«Viven en su mundo palaciego de Añastro, rodeados de negros gatos y de memorias al Rey Desnudo»

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Juan Cuatrecasas Asua, Religión Digital, 28 de enero de 2025
Seguir la obra del dramaturgo borgoñón Marcel André Aymé es aprender a compartir magia y realidad, el escenario social y lo cotidiano, por encima de greguerías y celofanes. Aymé, que se encuentra entre mis predilectos creadores, esos a los que cada uno de nosotros acude en busca de aprendizaje y reflexión cuando la vida lo pide, tiene entre sus apuntes superlativos, dos que me competen. “La humildad es la antecámara de todas las perfecciones” y “Algunas personas son tan falsas que ya no son conscientes de que piensan justamente lo contrario de lo que dicen.”
La falsedad es tan antigua como el árbol del Edén, ya lo aventuró el genial realizador cinematográfico del condado de Kenosha, Orson Welles.
Escribía Vicente Vide Rodríguez, Doctor en Teología por la Universidad de Deusto, en su artículo Análisis Filosófico y Teológico sobre la mentira desde la teoría de los actos de habla (2016), que “La filosofía, la teología y las religiones han de denunciar toda forma de encubrimiento, ocultación de hechos y acontecimientos que constituyan delito, así como todo tipo de hechos que comporten lesiones en la integridad de la dignidad de las personas.”
Avanzo. El comportamiento de una parte de la Iglesia española, esa que dice no tener obligación jurídica y más bien poca moral, de atender a las víctimas y supervivientes de pederastia, tal y como llegó a afirmar el ensotanado portavoz García Magán, entiendo que aplaudido con vitores por la mayoría de la ejecutiva de la Conferencia Episcopal presidida por Argüello, fan confeso de Isabel La Católica y entiendo que de la bula Si convenit, concedida por el Papa setabense Rodrigo Lanzol y de Borja, Alejandro VI, tiene el arrebato y la impertinencia como protagonistas, la falsedad como sal y pimienta y conculca con premeditación y alevosía, la sabia reflexión de docto Vicente Vide, pero también la lógica, la sinceridad y las buenas formas humanas y cristianas.

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Menos aún cuando hace pocos días conocemos que Argüello decide a golpe de decreto, liberar a un pederasta, al cura de Angustias en Valladolid, condenado por abuso sexual a una menor. Podrá dar misa. El escándalo de la falsedad, la cara oculta de la falsa humildad, el descrédito, así de simple.
Pocas son las víctimas y los supervivientes de estos terribles delitos que creen en la actitud de unos príncipes de la Iglesia, parapetados en crucifijos esmaltados, en sellos orondos y en casullas y estolas de larga cola. No son conscientes del daño que causan. De que sus jaulas doradas, alejadas del asfalto, les procuran distancia al mal ajeno. De que resultan poco creíbles.
Viven en su mundo palaciego de Añastro, rodeados de negros gatos y de memorias al Rey Desnudo de Hans Christian Andersen. Solo ellos se lo creen o pretenden que creamos en que se lo creen. Pero en la realidad, en esa que pretenden esquivar, con cantos de sirena tartamuda, no hay espacio para sus delirios y su teatro.
Nunca un formulario resultó ser tan ofensivo. Qui sophistice loquitur odibilis est.
Juan Cuatrecasas Asua Miembro fundador de ANIR- Asociación Nacional Infancia Robada


















