Cuando escribí ‘El cuento de la criada’ creía que era ficción. Qué ingenua. Las dictaduras teocráticas no pertenecen solo al pasado remoto, hoy existen varias en el planeta. ¿Qué nos garantiza que EE UU no sea una más?

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Margaret Atwood, El País, 22 de mayo de 2022
A principios de los años ochenta del siglo pasado empecé a trastear con una novela que exploraba un futuro en el que Estados Unidos se hubiera dividido. En la historia, una parte del país se había convertido en una dictadura teocrática basada en los principios religiosos puritanos y la jurisprudencia de la Nueva Inglaterra del siglo XVII. Ambienté la novela en la Universidad de Harvard y sus alrededores, una institución que en los ochenta era famosa por su progresismo pero que había nacido tres siglos antes como escuela de formación para el clero puritano.
En la teocracia ficticia de Gilead, las mujeres tenían muy pocos derechos, igual que en la Nueva Inglaterra del siglo XVII. De la Biblia se escogían solo los fragmentos más convenientes, de los que se hacía una interpretación literal. Siguiendo el ejemplo de las estructuras reproductivas del Génesis —en concreto, las de la familia de Jacob—, las esposas de los patriarcas de alto rango podían tener esclavas, o “criadas”, decir a sus maridos que dejaran embarazadas a esas criadas y luego reclamar los hijos como propios.
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Posted by asturiaslaica 

















