«…Todos los hombres son por turnos víctimas y verdugos. Nuevos sufrimientos, que se suman a los que aporta la naturaleza, son el único fruto que la humanidad puede obtener de las religiones dogmáticas…», Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet

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26 de diciembre de 2025
Hace apenas unos meses era noticia la publicación en español, por primera vez, del Almanaque antisupersticioso escrito por Condorcet en 1774 y que en francés no se publicó hasta 1992. Ni siquiera formó parte la obra publicada como «completa»: Los 12 volúmenes que reúnen las reúnen, publicadas en París entre 1847 y 1849 bajo la dirección de François Arago y Arthur O’Connor, yerno del filósofo, no lo incluyeron.
En el Almanaque, obra juvenil y militante, no vamos a encontrar al Condorcet matemático, sino al Condorcet indignado con la Iglesia católica, «de todas las sectas cristianas la más ridícula, y por tanto, la más intolerante. He aquí «el relato de los asesinatos, las masacres, las sediciones, las guerras, las torturas, los envenenamientos, las maldades y los escándalos que desde hace 1774 años forman la historia del clero católico», señalan en la sinopsis de la editorial Laetoli que lo ha publicado recientemente.
Jean-Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet (1743-1794) fue matemático, filósofo, político, secretario perpetuo de la Academia de Ciencias, ilustrado, reformador, antiesclavista, anticlerical, profeminista, projudío, proprotestante, y formó parte activa en la primera etapa de la Revolución francesa en posiciones democráticas radicales. La Asamblea legislativa aprobó el sistema educativo laico propuesto por Condorcet, quien redactó también un borrador de Constitución.
A modo de prólogo, una introducción del marqués de Condorcet
Almanaque antisupersticioso
Solamente un reducido número de hombres tiene la capacidad de seguir un razonamiento, y casi nadie la fuerza mental que se requiere para remontarse a los orígenes de una idea. Se debe, por consiguiente, hablar a los pueblos mediante hechos.
De ahí que los hombres, preocupados por la conservación de la moral cristiana, han escrito esos libros que se llaman vidas de santos. Allí se encuentra para cada día del año la vida de un héroe del cristianismo, y las personas que han cultivado menos su espíritu aprenden gracias al ejemplo de los santos lo que deben hacer para mantenerse firmes en el camino de la salvación. Allí ven cómo se puede llegar a merecer el cielo, sea manteniéndose durante treinta años sobre una columna con un pie en el vacío, sea acostándose con una mujer de nieve o dando sermones a los peces. Allí se aprende a querer a los amigos, como en el caso del hermano Félix, quien al encontrar al hermano Filippo Neri, su amigo, le dijo: «Quisiera verte arder». Y este respondió: «Y yo quisiera verte colgado». Allí se aprende a ser buen padre y buen marido, como san Hilario; buen juez, como san Ambrosio, quien se entretenía ordenando torturar a otras personas para dar una mala impresión de sí mismo, etc. Hemos compuesto este librito con la esperanza de que los soberanos, las personas con cargos importantes, que no tienen tiempo ni para leer ni para profundizar en las grandes cuestiones de la moral y de la teología, puedan encontrar aquí una idea justa de la bondad de la moral cristiana, de la utilidad pública de esta religión y del espíritu caritativo que anima a sus sacerdotes.

Esperamos que sea útil también a las almas devotas. Ellas encontrarán aquí los principios de la intolerancia cristiana en toda su pureza. Hemos visto con dolor que algunos autores modernos han tenido la flaqueza de disimularlos por temor a escandalizar a los débiles.
Para evitar la penosa monotonía de una lista de masacres, hemos incluido algunos artículos sobre los filósofos que más se han distinguido en la lucha contra la superstición y de algunos hombres de letras que han sido perseguidos. Finalmente, para entretener a nuestros lectores, nos hemos permitido insertar algunas anécdotas tomadas de las vidas de los santos y algunas exposiciones inocentes acerca de lo más picante que hay en los misterios.
Nos hemos detenido en particular en los actos de fanatismo cometidos en Francia por los católicos. Esto no significa que las comuniones protestantes no hayan podido aportar cosas de la misma naturaleza o similares. Pero este librito está principalmente destinado a la instrucción de los franceses católicos, y hemos pensado que los ejemplos domésticos les impactarían con más intensidad. Además, los católicos franceses tienen cosas a las que otros no pueden ni siquiera aproximarse. Por ejemplo, ¿no es algo único que, de cuatro reyes de la casa de Borbón, los sacerdotes hayan hecho asesinar a dos?
Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat,
Marqués de Condorcet

















