La Iglesia mantiene ocultos los ingresos por la entrada a sus templos

Al menos 40 catedrales cobran por el acceso, pero la memoria económica de la Conferencia Episcopal no recoge la recaudación, que está exenta de tributación

Interior dela seo zaragozana / Ayto. de Zaragoza. InfoLibre

Ángel Munárriz, InfoLibre, 16 de agosto de 2016

Al otro lado del teléfono de la Catedral de San Salvador de Zaragoza, conocida como La Seo, una mujer atiende la consulta:¿Cuál es el precio de acceso a la catedral? La voz remite al listado de tarifas que publica Zaragoza Turismo: entrada al Conjunto Catedral y Museo de Tapices, 4 euros; hasta 18 años y desde 65 años, 3 euros; niños de 0 a 10 años, gratis. La siguiente pregunta es: ¿Se puede pagar con tarjeta? Y la respuesta es que no. Sólo se admite pago en efectivo o con la tarjeta turística  Zaragoza Card. Quedaría otra pregunta por hacer: ¿Dónde va el dinero que los visitantes pagan por entrar a La Seo? O, con mayor amplitud: ¿Dónde va el dinero que los visitantes pagan por entrar en las decenas de templos católicos que cobran por el acceso?

La Conferencia Episcopal (CE) afirma desconocer las cuantías y asegura que las distintas diócesis no la detallan en la información que le remiten para elaborar sus documentos de resultados económicos.

La última memoria de actividades de la Iglesia Católica en España, correspondiente a 2015 y entregada al Ministerio de Justicia, no ofrece la menor pista, aunque se presenta como un ejemplo de transparencia. Creer que el dinero recaudado se dedica al mantenimiento de los templos o a gastos pastorales y asistenciales, como sostiene la CE, obliga a un acto de fe, porque las autoridades fiscales no lo comprueban ni la Iglesia tiene la obligación de demostrarlo.

La Iglesia católica cobra por la entradas a decenas de sus catedrales, en un proceso que no ha dejado de avanzar a lo largo de los últimos veinte años. Según ha comprobado infoLibre, al menos 40 catedrales cobran por la entrada, entre ellas las de Toledo, Salamanca, León, Burgos, Ávila, Sevilla y Córdoba. En ocasiones el acceso al recinto es libre, como en Santiago de Compostela, pero se pueden contratar visitas guiadas o a determinados espacios. A las catedrales de pago se suman decenas de iglesias, basílicas, monasterios y museos diocesanos que también tienen tarifa de entrada. Cada templo fija sus condiciones y precios, que se hacen públicos en los soportes oficiales del cabildo, la diócesis o las autoridades de turismo competentes. En ocasiones hay detalles que hay que cerrar en formularios o telefónicamente. Las distintas diócesis están además abriendo paso a empresas que gestionan profesionalmente los templos como activo turístico. La CE afirma que nunca se cobra en horario de culto.

En Burgos la entrada individual es de 7 euros; si el visitante forma parte de un colectivo de más de 15 personas baja a 6, mismo precio que para jubilados; los estudiantes pagan 4,5 euros; los peregrinos, desempleados y miembros de familias numerosas, 3,5; los discapacitados, 2; los niños de entre 7 y 14 años, 1,5. Los precios incluyen audioguías, aunque en otras catedrales va aparte. Los martes de 16.30 a 18.30 es gratis. Es sólo un ejemplo, pero el esquema es válido para la mayoría: una tabla de precios con descuentos y en ocasiones gratuitad para los residentes en la ciudad donde se encuentra la catedral, como ocurre en Tui (Pontevedra), en Salamanca o en Cádiz, entre otras. Siempre se reservan horarios de acceso libre.

Las visitas pueden ir integradas en tours turísticos más amplios, que frecuentemente incluyen la entrada al museo diocesano. La horquilla de precios es amplia, aunque una tarifa común son 5 euros por una entrada individual de un adulto. Ésa es la cuantía en ciudades como Granada, Guadix, Almería, Cádiz, Jaén, Palencia, Ourense, Ávila, Pamplona o Tarragona, según las informaciones hechas públicas por las propias autoridades eclesiásticas. El mismo precio se da en Zamora, aunque allí también hay visitas nocturnas en grupos de hasta 30 personas por 12 euros cada una. Algo menos, 4,75, cuesta en Salamanca la entrada individual.

Interior catedral de Toledo / EFE. Ismael Herrero

En León son 6 euros. En Oviedo cuesta 7, pero es gratis para “escolares de Asturias con profesor de Religión”, entre otros colectivos. En Sevilla el precio de la entrada individual de adultos es 9 euros. Toledo tiene la oferta más desarrollada. “Con la entrada-donativo está colaborando al mantenimimiento de la Catedral y sus Museos, y a los fines benéficos asistenciales de la Iglesia”, señala en su web, antes de detallar las tarifas, que empiezan por 12,5 euros la visita a la catedral, los museos, la capillas de los reyes, claustros y torres. Córdoba cobra 10 euros a los adultos y 18 en visita nocturna. En el otro extremo están catedrales como la de Calahorra, con 2 euros la entrada para grupos de menos de 20 personas y 1,5 para grupos de más de 20. Hay fórmulas en las que el pago por acceso se hace menos evidente. En Barcelona la entrada se presenta como gratuita, aunque dependiendo de los horarios se reclama “un donativo”. Dicho “donativo” está cuantificado 1 euro en la Catedral de la Almudena de Madrid.

“Aportación voluntaria” de los fieles

La Conferencia Episcopal no detalla cuánto suponen los ingresos por estas entradas. El apartado más detallado de su memoria económica es el de Valor económico generado por la Iglesia, dividido en seis epígrafes que suman 882 millones de euros. De ellos, 320 provienen de la “aportación voluntaria” de los fieles, lo que incluye “colectas” y “enajenaciones de patrimonio”. Otro apartado son “cobros de explotación”, que suman 208 millones. Ahí entra el alquiler de inmuebles, “actividad económica” e “instituciones diocesanas”. En ningún punto se hace referencia a los ingresos por entradas. El grado de detalle es insuficiente incluso para hacer una aproximación. infoLibre preguntó a la Conferencia Episcopal: ¿dónde se computan los ingresos por accesos a los templos y qué consideración tienen?; ¿cuál es su cuantía?; ¿qué tratamiento fiscal se les da, a efectos de declaración y tributación? No hubo respuesta. Según la CE, es un asunto de las diócesis.

La línea de argumentación habitual de la CE es que el cobro no llega ni siquiera a cubrir los costes de mantenimiento, pero no hay comprobación oficial de tal extremo. La Iglesia también asegura que el tratamiento fiscal de sus ingresos es similar al del resto de entidades no lucrativas acogidas a la Ley de Mecenazgo de 2002 y que no hay privilegios.

Las entidades acogidas a la Ley de Mecenazgo, como es el caso de la Iglesia y sus instituciones, disfrutan de exenciones de tributación del impuesto de sociedades cuando sus ingresos se destinan a los fines que dicha norma considera de interés social. Esta ley se aplica a las entidades de la Iglesia Católica contempladas en el Acuerdo sobre Asuntos Económicos  suscrito entre el Estado español y la Santa Sede en 1979. El requisito que debe cumplir la Iglesia para su exención es la sujeción a las normativas de patrimonio del Estado y las comunidades autónomas. El quid reside en que es la propia Ley de Mecenazgo la que reconoce a la Iglesia unos fines de interés general, que luego no tiene la obligación de acreditar a efectos de justificación económica. Ni el Gobierno ni el Tribunal de Cuentas fiscalizan ni siquiera el uso que la Iglesia da al dinero recibido vía IRPF, menos aún el que percibe por las entradas a sus templos. En similar situación queda lo recaudado en cepillos o por servicios de bodas, bautizos y comuniones.

Interior catedral de Oviedo / web oficial

Contabilización de ingresos

José María Mollinedo, secretario general del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), afirma que “cualquier ingreso se tiene que contabilizar” y señala que una entrada no debería considerarse nunca “un donativo”, ya que éste no puede tener un precio fijo. En cuanto a la tributación, “habría que ver los fines a los que se dedican los ingresos, si están destinados en su totalidad a los fines de la asociación [en este caso la institución eclesiástica que corresponda] o hay un ánimo de lucro”, señala Mollinedo.

“Si los ingresos se dedican a compensar gastos de mantenimiento, no cabe hablar de un valor añadido objeto de tributación. Otra cosa es cuando hay un gran volumen turístico y podría haber un excedente por diferencia entre ingresos y gastos. Pero también en este caso es difícil que sea objeto de tributación, incluso a un tipo menor, porque se destinará a los fines propios de la institución. Por una vía o por otra queda exento”, añade. El motivo es que son los propios fines de la institución los que otorgan el beneficio fiscal. Y eso es así aunque se han dado casos como que chocan con esta presunción, como cuando la Iglesia invirtió en Abengoa  dinero de la mezquita Catedral de Córdoba. La Iglesia se beneficia de un estatus fiscal propio de una ONG, aunque no siempre actúa como tal.

Escasa transparencia

Con los datos que la Iglesia y las distintas diócesis ofrecen, es imposible saber a cuánto ascienden los ingresos por entradas a las catedrales y el resto de templos. No es sólo que no está recogido en en la memoria de la Conferencia Episcopal, es que tampoco lo está en los apartados de transparencia de cada uno de los obispados que publica la CE. Las fichas de transparencia de las diócesis distinguen entre “aportación de los fieles”, “asignación tributaria”, “ingresos de patrimonios y otras”, “otros ingresos corrientes” e “ingresos extraordinarios”.

Ni el Cabildo ni la Diócesis de Córdoba, por ejemplo, recogen en sus apartados de transparencia dato alguno que oriente sobre lo recaudado por las entradas a la Mezquita-Catedral, que recibió en 2016 más de 1,6 millones de visitantes. Otras diócesis sí hacen aproximaciones en sus propias memorias económicas, como la de Sevilla, que cifra en más de 13 millones los recursos generados por la catedral, repartiéndolos también entre “aportaciones voluntarias” e “ingresos de patrimonio”, entre otros. De forma dispersa y episódica, otras diócesis también ofrecen puntualmente datos de número de visitantes anuales, pero no quedan reflejados en la memoria de la CE. Las diócesis tampoco recogen en los apartados de transparencia de sus webs –si los tienen– la cuantía de los ingresos por entradas a sus templos.

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