El Dicasterio de Doctrina de la Fe emite un decreto que deja fuera de la Iglesia católica al grupo ultraconservador, un día después de que celebrara por su cuenta cuatro ordenaciones episcopales

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Fuentes El País (Íñigo Domínguez) | Religión Digital (Andrea Tornielli), 2 de julio de 2026
El Vaticano ha confirmado oficialmente a las 9.00 de este jueves que el grupo ultraconservador de los lefebvrianos ha incurrido en un cisma de la Iglesia católica al ordenar el día anterior a cuatro obispos por su cuenta, sin mandato del Papa, en una ceremonia celebrada en Suiza.
Un breve decreto del Dicasterio de Doctrina de la Fe, firmado por su prefecto, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández ha informado de que “a pesar de las advertencias dirigidas al superior general de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, el obispo Alfonso de Galarreta, al cometer un acto cismático mediante la consagración episcopal de cuatro sacerdotes, sin mandato pontificio y contra la voluntad del Sumo Pontífice, ha incurrido ipso facto en las penas previstas en los cánones 1387 y 1364 § 1″ del código canónico. Por lo tanto, concluye, tanto él como los cuatro obispos ordenados han caído de forma automática en la excomunión. Y también un segundo obispo de la entidad, Bernard Fellay, que concelebró la ceremonia.
Tanto Galarreta, español, como Fellay, suizo, son reincidentes, pues son dos de los cuatro obispos (los otros dos ya han fallecido) que ya fueron excomulgados en 1988 por Juan Pablo II, cuando esta organización celebró un rito similar por primera vez y desafió a la Santa Sede. Los cuatro obispos consagrados ilícitamente el miércoles son el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade, y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier.

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La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por el arzobispo Marcel Lefebvre, ha vuelto a cometer 38 años después un acto cismático, que les separara del Papa y de la comunión con la Iglesia de Roma al consagrar obispos sin el mandato pontificio y en contra de la voluntad, en este último caso, de León XIV.
Más allá de la cuestión teológica, de la pequeña dimensión del grupo -cuenta con 730 sacerdotes, está presente en 70 países y dice tener en torno a medio millón de feligreses- y de que la decisión puede sonar a evento de otra época, es un hecho relevante para la vida de la Iglesia católica. Un cisma no ocurre todos los días. Cualquier ruptura de unidad es vista como una herida y un riesgo grave, y hacía siglos que no sucedía. Históricamente, el último cisma importante fue el anglicano, en 1534.
Las decisiones de Lefebvre
Los lefebvrianos son llamados así por ser seguidores de Marcel Lefebvre, un obispo francés que fundó este movimiento en 1970 para oponerse a las reformas modernizadoras del Concilio Vaticano II, visto como una traición a la tradición de la Iglesia. Este grupo reclama la misa en latín y con el cura de espaldas a los fieles y reniega de la libertad religiosa y el reconocimiento del resto de confesiones, consideradas “obra del demonio”. Reivindica, además, una concepción casi medieval de que los Estados deben estar sometidos a la Iglesia, que posee la única verdad.

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Durante el Concilio Vaticano II, el arzobispo francés Marcel Lefebvre, miembro de la minoría conciliar que se oponía a algunas de las reformas, firmó, no obstante, la Constitución sobre la Liturgia (Sacrosanctum Concilium) y la Declaración sobre la Libertad Religiosa (Dignitatis Humanae). Cabe recordar también que Lefebvre celebró la Misa de 1965, que contenía las primeras reformas litúrgicas, aún experimentales. Tras fundar la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X en 1970, con su propio seminario en Écône, en la diócesis suiza de Friburgo, y con el reconocimiento del obispo diocesano, François Charrière, Lefebvre se negó a celebrar según el nuevo Misal Romano y, en 1974, definió las introducidas por el último Concilio como «innovaciones destructivas para la Iglesia». «Nos negamos», declaró por escrito el 21 de noviembre de 1974, «y siempre nos hemos negado a seguir a la Roma de las tendencias neo-modernistas y neo-protestantes, que se manifestaron claramente en el Concilio Vaticano II y, posteriormente, en todas las reformas que de él se derivaron. Todas estas reformas, de hecho, han contribuido y siguen contribuyendo a la destrucción de la Iglesia…».
Pero además es interesante observar cómo esta organización integrista y tradicionalista se ha subido a la ola ultraconservadora global. El cisma es un movimiento más en ese sector ideológico, que ya empieza a considerar al nuevo papa, León XIV, como su enemigo, como ocurrió con Francisco. Los ataques de Donald Trump al Pontífice el pasado abril fueron los que marcaron la ruptura definitiva, después de un año de tregua tras su elección. El Papa es muy consciente de ello, y ya en noviembre alertó a los obispos españoles en su visita a Roma de que su mayor preocupación era la manipulación de la Iglesia desde los extremismos, tal como reveló EL PAÍS.
Los lefebvrianos han vuelto a cobrar protagonismo en los últimos años. Benedicto XVI les levantó la excomunión en 2009, en un polémico intento de reconciliación —uno de ellos, el británico Richard Williamson, acababa de negar el Holocausto—, pero las conversaciones para que volvieran a la disciplina vaticana fracasaron. Francisco, al que detestaban, restringió aún más la posibilidad de oficiar la misa en latín. Ahora, después de años de infructuosas conversaciones, han vuelto a las andadas, al constatar que el nuevo papa, León XIV, no va a cambiar la línea de la Iglesia.
La escisión ocurrida el pasado 1 de julio tiene graves consecuencias no solo para los obispos y sacerdotes lefebvrianos, sino para todos los fieles, dado que -como se afirma en la Nota Explicativa del Dicasterio para la Doctrina de la Fe– los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal «administran ilícitamente los sacramentos, y que el sacramento de la penitencia administrado por ellos y los matrimonios asistidos por ellos son inválidos».
El decreto de la Santa Sede hace extensiva la excomunión a todos aquellos que sigan a partir de ahora a este movimiento considerado cismático: “Se advierte a los clérigos y fieles laicos que no se adhieran al cisma de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, pues incurrirían automáticamente en la pena de excomunión”.
El decreto ha sido publicado junto a una nota explicativa, que advierte que los sacerdotes de esta organización “administran ilícitamente los sacramentos y que el sacramento de la Penitencia administrado por ellos y los matrimonios asistidos por ellos son inválidos”. Por ese motivo, la nota exhorta a todos los fieles “a abstenerse de participar en las celebraciones y actividades promovidas” por la sociedad sacerdotal. En todo caso, señala, la Iglesia “acogerá con sincero afecto y profunda preocupación a todos aquellos que deseen regresar a la plena comunión”.


















