Una Iglesia incrustada en el Estado

marzo 18, 2017
La Constitución asegura la “aconfesionalidad” del Estado, condición que se contradice en su propio texto al obligar al rey a jurar su cargo, así como en numerosos aspectos de la práctica política donde la Iglesia católica goza de privilegios

Carlos Castillo, Público, 18 de marzo de 2017

El que en breves instantes será ministro de Justicia de España, Rafael Catalá, posa la siniestra sobre una biblia. La diestra, sobre un ejemplar de la Constitución de 1978. Entre los dos textos un crucifijo que guarda el acto, nexo de unión entre ellos, elemento central de la composición.

Corre el 29 de septiembre de 2014 y Catalá se convierte en el primer ministro enjurar su cargo ante el nuevo rey Felipe VI. Su padre, Juan Carlos de Borbón, fue criticado durante años por la presencia del crucifijo tanto en la jura como en la promesa del cargo de los nuevos presidentes y ministros del Gobierno. La Casa Real, encargada de organizar este acto protocolario, siempre lo mantuvo.

 


 

También lo hizo Felipe VI en su primera jura. No obstante, tomó nota al recibir la misma crítica: atento en su misión de “renovar” la Corona, en los siguientes actos el crucifijo fue desplazado a la derecha de la escena y situado por detrás de la biblia. Pero no se eliminó: tanto tanto María Dolores de Cospedal como Soraya Sáenz de Santamaría, las únicas que prometieron su cargo en el nuevo Ejecutivo de Mariano Rajoy, lo tuvieron presente. Un detalle, una muestra de la dificultad de la democracia española para independizarse de la supervisión de la Iglesia católica.

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