El fotógrafo Constantino Suárez es, oficialmente ahora, una víctima del franquismo: el Gobierno de España declara nula la condena que frenó su carrera

Un escrito de la asociación regional de fotoperiodistas motiva la aplicación del proceso de reparación de memoria democrática, que anula las competencias del tribunal «ilegal» que encarceló al gijonés durante años y le impidió ejercer

Constantino Suárez, retratado en la playa de San Lorenzo, Gijón
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Fuentes La Nueva España (S.F. Lombardía) | El Viejo Topo (Félix Población), 16 de julio de 2026

El fotógrafo Constantino Suárez es, ahora oficialmente, una víctima del franquismo. Lo es gracias a una resolución del Ministerio de Patrimonio y Memoria Democrática que señala que el gijonés fue encarcelado a manos de un tribunal «ilegal e ilegítimo» que truncó su carrera profesional. La declaración surge gracias a una petición de la Asociación de Fotoperiodistas de Asturias, que desde hace años trabaja junto a otras entidades en la labor de recuperar la figura de un fotógrafo que, pese a haber sido uno de los grandes retratistas de la región, se jubiló con una pensión mínima y con una carrera hacía décadas truncada por la represión del régimen, que lo reprobó por ejercer como fotoperiodista durante la Guerra Civil.

La declaración ya ha quedado inscrita en el registro de la Dirección General de Atención a las Víctimas y Promoción de la Memoria Democrática y ha sido notificada a la asociación de fotoperiodistas mediante un escrito de Zoraida Hijosa, directora general de Atención a las Víctimas, que traslada al grupo el «honor» de poder formalizar el trámite. Su equipo considera «acreditado» que Constantino Suárez «padeció persecución por razones políticas e ideológicas durante la dictadura franquista» y que ingresó en prisión condenado por un consejo de guerra «ilegal». Con esta resolución, en concreto, el Gobierno de España invalida las competencias del tribunal que juzgó al fotógrafo y declara además nula la condena que se le impuso.

La declaración, firmada el 3 de junio de 2026 por el ministro Ángel Víctor Torres Pérez, declara ilegal e ilegítimo el tribunal que lo juzgó, así como nula la condena dictada en su contra, al amparo de la Ley 20/2022 de Memoria Democrática. El reconocimiento llega quince años después de que la asociación de fotoperiodistas asturianos le devolviera su carné profesional, un gesto simbólico con el que el colectivo ya había restituido entonces la identidad y la dignidad profesional de Suárez Fernández como fotógrafo.

Fuente APFA
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Sobre su biografía y su trabajo Félix Población publicaba en 2020 Constantino Suárez y las otras fotos de Gijón bajo las bombas, artículo que recogemos en parte.

Gijón fue la primera ciudad bombardeada en una guerra, sin reparar en la población civil. Constantino Suárez fotografió sus efectos y guardó casi 9.000 negativos, descubiertos por sus familiares tras su deceso. Republicano confeso, padeció cárcel durante el franquismo y tuvo que dedicarse a la fotografía ambulante por ferias, parques y romerías hasta el año de su jubilación.

«Abro con esta fotografía de Constantino Suárez este artículo, dedicado a su memoria, porque tiene por fecha la del 26 o 27 de enero de 1937, segundo y último año de la Guerra Incivil en Asturias y en Gijón, la ciudad que será ocupada por las Brigadas Navarras el 21 de octubre de ese mismo año. Sabiendo que el autor de la instantánea será detenido y encarcelado cuando eso ocurra, por su compromiso ideológico y profesional con el socialismo, se podría identificar la sensación ambiental desoladora y fría que transmite la imagen como un trasunto del ánimo del propio Suárez ante la amarga realidad cotidiana de la guerra que vive su ciudad desde hace cinco meses y que él ha fotografiado con un celoso y testimonial seguimiento.

Golpe de mar
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Durante ese tiempo y lo que reste de contienda, Constantino Suárez va a ser un adelantado del fotoperiodismo, como lo había sido desde que se inició en la profesión. En el punto de mira de sus dos cámaras Contax y Leica va a quedar grabada la intrahistoria más trágica sufrida por la ciudad asturiana durante los bombardeos de la aviación facciosa, reforzados por los de la Legión Condor nazi. Ese árbol seco en primer plano, la farola rota de la escalera, los baches en el pavimento mojado y el solitario y juvenil transeúnte que calcula a la carrera el alcance de las olas al romper contra el Muro de la playa de San Lorenzo, dejan en la mirada la impronta de una atmósfera urbana sumida en la crudeza gris y torva de un invierno cuyo rigor rebasa lo meramente estacional.

“Golpe de mar” se titula esa fotografía. Constantino Suárez tenía entonces treinta y ocho años, un excelente currículum iniciado en la adolescencia y toda una vida por delante para que su trabajo cuajase y se remontase hacia una madurez con toda seguridad brillante, a partir de su temprana experiencia y buen hacer profesionales. Faltaban apenas diez meses para que ese “golpe de mar” fotográfico se trocase en un hachazo invisible y homicida –en palabras de Miguel Hernández– contra su porvenir. La derrota del régimen del 14 de abril en Asturias, 18 meses antes de que tuviera lugar en toda España, apagó de expectativas el futuro de Suárez, como el de tantísimos otros republicanos que en lugar de tomar el camino del exilio sufrieron la represión, marginación y silenciamiento que conllevaba su exilio interior.

Hijo de una familia proletaria que luego llegó a tener una modesta tienda de ultramarinos en la calle Langreo, Súarez nació en Gijón el 24 de febrero de 1899 y desde adolescente alternó en el Ateneo Obrero de la ciudad con los artistas asturianos de las nuevas vanguardias: Mariano Moré, Nicanor Piñole, Evaristo Valle, etc. Según Francisco Crabiffosse Cuesta, por su formación y trayectoria Suárez resume el esquema básico de artista obrero que aparece en la década de los veinte del pasado siglo y deja su huella personal hasta que en 1936 un ambiente enrarecido y cargado de malos presagios haga realidad las más oscuras predicciones. Nadie como él representa, desde el concreto mundo de la imagen fotográfica, el proceso que sintetiza ese periodo de la historia local desde la óptica privilegiada del que hace de la recreación del vivir cotidiano, de acontecimiento preciso, su razón de ser. Preservar la memoria de esta etapa sería su único objetivo, su única actividad, y esta dedicación profesional exclusiva fue el resultado de una inquietud que se había manifestado en esa institución ejemplar que fue el Ateneo Obrero”.

El suyo es uno de los legados gráficos más sobresalientes, comparables a los de los grandes fotógrafos que dieron constancia del conflicto armado.

Por su clase social y época, no eran los tiempos de su juventud propicios a una mocedad en liviandades, por lo que Constantino Suárez se interesó desde la adolescencia por la actividad cultural desarrollada en el citado centro socio-cultural. Allí conferenciaron desde Miguel de Unamuno hasta Margarita Nelken, pasando por Ramón Pérez de Ayala y otros escritores e intelectuales. Es allí donde se interesa por la fotografía y donde asiste y participa en cursos y concursos. De ahí pasa a ser aprendiz en los estudios fotográficos de Fernando Villanueva y Francisco del Cura, con la sugerencia por parte de este último de que se dedique al reporterismo. Pronto llega a tener su propio estudio, Foto Suárez, en donde cultiva la llamada nueva objetividad alemana, con álbumes en los que integra distintas facetas de la actualidad. No falta en ese primer periodo de su trabajo una tendencia muy marcada por resaltar el culto al cuerpo, antes de que la fotógrafa alemana Leni Riefennsthal diera a conocer ese estilo durante los juegos olímpicos de Berlín en 1936.

Será en el transcurso de la dictadura de Primo de Rivera, posiblemente por causa y a pesar de la represión ejercida bajo ese régimen contra el movimiento obrero anarquista, cuando Suárez se implique en el mundo proletario, en correspondencia con sus orígenes e ideología política. Se entiende por esta razón que cuando se le presenta nada menos que un conflicto de la entidad histórica que tuvo la huelga revolucionaria convocada en Asturias en octubre de 1934 (la última revolución proletaria en Europa), sus instantáneas adelanten las que no va a dejar de hacer a partir de julio de 1936 durante la guerra en aquella región. De todo ello quedará uno de los legados gráficos más sobresalientes, comparables a los de los grandes fotógrafos que dieron constancia del conflicto armado.

Los tres diarios gijoneses contaron en principio con la colaboración de Constantino (El Comercio, El Noroeste y La Prensa), así como el periódico CNT, publicado entre enero y octubre de 1937. También varios medios de Madrid como ABC y Blanco y Negro publicaron sus fotografías. Suárez formó parte de la agencia Keystone y de la editorial Estampa –que publicaba el semanario gráfico del mismo nombre–, así como de la Sociedad de Fotógrafos de Prensa, fundada y presidida por José Campúa. También durante la guerra incivil fue reportero del diario socialista Avance, cuando se editaba en Gijón entre enero y octubre de 1937. Recorre entonces varios de los frentes de Asturias en compañía del periodista Juan Antonio Cabezas, hasta la fecha del cierre del periódico dirigido por Javier Bueno, un día antes de la entrada en la ciudad de las tropas sublevadas el 21 de octubre.

A Constante, tal como se le conocía en Gijón, la ocupación de la ciudad le va a suponer su inmediata detención y reclusión en la cárcel de El Coto hasta octubre de 1940. La publicación de sus fotografías en «Avance», para el franquismo un «diario rojo», motiva su primera condena: seis meses y un día de «prisión correccional». Entendía el régimen que al haber documentado el frente republicano Suárez había cometido un delito «de auxilio a la rebelión». Será nuevamente encarcelado cuatro años después, por haber tenido vínculos con los maquis o los fugaos en Pola de Laviana. Consta acreditado que se le rechazó su solicitud para ejercer como fotógrafo ambulante en 1942. Sin permiso no podía trabajar legalmente, así que durante año malvivió como fotógrafo ilegal en ferias y mercados. Volvió a ser condenado en 1945 por rebelión, esta vez con una pena de dos décadas que termina por truncar su vida. Pasó la mayor parte de su condena en la cárcel de El Coto y de aquellos años se conservan fotografías suyas de sus compañeros de prisión. Pasa entonces por las prisiones de Oviedo y El Dueso, en Santander, para volver a la de El Coto en Gijón en 1947. Será nuevamente detenido en 1950 y 1951, con reclusión esta vez en las cárceles de Yeserías, Burgos y San Marcos de León. Durante todo este tiempo se ve obligado a cambiar la cámara por el dibujo y la acuarela, dejando un impactante testimonio de las condiciones de hacinamiento que se daban en los presidios franquistas, con todas las secuelas de torturas y enfermedades vividas en su interior en aquella miserable posguerra.

Logró la condicional en 1959 y retomó, con la misma precariedad, su labor como fotógrafo ambulante, pero para entonces su prometedora carrera era ya una entelequia. Una vez en la calle, sin posibilidad de ejercer su profesión libremente porque se le privó de la correspondiente licencia (se tuvo en cuenta para ello su condición de socio del Ateneo Obrero), Constantino Suárez se dedicará a la fotografía ambulante por ferias, parques y romerías hasta el año de su jubilación como autónomo en 1969, con una pensión mínima. Por esos años, Suárez se dedicaba a una fotografía costumbrista y familiar, preocupado por los efectos luminosos y los reflejos marinos, lejos de lo que Crabiffosse Cuesta (editor de un excelente libro sobre el fotógrafo) llama su potencia creadora y espíritu de renovación. “La derrota y la depresión –escribe Cuesta– le secarían el alma, esfumándose su potencia creadora en lo que tenía de sólido espíritu de renovación. Su obra nunca volverá a tener esa fuerza, esa consistencia y frescura que revelaba una mirada auténticamente nueva”.

Tras su jubilación, Constante luchó por reivindicar su nombre y sus derechos: “He pasado y sufrido mucho, y ahora en la vejez me duele ver como publican mis fotografías sin contar para nada con el que las hizo. No es por vanidad, pues me importa muy poco, pero es el amor propio y mi bolsillo lo que está en juego”, dejó escrito en su diario en 1970. No consiguió ese propósito, ni siquiera llegó a lograr –lamentablemente– la restitución de su carné en vida. Falleció en 1983, soltero y sin hijos, y su archivo fotográfico (casi 9.000 negativos) no fue descubierto por sus familiares hasta que se hicieron obras en su piso de la calle Instituto.

Un legado a recuperar

Su figura, después, quedó olvidada durante años. Su archivo fotográfico quedó en manos de un anticuario, Simón Albuerne, qeu lo ofreció primero al Museo de Bellas Artes de Asturias y después a la Consejería de Cultura del Principado, sin que ni uno ni otra mostrasen mayor interés por ese valioso patrimonio documental, albergado y olvidado durante años en un local de la calle Garcilaso de la Vega, hasta que la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón decidió adquirirlo en 1992 para catalogarlo, digitalizarlo y depositarlo finalmente en el Museo del Pueblo de Asturias.

En la década de los 90 surgieron los primeros intentos de reimpulsar su trabajo, por entonces por mediación del Ayuntamiento y de la Fundación Alvargonzález. En 1993 la Fundación Alvargonzález, en colaboración con el Ayuntamiento, ofreció una primera exposición, de la que se hizo un catálogo (Gijón 1920-1935 en las fotografías de Suárez). Es en agosto de 2.002 –casi veinte años después de fallecido– cuando la ciudad reconoció a uno de sus más sobresalientes fotógrafos, verdadero cronista en imágenes del Gijón de nuestros padres y abuelos, con una exposición monumental en la que se ofreció –esta vez sí– una amplia selección del periodo completo comprendido entre 1920 y 1937, todo un auténtico y muy valioso retablo de la intrahistoria gijonesa, con imágenes en verdad singulares de las etapas correspondientes a la Revolución de Asturias y a los quince meses de guerra que soportó la ciudad.

Otra exposición con una treintena de fotografías de Constantino Suárez se expuso en la biblioteca pública Jovellanos de Gijon, con la guerra como tema principal. Sin embargo, ni en la segunda de las mencionadas ni en esta encontramos las que sin duda son más impactantes, correspondientes a las víctimas del atroz bombardeo del viernes negro, publicadas en su día en el diario El Noroeste.

Tampoco las incluye el historiador Héctor Blanco en el libro Gijón bajo las bombas, con motivo de la muestra de 2002, ni tampoco figura entre esos casi nueve millares de negativos que conforman el legado de Suárez en la fototeca del Museo del Pueblo de Asturias, a la que solicité la información correspondiente.

Víctimas de los bombardeos, fotografía publicada en la prensa, sin que se conserve el negativo.
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Sorprende la ausencia de esos negativos en el depósito que guarda el valioso legado del fotógrafo gijonés. Sobre todo si se tiene en cuenta que buena parte de ellos han de corresponder al llamado “viernes negro” de 1936, un 14 de agosto, cuando la ciudad sufrió uno de los más atroces bombardeos por parte de la aviación facciosa. Suárez fue consciente del valor histórico que su testimonio gráfico cobraba ante esa tragedia. Por eso día realizó un total de 27 fotografías, según el historiador Héctor Blanco, desde que aparecieron en el cielo de la villa los aviones procedentes del aeródromo de La Virgen del Camino, en León. No fue un bombardeo muy intenso, pero afectó al centro de la villa, resultando dañadas la estación del Ferrocarril de Langreo, en El Humedal; edificios de la calle Pi y Margall (hoy calle de los Moros), la calle Fernández Vallín en la Cuesta de Begoña, la calle de Jovellanos (frente al Real Instituto, entonces cuartel de la Guardia de Asalto) y en las proximidades del hospital de Caridad, que estaba ubicado en la actual plaza del Náutico. Se registraron, según la prensa gijonesa, 54 muertos y 78 heridos, muchos de ellos graves.

Ante la ausencia de negativos de las instantáneas publicadas en El Noroeste tras el bombardeo del 14 de agosto, podría pensarse que fueron requisadas posteriormente, a la caída de la ciudad en poder de los sublevados, en evitación quizá de que pudieran servir como propaganda en su contra, tal como ocurrió después en los bombardeos facciosos contra otras ciudades, como Madrid en noviembre de 1936 y Guernica al año siguiente. Gijón fue la primera ciudad bombardeada en una guerra, sin reparar en la población civil. El propio fotógrafo dejó constancia de esa nefasta fecha en sus anotaciones personales: “Las fiestas de agosto de 1937 en Gijón. Días hermosos, todo tranquilo, hasta que las sirenas con su limpio y temible sonido, avisan la presencia de los famosos “Junkers” metiendo el pánico en la ciudad, dejando caer la metralla, que va regando, matando e inundando de sangre inocente las calles de Gijón. A falta de agua nos traen para las Fiestas de Begoña, Cabezas, Brazos y Piernas separados de sus cuerpos. Aquello es un río de roja sangre en la calle Jovellanos, donde estos miembros humanos se iban recogiendo antes que las alcantarillas los tragaran”.

Félix Población, llegando al final de su artículo, incluye una nueva foto que explica: Para terminar este trabajo en memoria de Constantino Suárez, me parece idóneo hacerlo con otra de sus últimas fotografías como reportero de guerra: la del viejo Teatro Dindurra, situado en el Paseo de Begoña, hoy conocido como Teatro Jovellanos. Solo el café paredaño, no hace mucho restaurado, se sigue llamando como el antiguo teatro. La ficha de la fotografía da como fecha de la misma el 23 de octubre de 1937 y su destrucción es achacada obviamente a los rojos por el burócrata del régimen que redactó la falaz indicación correspondiente. Lo cierto es, como escribió en su día mi estimado y recordado Francisco Prendes Quirós, que la ejecutoria correspondió por entero y verdadero a la aviación facciosa y a sus continuados bombardeos sobre la villa por mar y aire, en este caso una semana antes de que Gijón fuera ocupada por las tropas sublevadas y cuando acabar con el edificio de un teatro quizá no tuviese más sentido para sus destructores que acallar para siempre el escenario de los grandes mítines políticos que tuvieron lugar en el Dindura.

Cuando ya la ciudad estaba vencida, los sublevados bombardearon el Teatro Dindura
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La asociación regional de fotoperiodistas, por su lado, lleva también años trabajando en la difusión de su legado y ya hace más de una década lanzó una primera iniciativa para reparar su trato en el pasado y expidió en su nombre un carnet honorífico como fotoperiodista, la profesión que le fue negada vivir. Ahora, un membrete ministerial oficializa su condición de víctima.

ANEXOS

1.- Proyecto Suárez

Se trata de un proyecto que dirige la periodista e historiadora Leonor Suárez. El Proyecto es una investigación histórica y audiovisual que busca conocer y divulgar con diferentes lenguajes la apasionante vida de este fotoperiodista. que se dedica a investigar y divulgar la historia del fotoperiodista Constantino Suárez al que han dedicado una serie documental:

«Y todo lo que se cuenta es cierto, para su desgracia. Lo acreditan cartas, documentos y notas manuscritas en el reverso de hojas de calendarios. Y los recuerdos arrancados a quienes le conocieron. Después de tanto investigar, había que contar lo descubierto. Así nació Proyecto Suárez y así surgió la serie«

Proyecto Suárez recrea su vida en capítulos breves a partir de una investigacíon histórica que ha recuperado su historia, dispersa y en gran parte olvidada.

Dividida en dos temporadas de 10 episodios cada una, puede verse por capítulos: temporada 1 | temporada 2 o verla completa:

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Sobre dónde reposan sus restos, en Proyecto Suárez, se recoge que en una visita a Gijón (2024) de su sobrino José Antonio Garay Suárez, buscaron el lugar de enterramiento de su tío. Habían pasado cuarenta y un años desde la anterior visita de Josetxu a este camposanto. En 1983, José Antonio Garay había viajado con su mujer desde Bilbao para enterrar al último pariente que le quedaba de su familia materna. Sus recuerdos eran limitados: le habían inhumado en tierra, no en nicho. Sin responso, ni cura, ni ceremonia. sin apenas compañía, más allá de los dos sepultureros, un pariente lejano y un amigo leal. Siete personas, calculo, componían el cortejo. 

Pero la tumba ya no existía. En 1994 se sacaron los restos inhumados en ese lugar para hacer nichos. En el cementerio me explicaron que habían llamado a las familias para que se hicieran cargo de los restos óseos. Si no lo habían hecho o no había familiar de contacto, los huesos se habían enviado al osario. Josetxu no recuerda ninguna llamada. Posiblemente al tratarse de un enterramiento de beneficencia, su nombre y su teléfono no constaran junto a los datos del fallecido.

Osario del cementerio de Ceares, ‘El sucu’, donde se encuentran los restos de Constantino Suárez junto a los de otros gijoneses
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La tumba de Suárez está en el cementerio de Ceares pero no es una sepultura individual, no hay losa de mármol ni placa con su nombre grabado, sino en el osario. Sus restos acompañan a los de miles de gijoneses que se fueron de esta vida, como él, por la puerta de atrás pero con la cabeza muy alta.

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2.- Nortes: El carácter vanguardista de su obra


Una breve colección de fotografías (datadas en el artículo), de Constantino Suárez se incluyen en el artículo de Nortes, La incombustible modernidad de Constantino Suárez en la que se reseña el estudio de la historiadora del arte María Pidal que reivindica el carácter vanguardista y experimental de la obra del gran fotógrafo gijonés (que se pueden ver también en la galería de esta entrada).

Su trabajo Fin de Grado, Constantino Suárez: el alma fotográfica a través de la vanguardia (2024), puede leerse / descargarse desde este enlace

  • Niños de un orfanato Rosario Acuña, en 1937.

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3.- Ayuntamiento de Gijón

El Ayuntamiento de Gijón incluye en su web, para descarga libre, el libro Constantino Suárez. Fotógrafo (1920-1937) publicado en 2002:

Este libro permite descubrir la obra de un destacadísimo fotógrafo gijonés, nacido en 1899 y muerto en 1983, sobre el que había caído un total olvido. Suárez permite, a través de las imágenes de su amplio archivo, reconstruir la vida cotidiana de la villa gijonesa entre 1920 y 1937. Comprometido con la causa republicana, su trabajo durante la guerra civil le coloca en un puesto de honor entre los reporteros de guerra del siglo pasado y constituye un tesoro documental que contribuye a mantener viva la memoria colectiva de una etapa trascendental de nuestra historia. El reporterismo gráfico no impidió a Suárez cultivar sus inquietudes artísticas empleando un lenguaje innovador y creativo. Esta obra constituye un homenaje póstumo a Constantino Suárez, y con ella se pretende cerrar un ciclo de injusticia hacia quien había hecho de la fotografía su argumento vital, prestando un servicio impagable con su obra y conservándola a pesar de todas las vicisitudes.

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