Lo que hoy se siembra en las mentes de la infancia y la juventud no es un fenómeno pasajero, sino una estructura con notable probabilidad de perdurar y de proyectarse sobre la siguiente generación.

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Juan Antonio Aguilera Mochón, Nueva Tribuna, 2 de noviembre de 2026
Tercera y última entrega [entrega 1 – Entrega 2 ] | Esta parte trata sobre los dos últimos mitos -que los abusos sexuales a menores en la Iglesia ya están bajo control y que hay una mayoría no creyente que augura el desplome del adoctrinamiento infantil-, analiza la posible relación del repunte religioso con la derechización de parte de la juventud, y concluye, con las elecciones generales del 29 de noviembre a la vista, con la exigencia de medidas concretas para quienes aspiran a gobernar.
Mito 1. «Los abusos sexuales a menores en la Iglesia ya están bajo control»
«No se trata solo de una indemnización, sino de una reparación integral», que incluye «ayudas psicológicas, espirituales y la posibilidad de facilitar un encuentro reparador…».
Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española [32]
Un 1,13 % de la población adulta afirma haber sufrido abusos en un entorno religioso, lo que equivaldría a unas 440.000 personas
Desde que, en enero de 2026, el Gobierno y la Iglesia acordaron un sistema mixto de reparación para las víctimas —concretado en marzo [33]—, se pretende instalar la idea de que el asunto está bien encauzado. Si bien este paso constituye un avance respecto a décadas de negación y silencio institucional, de ahí a dar por controlado el problema hay un trecho muy largo.
1. Ni siquiera se aborda el problema en toda su dimensión. La encuesta de GAD3 incluida en el informe del Defensor del Pueblo de 2023 estimaba que un 1,13 % de la población adulta afirma haber sufrido abusos sexuales en un entorno religioso, lo que equivaldría a unas 440.000 personas [34]. Sin embargo, la Conferencia Episcopal Española (CEE) dijo que le «resulta imposible confiar en la veracidad y fiabilidad de tales resultados» [35] y anunció en 2022 que no abriría de forma generalizada sus archivos eclesiásticos a una investigación independiente [36], lo que obstaculiza el avance en las investigaciones.
2. La reparación es lenta, voluntarista e insuficiente. El sistema acordado solo atiende los casos que ya no pueden llegar a juicio (prescritos o con agresor fallecido), la reparación se basa en la voluntad de la Iglesia [37], y el acuerdo no fija cuantías ni baremos [38]. Además, las víctimas denuncian que el proceso avanza con lentitud y reclaman reconocimiento oficial y responsabilidades institucionales plenas [39]. Por otra parte, los delitos siguen prescribiendo, y el sistema de reparación existe precisamente por eso: la prescripción decide quién obtiene una compensación asistencial en lugar de justicia.
3. Siguen dándose las condiciones que pueden facilitar los abusos. Persisten la asimetría de autoridad entre un ministro de culto y un menor al que se enseña a confiar y obedecer, y espacios de intimidad como la confesión auricular, en la que el menor puede quedar a solas con ese adulto sin garantía externa alguna. A esto se suma el secreto sacramental y la dispensa legal del artículo 417 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal [40].
Mito 2. «Hay una mayoría no creyente que augura el desplome del adoctrinamiento infantil»
«El declive imparable de la asignatura de Religión católica»
Cadena Ser, 2014 [41]
Existe un extendido espejismo según el cual el retroceso social del catolicismo garantizará por sí solo la emancipación de los menores, pero me temo que los datos obligan a desmentir este optimismo.
El barómetro del CIS de septiembre de 2026, citado en la primera entrega, registró por primera vez más personas ateas (17,1 %) que católicas practicantes (15,9 %). Quien recuerde los titulares de 2019 -«España deja de ser católica» [42], cuando se sumaban ateos, agnósticos y no creyentes frente a los practicantes- sabrá que este entusiasmo no es nuevo. Sin embargo, conviene ver la foto completa.
El adoctrinamiento de los menores: mientras solo el 15,9 % de los adultos se confiesa católico practicante, entre el 37 % y el 55 % de los niños sigue siendo bautizado, llevado a la primera comunión o matriculado en Religión
Si añadimos el 3,2 % de creyentes de otras religiones [1] a los católicos practicantes, alcanzamos un 19,1 %, que ya supera a los ateos. Y si incorporamos a los católicos no practicantes, el bloque de creyentes en España sigue siendo netamente mayoritario: un 57,6 % frente al 40,6 % del conjunto de ateos, agnósticos e indiferentes. Por tanto, el mito de que los «no creyentes» ya son mayoría no se sostiene, por más que la tendencia secularizadora a largo plazo sea innegable.
Aunque este mito se apoye en datos de la población adulta, su impacto en la infancia es directo: son esos adultos quienes deciden sobre la socialización y el adoctrinamiento de los menores. Aquí es donde presenciamos una flagrante contradicción: mientras solo el 15,9 % de los adultos se confiesa católico practicante, entre el 37 % y el 55 % de los niños —según el caso— sigue siendo bautizado, llevado a la primera comunión o matriculado en Religión (mito 2 de la primera entrega y mito 2 de la segunda).
Por consiguiente, para explicar la fuerte persistencia del adoctrinamiento infantil hay que fijarse en el 38,5 % que se declara católico no practicante. Esa categoría, que a muchos les parece puramente nominal y cultural, posee una inercia social que probablemente sostiene el entramado de ritos confesionales en la niñez (algo parecido ocurre incluso con el «ateísmo católico» del que habló Gustavo Bueno o ejemplificó George Santayana: no creyentes que por esa misma inercia perpetúan tradiciones católicas).

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En conjunto, los católicos suman un 54,4 %, 15 puntos menos que hace una década, pero el porcentaje se mantiene estable desde 2022 (tabla 1 de la primera entrega), lo que es poco alentador pensando en cómo puede afectar a la infancia. En suma, con las cifras en la mano, creo que no hay motivos para echar las campanas al vuelo respecto a la emancipación mental de los menores en los próximos años.
El canal de la transmisión temprana y la inercia familiar
Con los datos de que disponemos, ¿podemos hacernos una idea sobre el porvenir ideológico de la infancia actual, sobre su pensamiento y comportamientos futuros?
Un exhaustivo estudio del Pew Research Center de diciembre de 2025 [43], con casi 9.000 adultos estadounidenses, encuentra que el 56 % mantiene la identidad religiosa de su infancia, cifra que se dispara hasta el 82 % en hogares muy religiosos. El 85 % de quienes cambian de religión lo hacen antes de los 30 años —un 46 % siendo aún niños o adolescentes—. La infancia y la adolescencia constituyen, por tanto, la ventana decisiva en la que se fija buena parte de la identidad religiosa adulta. Las creencias interiorizadas en las etapas tempranas muestran una tenaz resistencia al cambio (en la entrega anterior vimos que una idea similar ya la adelantaron los jesuitas).
Y esa identidad, a su vez, tiende a reproducirse. Un estudio longitudinal de cuatro generaciones dirigido por Vern Bengtson (Universidad del Sur de California), que monitorizó a más de 3.500 personas a lo largo de cuarenta años [44], concluyó que cerca del 60 % de los padres y madres logra transmitir su afiliación -o su irreligión-, siendo el vínculo emocional entre padres e hijos el factor de mayor peso. A lo que se suma, por supuesto, el efecto del entorno social.
Dicho de otro modo: lo que hoy se siembra en las mentes de la infancia y la juventud -ya sea una creencia religiosa tradicional, una religión-mosaico sincrética, o un ateísmo racional- no es un fenómeno pasajero, sino una estructura con notable probabilidad de perdurar y de proyectarse sobre la siguiente generación.
Convergencia con la derechización juvenil y la agenda reaccionaria.
Esta inercia enlaza con el sesgo ideológico reciente de parte de la juventud. Tras haberse abordado en la entrega anterior el repunte religioso en franjas jóvenes, cabe indagar su correlación con el desplazamiento ideológico de esos jóvenes hacia posiciones más conservadoras y de extrema derecha, marcado además por una profunda brecha de género.
Según la European Social Survey de 2024 [45], los varones españoles menores de 28 años se autoubican en una media de 5,4 sobre 10 en la escala izquierda-derecha, notablemente por encima del 4,4 de las mujeres de la misma edad. Es más: un 21 % de ellos se sitúa en posiciones de extrema derecha (valores del 8 al 10), frente a solo un 11 % de ellas. Es decir, vemos mucha derecha-ultraderecha sobre todo en los varones jóvenes.
Aunque algunos analistas piden cautela con esos datos, la convergencia de los datos del CIS y la Fundación SM, que vimos en la entrega anterior, apunta en la misma dirección: parece haber una corriente de fondo en una facción de la juventud actual, especialmente masculina, que se muestra más receptiva tanto a los discursos religiosos como a los ideológicamente reaccionarios. No es descabellado pensar que ambos fenómenos compartan una misma raíz (lástima que ningún estudio o encuesta, que yo sepa, cruce estadísticamente ambas variables), alimentada por la desconfianza institucional. El propio informe de la Fundación SM sitúa el apoyo al sistema democrático entre los jóvenes en torno al 60 %, cuando superaba el 80 % en 2019 según el CIS [46]. Parece que ante la desazón y la incertidumbre, las narrativas identitarias y dogmáticas tradicionales -sean políticas o religiosas- ofrecen un refugio cómodo.
Más allá de la correlación estadística, existen vasos comunicantes evidentes en el plano de los valores. Como vimos en el mito 2 de la primera entrega, a propósito de la primera comunión, el ideario de la extrema derecha coincide en gran medida con las estructuras y mensajes de la jerarquía católica, empezando por la oposición frontal a la eutanasia y al laicismo, y continuando con la agenda machista, que incluye el rechazo de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres (con el veto al aborto en primera línea) y a los derechos de las personas homosexuales.
Si en el mito anterior hablábamos de la violencia sexual contra los menores, ahora es el momento de abordar otras formas de violencia que también pueden estar promovidas por la educación religiosa y la ultraderechización.
No olvidemos que el machismo —tan presente en ambas— deriva a menudo en violencia, y que, aunque está muy vivo asimismo entre los defensores de ideologías que se autoproclaman feministas, en estas últimas al menos hay un propósito explícito de combatirlo. En última instancia, una instrucción temprana en dogmas religiosos antifeministas y represores bajo estructuras ferozmente patriarcales no solo puede predisponer a una posterior ultraderechización política, sino que además puede favorecer entornos culturales donde la violencia sexista y homófoba encuentra justificación.
También debemos destacar la xenofobia y la intolerancia hacia quien crea o piense diferente, en las que coinciden los fundamentalismos religiosos y las ideologías ultraderechistas. Si bien hay que reconocer en España un avance reciente en el discurso de la Iglesia católica hacia posiciones menos excluyentes en el caso de los migrantes, sigue habiendo recelo, como cuando el arzobispo de Oviedo habló de «jóvenes invasores» [47]. El propio papa León XIV apela a nuestra «identidad cristiana», incluso como «fundamento que articula la misión educativa» [48]. No perdamos de vista que el dogmatismo fundamentalista quiere imponer sus creencias al resto (eso sí, para «salvarlo»), negando desde la libertad de conciencia (especialmente en la educación infantil) hasta el derecho al aborto y a decidir sobre el fin de la propia vida. Para la doctrina cristiana (como para la musulmana, judía…), dado que Dios/Alá/Yahvé es nuestro creador y por tanto dueño, nadie tiene derecho sobre su propio cuerpo.
En consecuencia, confiar en que la secularización de los adultos resolverá automáticamente, y más pronto que tarde, el abuso religioso mental sobre la infancia es una ilusión que ignora los datos y los mecanismos de reproducción ideológica, y que conlleva el peligro de que se mantengan, e incluso crezcan, la ultraderechización, la violencia machista y xenófoba y la negación de derechos humanos.
Soluciones posibles y necesarias frente a esperanzas míticas
Mientras la secularización avanza entre los adultos, se sigue arrastrando a hijas e hijos a ritos y adoctrinamientos que no han elegido, con los peligros que hemos visto para su propio futuro y el de la sociedad. Revertir esa inercia requiere pasar de las esperanzas míticas a medidas concretas entre las que destacaría las siguientes:
1. Salvaguarda de los derechos del menor. Hay que avanzar hacia el reconocimiento efectivo de los Derechos del Niño, incluso más allá de las a menudo demasiado tibias Declaraciones y Convenciones internacionales, evitando la adscripción confesional de menores (como la del bautismo u otros ritos equivalentes de cualquier confesión) antes de que alcancen la capacidad de otorgar un consentimiento informado (que cabe situar en la mayoría de edad), y erradicando el abuso mental que suponen el adoctrinamiento dogmático y la invasión de la intimidad en las confesiones auriculares y otras prácticas de examen de conciencia o «dirección espiritual» impuestas a menores.
Puede ser positivo promover ritos de paso laicos, como las bienvenidas comunitarias tras el nacimiento o las de ciudadanía ligadas a la mayoría de edad, que satisfagan la necesidad social de celebración sin recurrir a marcos confesionales.
2. Laicidad del sistema educativo. Es necesario acelerar el fin de la enseñanza confesional en el currículo escolar oficial, garantizando una escuela pública laica universal centrada en la formación científica, crítica y en valores cívicos universales. Esto exige la urgente salida de toda religión de la escuela (que, pública o privada, ha de ser laica), y la extinción progresiva de los conciertos educativos, según se pide en la campaña defendida por 68 organizaciones sociales, políticas y sindicales [49].
Para evitar equívocos: la sustitución de la religión confesional por una asignatura de «Hecho religioso», como propone «Cristianos socialistas» [50], sería a mi juicio una muy mala medida, pues daría a lo religioso una dimensión injustificada y extraordinaria. Los asuntos religiosos ya se estudian de modo no confesional en filosofía, historia, educación artística, etc. La propuesta es más que sospechosa, ya que para llevarla a cabo contarían «con la colaboración de las autoridades religiosas respectivas». Y peor aún si se llegara a la aberración intelectual y moral de que la impartieran, según plantean, las mismas personas que ahora adoctrinan a la infancia (unas 34.500, como vimos). Equivale a poner al zorro a cuidar las gallinas.
3. Anulación de los Acuerdos con las confesiones religiosas. Los dos puntos anteriores requieren medidas políticas y legislativas que ningún gobierno, ni de derechas ni «progresista», ha tenido la decencia de llevar a cabo. Una crucial es la denuncia y anulación —no una reforma— de los Acuerdos de España con la Santa Sede de 1976 y 1979 (que prorrogan el nacionalcatolicismo), de los establecidos con algunas confesiones en 1992, y del reconocimiento de privilegios también para otras consideradas de «notorio arraigo» -la laicidad es incompatible con el multiconfesionalismo-.
Además, hay que reformar los artículos 16 y 27 de la Constitución para consagrar un Estado laico y una enseñanza laica, y sustituir la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (de 1980) por una Ley de Libertad de Conciencia como la que propone Europa Laica.
4. Justicia y reparación para las víctimas de abusos, y medidas de prevención. Hay que garantizar la imprescriptibilidad de los delitos sexuales contra menores, obligar a la apertura de los archivos eclesiásticos a investigaciones independientes, y fijar reparaciones dignas, con baremos mínimos y que no dependan de la voluntad de la institución responsable, que debe costearlas.
Es necesario reforzar los canales de denuncia y protección, y deben evitarse los espacios de aislamiento con figuras de autoridad espiritual para prevenir dinámicas de vulnerabilidad y abuso físico o sexual. Por supuesto, ningún «secreto sacramental» debe prevalecer sobre el deber superior de proteger a menores en riesgo.
5. Concienciación de progenitores y activismo laicista. Urge desarrollar campañas de sensibilización dirigidas a las familias para superar el conformismo social que mantiene comportamientos abusivos con la infancia y priorizar su libre desarrollo intelectual y moral.

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Aunque este análisis se ha centrado en el catolicismo por ser la confesión mayoritaria en España, cuestiones semejantes se plantean, con sus propias particularidades, en el resto de confesiones presentes en el país: el derecho de niñas y niños a no ser adscritos sin su consentimiento a una fe concreta, ni adoctrinados en consecuencia, no depende de cuál sea esa fe.
Mi propósito con los chorros de agua fría que puedo haber arrojado sobre mitos en mi opinión demasiado optimistas no es caer en el pesimismo y la desesperanza, sino enfrentarse a la realidad y no relajarse confiando en que la inercia secularizadora lo acabará arreglando todo: sigue habiendo millones de menores padeciendo los males del adoctrinamiento y el acoso religiosos, y esa inercia es tan lenta y poco efectiva en lo que atañe a la infancia que seguramente pasarían décadas antes de alcanzarse una situación netamente mejor.
Las medidas propuestas cobran especial sentido ahora, con las elecciones generales convocadas para el 29 de noviembre; de hecho, coinciden en buena parte con las medidas electorales presentadas por Europa Laica [51]. No se trata de pedir el voto para nadie, sino de preguntar a quienes aspiran a gobernar hasta qué punto se comprometen con ellas.
Las respuestas -o los silencios- de los programas electorales dirán mucho de su implicación real con los derechos de la infancia, que no tiene edad de voto pero sí un interés superior que debe defenderse a ultranza. Cada lectora y cada lector decidirá su voto; ojalá lo haga tras buscar compromisos efectivos en esas respuestas.
Bibliografía
Las referencias conservan la numeración del artículo completo; por eso no son correlativas en esta entrega (la [1] corresponde al barómetro del CIS, citado también en las otras partes de la serie).
1. Centro de Investigaciones Sociológicas [CIS]. (2026). Avance de resultados del estudio 3577: Barómetro de septiembre de 2026.
32. Bonilla, M. (2026, 9 de enero). Argüello: «Oportunidad para las víctimas que no confiaban en acudir a la Iglesia» [Entrevista]. Vatican News.
33. Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. (2026, 30 de marzo). El Gobierno, el Defensor del Pueblo y la Iglesia firman el protocolo para poner en marcha el nuevo sistema de reconocimiento y reparación a las víctimas de abusos sexuales [Nota informativa].
34. Maldita.es (2023, 8 de noviembre). Las cifras de abusos sexuales en la Iglesia en España del informe del Defensor del Pueblo: cuáles incluye y cómo las documenta
35. Conferencia Episcopal Española (2023, diciembre). Boletín Oficial de la Conferencia Episcopal Española, n.º 112 [Discurso inaugural de la CXXIII Asamblea Plenaria, p. 143].
36. Infobae. (2022, 23 de junio). Iglesia española no abrirá archivos de forma general para investigar abusos [Agencias].
37. EFE (2026, 7 de junio). Una víctima de abusos simula reunirse con el Papa: «No queremos solo buenas palabras».
38. Zamorano, A. (2026, 30 de marzo). Sin indemnizaciones fijas para las víctimas de pederastia: así es el acuerdo entre la Iglesia y el Estado (Ara).
39. Trigueros, Á (2026, 6 de octubre). Víctimas de abusos en la Iglesia denuncian la lentitud del proceso de reparación. Shangay.
40. Ley de Enjuiciamiento Criminal. (1882) Artículo 417.
41. Cadena SER (2014, 21 de enero). El declive imparable de la asignatura de Religión católica.
42. Bastante, J. (2019, 1 de agosto). España deja de ser católica: ya hay más ateos y no creyentes que católicos practicantes. elDiario.es.
43. Pew Research Center (2025, 15 de diciembre). Why Do Some Americans Leave Their Religion While Others Stay?
44. Bengtson, V. L., Putney, N. M., y Harris, S. (2013). Families and Faith: How Religion Is Passed Down across Generations. Oxford University Press.
45. De Lucas, A. (2025, 23 de septiembre). La brecha ideológica de género entre los jóvenes españoles no para de crecer: ellos, cada vez más a la derecha, y ellas a la izquierda (Infobae).
46. The Objective. (2026, 28 de abril). El 68 % de los jóvenes está insatisfecho con la democracia y la mitad aboga por «mano dura».
47. Mariño Fernández, R. (2026, 13 de septiembre). Acogida frente a intolerancia: discrepancias en la Iglesia española ante la migración. GaliciaPress.
48. Conferencia Episcopal Española. (2025, 22 de noviembre). Mensaje del Papa a los participantes en el encuentro «Sin identidad no hay educación».
49. Europa Press. (2026). Casi 70 organizaciones sociales, políticas y sindicales piden sacar la religión de la escuela «de forma inmediata».
50. Longarela Gómez, J. (2020). El hecho religioso en la escuela. El Obrero.
51. Europa Laica. (2026, 14 de octubre). Europa Laica presenta 17 medidas para garantizar la laicidad y la libertad de conciencia a partir del 29N. Observatorio del Laicismo.
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Juan Antonio Aguilera Mochón | es miembro del Grupo de Pensamiento Laico


















