Una basílica para expiar la revolución: lo que Covadonga comparte con Montmartre

octubre 11, 2026

Tras la Comuna de París y los cantones del Sexenio, las derechas católicas de Francia y España levantaron sendas basílicas para pedir perdón por la revolución y conjurar su regreso.

Covadonga y Montmartre en construcción
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Pablo Batalla, Nortes, 11 de octubre de 2026

Una se levantó en la colina donde había estallado la Comuna de París; la otra, en la cuna mítica de la nación española. El Sacré-Coeur de París y la basílica de Covadonga son hijas de un mismo miedo: el que las revoluciones de 1868 a 1874 inspiraron a las gentes de orden. Las dos se pagaron con limosnas de multitudes de fieles, las dos se encaramaron a una altura para ser vistas y para vigilar, y las dos buscaron en un pasado remoto el antídoto contra un presente que las aterraba.

El miedo al rojo

París tuvo una Comuna y España, cantones. El Sexenio Revolucionario español no fue tan violento, ni llegó tan lejos, como la Comuna de París, pero no asustó menos a las gentes «de orden» del país. Práxedes Mateo Sagasta, viejo revolucionario liberal, vio en la Comuna de París «los hechos más bárbaros que registran los anales de la Historia» y, ya en las Cortes del Sexenio, promovía la ilegalización de la Internacional, «verdadera conspiración contra todo lo existente». Y la salvaje represión de los communards por la Tercera República Francesa no debió de desagradarle: en la Semana Sangrienta de mayo de 1871, las tropas versallesas de Adolphe Thiers mataron a entre diez mil y veinte mil parisinos, y en los meses siguientes unos cuarenta mil fueron detenidos y alrededor de cuatro mil quinientos deportados a Nueva Caledonia.

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