Sus viñetas, que advierten sobre el pecado, la música rock o los juegos de rol, están traducidos a cien idiomas

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Fuente: Álex Serrano, El Periódico de España, 1 de agosto de 2024
En Esta es tu vida[1], una persona se planta en el día de su juicio final solo para comprobar cómo se proyecta todo lo que ha hecho a lo largo de su vida en una pantalla gigante. Es, probablemente, uno de los más célebres ‘Chick Tracts’, tratados evangélicos en formato pequeños cómics de 24 páginas con afán moral y evangelizador, que dibujó a lo largo de su vida Jack Chick, que habría cumplido 100 años en 2024 y que, a su muerte en 2003, contaba con el récord de ser el autor vivo con más volumen de publicación. Chick Publications, la editorial a través de la cual el dibujante norteamericano editaba y distribuía sus cómics, afirmaba que se habían distribuido 750 millones de sus libretos, que están disponibles en más de 100 idiomas. Un volumen apabullante de buenas a primeras que oculta, claro, una historia peculiar.
Jack Chick nació en 1924 y no se diferenciaba, aparentemente, de cualquier otro norteamericano de familia trabajadora de la época, más allá de una temprana habilidad para dibujar. Chick sirvió en el ejército estadounidense en la Segunda Guerra Mundial con 18 años, en escenarios como Nueva Guinea, Australia, Filipinas y Japón. Pasó todo su servicio sin disparar un solo tiro, asignado al departamento de criptografía. A su vuelta a la vida civil se casó, encontró un empleo como ilustrador comercial en una empresa aeronáutica al norte de Los Ángeles y desarrolló un creciente interés por la religión evangélica.
Llegó a considerar la posibilidad de convertirse en predicador, pero su aversión a hablar en público le disuadió. Y buscó alternativas. Un amigo misionero le comentó que en la China comunista utilizaba pequeños libros de historietas para propagar su ideario y decidió que el formato cómic, que en aquella época seguía siendo un medio de cultura popular con una distribución y audiencia enormes, podía ser un valioso instrumento para distribuir sus ideas religiosas.
Así es como empezó un imperio ideológico-editorial que, a día de hoy, sigue adelante: En 1960[2] obtuvo un préstamo y autopublicó su primer minicomic titulado Why No Revival? . Al poco tiempo se publicó A Demon’s Nightmare (1962). Con el tiempo llegaría a tener 250 títulos. Creados en la mesa de la cocina de su casa, los folletos de 24 páginas tenían ilustradas en blanco y negro, una orientación apaisada y tenían el formato de minicomics de la llamada literatura pulp: publicaciones con narraciones simples encuadernadas en rústica, baratas y de consumo popular. No está claro cuántas personas han participado en las publicaciones, pues éstas no suelen incluir créditos. Hasta la fecha, Chick Publications ha producido 800 millones de folletitos en múltiples idiomas. El muy exitoso modelo de negocio de Chick consistió en vender sus historietas a agrupaciones religiosas afines a sus creencias personales. A su vez, estas agrupaciones distribuirían las libretas de forma gratuita.

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Ideólogo en viñetas
“El legado ideológico de Jack Chick es increíble, hasta el punto de que su figura es esencial para entender el concepto de religión que maneja en la actualidad el movimiento MAGA (Make America Great Again) que rodea a Donald Trump”, asegura el periodista y escritor Javier Cavanilles[3], experto en teorías de la conspiración, sectas y temáticas forteanas (mantiene un blog Desde el más allá (más o menos) en la web de El Mundo). “Chick surgió en un momento de apogeo de pastores evangelistas estadounidenses como Billy Graham, que ofrecían una visión religiosa extrema pero institucionalizada y con conexiones con presidentes y gobernadores”.
Jack Chick operaba de manera independiente y su encendido discurso sobre el pecado y contra la iglesia de Roma, (a la que culpaba de haber creado el islam, el comunismo, el nazismo y la masonería) los masones, Halloween, la música rock, los juegos de rol o los musulmanes le acerca a lo que hoy conocemos como extrema derecha. “Aunque quizás su persona pasase desapercibida en su momento, su influencia era significativa”, cuenta Cavanilles, que añade que “el nacionalismo cristiano que apoya a Trump tiene sus raíces en personajes como él y Carl McIntire, quienes compartían una visión similar”.
Personajes como Chick, continúa el periodista “no tienen apego a la realidad convencional, lo que explica la relación del movimiento evangélico con figuras como Donald Trump, a quien muchos consideran un enviado de Dios. En internet, hay un movimiento de profetas que heredan la visión de los evangelistas originales. Las ideas conspirativas de Qanon, entre otras, están presentes en estos entramados de lo que podríamos denominar un complejo religioso-industrial, que interpretan la Biblia de una manera radical”.

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El periodista destaca que Jack Chick fue “mucho más que un dibujante”, ya que su manera de editar sus obras ha hecho que sus publicaciones se vendan en cantidades ingentes. Los ‘Chick Tracts’ tienen el tamaño aproximado de un billete de dólar y se distinguen por una portada con una ilustración monocroma y un título en un fondo negro. Las 24 páginas del interior recogen viñetas sorprendentemente efectivas a la hora de apoyar de manera incendiaria valores de pureza extremadamente exigentes.
En Estados Unidos estos cuadernillos se encontraban (y se encuentran) en los lugares más insospechados. Una caja de 25 ejemplares se puede adquirir por cinco dólares, algo más de veinte centavos por ejemplar, lo que los convierte en una herramienta evangelizadora y propagandística versátil y muy económica. “El movimiento evangélico en África y Asia utilizaba sus publicaciones traducidas a más de 100 idiomas como una herramienta muy útil”, cuenta Javier Cavanilles, que relata cómo “incluso hay quienes dejan sus cuadernillos en los baños de las gasolineras de manera totalmente underground. La obsesión de Chick no era el dinero, sino difundir su mensaje, y por eso publica y vende a un precio prácticamente testimonial”.
El pequeño formato de los minicomics hacía innecesario entregarlos personalmente[2]. Bastaba con dejarlos en cualquier parte: bajo el parabrisas de un automóvil, en la acera, en una cabina telefónica, etc. Si alguien los encontraba y los leía, el trabajo de evangelización estaba hecho. Su tamaño de bolsillo era ideal para que la gente los guardara.
Favorito del cómic underground
La fogosidad narrativa y el primitivismo de la obra de Jack Chik ha llamado la atención poderosamente de multitud de autores estadounidenses, principalmente del ámbito underground. Aunque alejados de sus parámetros ideológicos, autores como Jim Woodring o Daniel Clowes han declarado en varias ocasiones su fascinación por Chick. El autor de Ghost World y Mónica, que incluso hizo su propio Chick Tract en las páginas de su serie Eightball, recordaba en una entrevista reciente en el diario The Guardian haberse sumergido en la lectura de la obra de Jack Chick de manera intensa, y se refiere a ella como “la experiencia de lectura de cómic más devastadora que he tenido nunca”.
“Salvando las distancias, podríamos decir que Jack Chick era muy similar a Calpurnio, creador de Cutlass”, cuenta Javier Cavanilles, que argumenta que el dibujante norteamericano, “conseguía contar historias de terror estupendas en muy pocas páginas y con muy pocos recursos. Las historias casi siempre seguían el mismo patrón y terminaban igual, elaborando metáforas sencillas de manera muy elaborada”, concluye.

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Aunque la cacareada cifra de 700 millones de copias vendidas pueda tener algo de exageración, lo cierto es que Jack Chick vendió (y sigue vendiendo) muchísimo. Su editorial lleva cinco décadas en pleno funcionamiento y dando de comer a una docena de empleados y, medio en broma medio en serio, hay quien le describe como el teólogo más leído de la historia de la humanidad.
Como sucede a menudo, el halo de misterio que despertaba su personalidad tendente al aislamiento (acentuada por la muerte de su única hija en 1980 y de su primera esposa en 1998) y su costumbre de no conceder entrevistas ni realizar apariciones públicas han hecho que su figura cobre una dimensión poco convencional. Allá donde Steve Ditko, co-creador de personajes Marvel como Spiderman y el Doctor Extraño, llevó al extremo su entrega personal al objetivismo de la escritora Ayn Rand a través de una vida solitaria, espartana y ajena a su categoría de autor de prestigio y al éxito de sus principales creaciones, Jack Chick aplicó la misma energía y dedicación a sus ‘Chick Tracts’, alejándose de manera significativa del arquetipo de telepredicador norteamericano. “Poca gente conoció a Jack Chick personalmente, y quienes lo hicieron lo definían como una persona normal y sencilla. No parecía ser un tipo radical, simplemente estaba obsesionado”, cuenta Javier Cavanilles. “No era como Burt Lancaster en El fuego y la palabra, no era un evangelista de púlpito, sino que lo suyo era una relación más directa y personal con el lector”.
Cien años después de su nacimiento, la llama del fuego y azufre de las viñetas de Jack Chick sigue ardiendo con fuerza.
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[1] PDF Esta es tu vida
[2] Datos extraídos de Medium (El extraño evangelio de Chick)
[3] Escribe Javier Cavanilles en ¿Hacia un nuevo conspiracionismo?, a propósito de la llegada de Trump a la Casa Blanca, sobre la influencia de los cómics de Jack Chick:
Satán te ama
Uno de los elementos fundamentales de la conspiración de QAnon es la existencia de una red global de satanistas pederastas que, además de abusar de menores, se beben su sangre para mejorar su estado físico con el adrenocromo, sin que a día de hoy esté claro si este derivado de la adrenalina que metaboliza el cuerpo en situaciones de miedo o gran estrés sea una nueva fuente de la eterna juventud o una simple droga con efectos lisérgicos. No hace falta estar muy versado en la historia de la conspiración para ver ecos de teorías antisemitas del famoso libelo de sangre.
Pero sin necesidad de remontarse a la Biblia o a la Edad Media, el mito tiene un origen más reciente y ha ido moldeándose a través de los años hasta adaptarse a la narrativa actual. Una prueba más a favor de los que sostienen que el nuevo conspiracionismo tiene más de lo segundo que de lo primero. La presencia del satanismo en la ecuación conspiranoica no se entiende sin la figura de John Todd, quien en 1968 comenzó a labrarse un nombre en el circuito evangélico al asegurar que había nacido en una familia de brujos. Sacerdote experto en magia negra, aseguraba que incluso había sido consejero de JFK. Sus teorías en las que vinculaba el satanismo con los illuminati siguen vigentes hoy en día y, aunque su nombre ha caído en el olvido, su mensaje ultraderechista llegó a millones de personas a través de los cómics del dibujante Jack Chick (que aún hoy se siguen publicando).

















