Su padre murió combatiendo en el Frente de Aragón cuando regresó  a España  en 1936 para defender La II República frente al golpe de Estado franquista, y toda la familia Álvarez Fernández fueron miembros de la resistencia contra la ocupación alemana de Francia.

Ángeles participó desde los 12 años con el FN (Frente Nacional de lucha por la Independencia de Francia) tras el comienzo de la II Guerra Mundial. En 1943 fue detenida, con apenas 15 años, por difundir propaganda contra la ocupación nazi y contra las autoridades colaboracionistas del régimen de Vichy. En un corto período de tiempo son apresados  cuatro miembros de la familia:  Ángeles, Amador, Ángel y también su propia madre, Natividad.

Tras el paso por varias prisiones (como Alès y Nîmes), viene para Ángeles el campo de Brens (Tarn). Luego será llevada al campo de internamiento de Noé (Alto Garona),  allí cumpliría los 16 años y  se reencontrará con su madre, también internada. En 1944 fue deportada a Ravensbrück desde la estación de Toulouse con su madre Natividad, que entonces rondaba los 50 años.

Ambas iban todavía a vivir unas circunstancias particularmente difíciles en los momentos finales de la guerra. El ejército soviético se acercaba y, al ser evacuado el campo, las presas fueron obligadas  a días de marcha interminables, una de las llamadas “marchas de la muerte” “En Ravensbruck abrieron la puerta y salió todo el mundo fuera. Y a cada lado, alemanes con los perros y los fusiles. Si alguien no podía andarLa mataban y ya está.”

Ángeles tras la liberación formó una familia en Alès. Murió el 15 de junio de 2019 en Saint Hilaire de Brethmas (Gard).

Leonor Rubiano
Fuente / Fuente

En el caso de María Leonor Rubiano se da la circunstancia de haber sido la única mujer asturiana asesinada, después de haber padecido todo tipo de palizas, humillaciones y torturas en el campo para mujeres de Ravensbrück. Tenía 24 años cuando acabaron con su vida en una cámara de gas.

Leonor Rubiano había nacido un 3 de julio de 1920 en Mieres (Asturias), y llegado a La Plaine Saint-Denis con sus padres entre 1926 y 1931.  Fue miembro de Jeunes filles de France, a partir de 1936, se convierte en una militante activa de la solidaridad con la España republicana.

Su hermano marchó al frente para defender la República. Ella participa en diversas acciones de resistencia a partir del verano de 1940 en la Plaine, tales como la distribución de papeletas con consignas, pintadas murales, etc. Fue arrestada el 4 de octubre de 1941 por la Gestapo y llevada a la prisión de la Santé, en donde estuvo hasta el mes de mayo de 1942. Clasificada como «Nacht und Nebel» (Noche y Niebla, NN), fue trasladada junto con otras jóvenes militantes comunistas de la Plaine, a diversas prisiones y fortalezas a la espera de juicio (Prüm, Cologne, Breslau). Allí participa en diversas acciones de resistencia y sabotaje. Finalmente, en 1944 fue llevada al campo de Ravensbrück.

Allí, según testimonio en el Proceso de Nuremberg de Marie-Claude Vaillant-Couturier al hablar del  taller del campo, lo llamaban la “Schneiderei I” en el que «se fabricaban 200 chaquetas o pantalones al día. Había dos equipos, uno de día y uno de noche, con doce horas de trabajo cada equipo. (…). El trabajo se hacía con una cadencia desenfrenada, y las presas no podían ir al baño. Durante la noche y el día recibían palizas terribles (…):

Conozco bien las condiciones de ese taller, porque una joven amiga mía, María Rubiano, una muchacha que acababa de pasar tres años en la prisión de Kottbus, al llegar a Ravensbrück había sido enviada a la Schneiderei, y cada noche me relataba su martirio. Un día, agotada, consiguió pasar al Revier, y como ese día la Schwester alemana, Erica, estaba de un humor menos malo que de costumbre, la incluyeron para que se le practicara una prueba radiológica. Los dos pulmones estaban afectados muy gravemente y la trasladaron al terrible bloque 10, el bloque de las tuberculosas. Este bloque era particularmente temible porque, como a las tuberculosas no se las consideraba mano de obra recuperable, no recibían cuidados y no había ni personal suficiente para lavarlas, ni tampoco medicamentos.”

María Leonor Rubiano fue llevada a la cámara de las que se consideraba como perdidas. Allí estuvo unas semanas. Dormían varias mujeres en cada cama, en literas de tres pisos, en un ambiente sobrecargado, con las detenidas de diferentes nacionalidades acostadas juntas, lo que hacía que no podían ni hablarse entre ellas. No obstante, y como María Rubiano no moría lo bastante rápido a juicio de los SS, un día, el Dr. Winkelmann, encargado de seleccionar y catalogar a las mujeres en Ravensbrück, la inscribió en la lista negra, y el nueve de febrero de 1945, con otras 72 tuberculosas, la subieron al camión con destino a la cámara de gas.

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