En enero de 2026, el 18,2% se declaraba católico practicante y un 15,3% ateo, según el CIS. El barómetro sobre religión y creencias dibuja un paisaje de declive de la tradición. En paralelo, describe la aparición de creencias difusas, espiritualidades heterodoxas y formas híbrida

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Raúl Bocanegra. Público, 14 de febrero de 2026
El paisaje religioso en España está en transformación. En estos últimos años, desde 2020, el año de la pandemia, el panorama se ha agitado. Existe hoy un pluralismo, que se ha basado en el declive paulatino del catolicismo —que, sin embargo, es aún por mucho dominante—, en el aumento del número de ateos, que se sitúa, aún por debajo pero cerca (a 2,9 puntos) de quienes se afirman como católicos practicantes, y en el surgimiento de otras espiritualidades, heterodoxas, híbridas, según se extrae de las encuestas del CIS, del barómetro sobre religión y creencias y de variados trabajos del ámbito de la sociología consultados por Público.
En enero de 2026, según el CIS, que pregunta periódicamente por las creencias, lo que permite ver su evolución en el tiempo, el 18,2% se declaraba católico practicante, a lo que hay que sumar otro 36,3% que se dice católico no practicante (la suma da 54,5%) y un 3% que afirma ser creyente de otra religión. El 13,4% se define como agnóstico, otro 12% como indiferente, no creyente y un 15,3%, como ateo (la adición de estas tres categorías da 40,7%).
En enero del año 2021, un lustro antes, los católicos superaban aún el 60% y la suma de agnósticos, no creyentes y ateos estaba en el 34%, según el CIS. Esta creciente diversidad es un proceso que viene de mucho más lejos, largo y de fondo, que ha tenido varias etapas, desde el monopolio católico franquista, y que se conoce como secularización, en el que más ateísmo y nuevas espiritualidades le comen terreno a la hegemonía del catolicismo en España.
Religiosidad de la población española (enlace al gráfico interactivo)
En % sobre el total. Fuente: CIS

El barómetro sobre religión y creencias, elaborado por un equipo de expertos universitarios y la Fundación Pluralismo y Convivencia profundiza en el estado de la cuestión. Este trabajo, publicado a finales del año pasado dibuja, en efecto, un paisaje religioso «fragmentado y en transición, caracterizado por el declive de las formas religiosas tradicionales y el surgimiento de creencias difusas, espiritualidades heterodoxas y formas híbridas de pertenencia».
«A largo y medio largo plazo, efectivamente, se confirma el proceso de secularización de España y particularmente acelerado en estas dos primeras décadas del siglo del siglo XXI», afirma a Público el sociólogo, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Ruiz. «Los porqués son son muy variados», agrega el autor, entre otros trabajos, del ensayo La secularización en España. Rupturas y cambios religiosos desde la sociología histórica.
«Cada vez más la población española —expone Ruiz— se tiende a parecer más a la de la generación joven que va creciendo. La generación joven que va creciendo va modelando el rostro de esa sociedad española. A día de hoy, cada vez más ese espacio de los adultos está siendo ocupado por jóvenes que no han recibido ningún tipo de socialización católica. En muchos casos son los hijos de los católicos no practicantes. En las últimas décadas, cada generación ha ido en España transmitiendo con menos fuerza los elementos religiosos y ese es una de los principales motores, la transmisión generacional».
El barómetro sobre religión y creencias recoge, en este sentido, lo siguiente: «Se observa también una reducción significativa en la transmisión de rituales religiosos a las generaciones más jóvenes: aunque un 85% hizo la primera comunión o ritual equivalente en otras confesiones y un 87% cursó la asignatura de religión, únicamente el 38% animaría a sus hijos/as a hacer la comunión o similar y solo un 39% dice que sus hijos/as cursarían la asignatura de religión en la escuela».
En la misma línea, se lee en el trabajo, «la escolarización en centros con ideario religioso pasa del 50% (experiencia propia) al 30% (elección para hijos/as). De nuevo, los porcentajes descienden de manera significativa si comparamos las cifras de las personas más jóvenes (18 a 34 años) y los de las personas de 50 y más años».
Ruiz añade otro factor que explica ese proceso de secularización: «El siglo XXI coincide con toda una serie de cambios a nivel global que en cierto modo también han planteado nuevas dudas, nuevos retos, nuevas problemáticas para las religiones: la globalización, la digitalización, el cambio de preferencias y de valores, también los valores morales, sexuales, las formas de vivir, los derechos sexuales y reproductivos, etcétera. [Esto] ha generado también cierta dialéctica en ocasiones con el elemento religioso sobre todo en ese inicio del siglo».
El 72% de la población considera, según el barómetro, que la religión ha perdido relevancia en la sociedad actual y el 42% señala que ha perdido mucha o bastante importancia: «Son las personas con una mayor trayectoria vital (de 50 años y más) las que perciben en mayor medida esta situación».
Para José Antonio Naz, presidente de Europa Laica, «la sociedad española se percibe como católica por su historia desde el antiguo régimen pasando por el Estado nacionalcatólico franquista y la transición ejemplar que se establece sobre las bases de la Iglesia y la Monarquía».
«Eso ha hecho —continúa— que se conciba el catolicismo como tradición, lo que se materializa en la influencia cotidiana de elementos religiosos planteados como costumbres, desde las fiestas hasta las celebraciones o la Semana Santa. Pero casi nada de esto y casi nadie vive todo esto como sentimiento religioso. Prácticamente nadie dentro de la Iglesia se dedica a predicar los dogmas o las normas de vida y mandamientos católicos, y muy pocas personas, incluso del escaso 20% que se declara practicante, viven siguiendo los principios de la fe religiosa que dicen tener».
«En este sentido —remacha Naz el argumento—, podemos decir que la secularización es inmensamente mayoritaria en nuestro país, pero paradójicamente los hábitos y apariencia social e institucional parecen propios de un Estado confesional. La mayoría social secularizada y todas las personas creyentes demócratas deberíamos comportarnos como ciudadanos y ciudadanas que respetan la libertad de conciencia y las creencias en un Estado neutral, separado de las instituciones religiosas. Laico».
Formas emergentes de espiritualidad
A mayor edad, se produce una mayor identificación religiosa, según el barómetro. El 56% de los mayores de 64 años se define como una persona con creencias religiosas frente al 33% de las personas jóvenes de 18 a 24 años. La juventud es el segmento más secularizado (el 61% se identifica como indiferente, agnóstico/a o ateo/a), pero al mismo tiempo, también es el que muestra mayor apertura hacia formas de espiritualidad emergentes: un 31% de las personas jóvenes de 18 a 24 años dice creer en algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital, un 29% cree mucho o bastante en la astrología y un 23% en la videncia, resultando significativamente superior al resto de franjas de edad.
Personas que no se identifican con ninguna confesión religiosa (indiferente+agnóstico+ateo), por tramos de edad (enlace al gráfico interactivo)
En % sobre el total. Fuente: Barómetro de Religión y Creencias

Las mujeres se identifican en mayor medida como creyentes (52%) en comparación con los hombres (46%), declaran en mayor proporción que la religión o la espiritualidad da sentido a su vida y muestran mayor apertura hacia las nuevas formas de espiritualidad. También participan más que los hombres en actividades religiosas y/o espirituales (rezar, meditar, encender velas o realizar ofrendas, yoga, etcétera).
Entre los datos que aporta el barómetro está que el 54% se identifica con alguna religión y el 42% es indiferente, agnóstico o ateo. El barómetro, frente al CIS, reduce el peso del catolicismo al 46% y eleva al 8% el de otras confesiones religiosas. Una explicación que aporta a Público el sociólogo Rafael Ruiz es que el barómetro incluye también población extranjera que habita en España: las personas nacidas en América (un 57%) y en África (un 68%) se consideran más creyentes.
«La no identificación con una confesión religiosa —añade este estudio— no implica necesariamente la ausencia de creencias y prácticas espirituales: un 20% de quienes declaran no tener creencias religiosas, se autodefine como una persona espiritual sin pertenecer a ninguna confesión religiosa. Un 35% de este mismo colectivo afirma que puede existir algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital o cree en el poder de la naturaleza y la madre tierra. Entre las personas agnósticas la creencia en el poder de la naturaleza y la madre tierra asciende al 56%».
«Encontramos porcentajes destacados de la población que afirman creer en mayor o menor medida en la existencia del alma (63%), las energías (64%), la astrología (42%) o la reencarnación (37%)», recoge el barómetro.
«También es relevante —añade— la práctica de actividades como meditar (40%), encender una vela o hacer una ofrenda con fines espirituales (37%), hacer yoga (22%) o consultar el tarot (10%). Estas formas de espiritualidad cotidiana, muchas veces híbridas y desinstitucionalizadas, revelan la existencia de una búsqueda activa de sentido más allá del marco religioso tradicional».
Actividades realizadas en 2025 (enlace al gráfico interactivo)
% respuesta afirmativa. Fuente: Barómetro de Religión y Creencias

El barómetro recoge estos datos también: «La mayoría de quienes reconocían tener creencias religiosas declaran creer en un dios único y una cuarta parte (23%) cree que existe algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital». Incluso entre quienes reconocieron no tener creencias religiosas, una de cada tres personas (35%) cree que «puede existir algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital o cree en el poder de la naturaleza o la madre tierra». Solo una cuarta parte del total de personas entrevistadas piensa que no existe ningún tipo de espíritu, dios o fuerza vital.

El alboroto que ha causado en el mundo religioso el último disco de Rosalía, junto con la película Los Domingos y otras expresiones culturales es algo que la sociología había empezado a estudiar antes. Así en un artículo titulado Espiritualidad: más allá de las modas que tiene unos años ya, escribía Mar Griera, catedrática de Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona, miembro del grupo de Investigaciones en Sociología de la Religión: «La espiritualidad está en auge, la religión no. Las encuestas lo reflejan de manera clara. Ahora mismo, por ejemplo, el porcentaje de personas que se declaran religiosas ha disminuido de manera sostenida en las últimas décadas y no parece tener freno. No ocurre lo mismo con la espiritualidad. Cada vez hay más personas que se reconocen como tales«. «El tema Rosalía, la vuelta a la religión, es un poco precipitado. No sé cuánto durará, no sé qué efectos tendrá en el medio plazo», abunda Rafael Ruiz.
«Existen numerosos signos por todo el mundo de una reconsideración de la cuestión de dios«, considera Fernando Vidal, profesor de sociología de la Universidad Pontificia de Comillas. «Vivimos un tiempo —expone— en el que el marco reflexivo se ha mostrado insuficiente, se han degradado las capacidades personales y colectivas de interioridad y discernimiento, la ciencia y universidades están bajo el dominio hipercapitalista, el mundo se ha desespirituaizado en relación no solo a dios, sino el arte, el saber, el bien y la verdad, la cultura ha perdido humanismo y capacidad para iluminar, y la Inteligencia Artificial comienza a llenar los huecos de las carencias».
«Quizás los primeros signos han procedido del ámbito cultural. Hay muchos artistas, músicos, escritores y pensadores en el mundo que han hecho que la filosofía, la cultura y el arte vuelva a abrirse libérrimamente a la cuestión de dios y a interactuar con imaginarios religiosos. La demanda de meditación no ha cesado de crecer por muy diversas vías, los medios se han diversificado, los retiros se han multiplicado y se ha extendido su práctica en numerosos lugares. Eso sí, en competencia con la mórbida adicción a las pantallas y al trabajo», prosigue Vidal.
«La necesidad de una reflexividad muchísimo mayor hace mirar a las sabidurías de las que dispone la humanidad, incluidas las de fuentes religiosas, pero también a los modos como la religión piensa, interioriza, forma, celebra, la relación en su depósito sapiencial entre capas históricas de tanto recorrido. Hay sed de disposiciones muy características de la espiritualidad que han sido deterioradas como el silencio, la contemplación, la lectura, la escucha, la esperanza, la compasión o el acompañamiento. La ilustración que necesitamos para salvar y profundizar la civilización necesita sobre todo de nuevos medios y pedagogías de interioridad», añade Vidal.
«El diagnóstico es muy difícil —analiza Vidal— en esta fase de tanta volatilidad y cambios tan extremos y rápidos. [Pero sí] hay un movimiento profundo que hace un acto de libertad abriéndose a interrogar y explorar la cuestión de dios, y eso no tiene color político, se está dando en todo el arco ideológico y toda la diversidad humana».
«El fenómeno del rebrote de la espiritualidad en la juventud ha sido muy tratado y debatido últimamente en los medios. Los análisis sociológicos y las encuestas y estudios al respecto concluyen que esa espiritualidad no está relacionada en la mayoría de los casos con la práctica de una religión o la pertenencia a una Iglesia, dirigiéndose más a ámbitos de solidaridad, paz o respeto del medio ambiente. Podemos decir que la secularización sigue avanzando pero el catolicismo se está radicalizando y se hace más visible», analiza José Antonio Naz.
Religión e identidad y el «secuestro del catolicismo»
En este tiempo, el embate de los grupos ultrarreligiosos e integristas ha podido generar, a juicio de Rafael Ruiz, «una secularización de parte del elemento más joven y más vinculado a la izquierda». «Hay cierta politización de la cuestión religiosa —expone Ruiz— que en cierto modo ha hecho que el factor católico en algunos segmentos pierda la transversalidad que había tenido hasta finales del siglo XX. Hasta finales del siglo XX muchos de los análisis señalaban que a pesar de las diferencias políticas y sociales, el catolicismo seguía siendo un factor transversal, tanto a la derecha como a la izquierda».
«Ha perdido transversalidad hasta 2015 —apunta Fernando Vidal— y desde entonces ha habido una lenta recuperación, aunque no está decantado que vaya a segur siendo así. La voluntad de la Iglesia es que sea así, pero aún falta mucha credibilidad y que la Iglesia logre hacer lugares inclusivos y acogedores de verdadera sinodalidad. Hay muchos espacios católicos que son así, especialmente ONG y centros educativos, pero falta bastante para que vuelvan a serlo muchas parroquias y casi todo el mundo de curias. La sinodalidad todavía no ha dado suficiente forma interior a los corazones y espacios. Sin duda la fundación de los partidos ultraderechistas ha sido y está siendo muy sostenido por nuevos movimientos católicos, espacios de universidad católica y grupúsculos radicales».
«En el siglo XXI se detecta un [giro conservador] del factor católico. Eso, ¿cómo repercute en la secularización? —se pregunta Rafael Ruiz—. Si hasta finales del siglo XX, el votante de izquierda era mayoritariamente católico, cada vez lo es menos. Y ese juego político, esa polarización, pues ha podido jugar también un [papel] en la propia secularización. Personas que antes veían como integradora a la iglesia, pues ahora pueden decir: Esto es al final un club de gente que no concuerda con algunos valores que yo comparto«.
«Además, el hecho de que en los últimos años haya emergido un partido de extrema derecha [Vox] que se proclama defensor de la identidad cristiana, lejos de recristianizar, posiblemente haya sido hasta la fecha lo más efectivo para que a esa persona de izquierdas le cueste más identificarse como católico. Por la apropiación: el sociólogo Olivier Roy habla del secuestro del catolicismo por parte de la extrema derecha», agrega Rafael Ruiz.
Para José Antonio Naz, «el catolicismo en nuestro país históricamente siempre ha estado aliado a los poderes económicos y a los sectores políticos conservadores, siendo el pegamento de la unidad de España representada por el trono y el altar. Aunque existen movimientos y colectivos católicos de base que se encuentran más cerca y comprometidos con las capas sociales más progresistas y de izquierdas, la Conferencia Episcopal y la mayoría de la Iglesia se ha manifestado siempre y ha apoyado los posicionamientos políticos de la derecha». Este periódico se puso en contacto con la Conferencia Episcopal para recabar su análisis, pero en el momento de publicación de esta crónica no había recibido respuesta.
«La diferencia del momento actual con respecto a hace varios años es que se percibe explícitamente una interrelación mucho mayor con esos partidos y con los posicionamientos más ultraconservadores de los mismos. La Iglesia ya no intenta aparentar una independencia o separación de los debates políticos. Y toma partido claramente, y en muchos casos de manera coordinada, con las derechas de este país. Ejemplos: el presidente de la Conferencia Episcopal en actos político-ideológicos de Vox, o pidiendo el adelanto electoral».
«Es una versión —añade Ruiz— más identitaria, más cultural, no tanto religiosa. Y, de hecho, entre Vox y la Iglesia Católica pues ha habido diferentes disputas, incluso en torno al tema de la migración, que es un eje de separación entre, vamos a decir, el catolicismo más religioso y el catolicismo más identitario».
A pesar de que en los últimos años, expone Ruiz, ha descendido mucho el número de católicos, el número de católicos más activos se ha estabilizado. «Y el decrecimiento —agrega el sociólogo— en los últimos tres años más o menos para el conjunto de la población se ha ralentizado y se detecta un crecimiento entre los jóvenes, entre la generación más joven».
Los datos al respecto son los siguientes, según el barómetro: «A pesar de que el 54% de la población española se identifica con alguna religión, solo el 17% mantiene una práctica religiosa regular, el 16% participa de forma estable en comunidades de fe y el 31% declara que la religión da mucho o bastante sentido a su vida».
Este segmento de creyentes practicantes del 17% «no se concentra en una franja concreta de edad o sexo, pero sí se observan diferencias notables entre el colectivo católico y el de las minorías religiosas: el porcentaje de personas practicantes entre las confesiones diferentes a la católica es significativamente superior».
Así, para los expertos que han elaborado el barómetro, «la pertenencia católica se sostiene más como identidad cultural que como espacio normativo o de pertenencia activa: el 44% de este mismo colectivo no se consideran personas espirituales ni interesadas en lo sagrado».

















