Carrera de sotanas hacia el fascismo · Aníbal Malvar

marzo 3, 2024

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A la izquierda, el Papa Francisco fotografiado el 31 de enero de 2024 en el Vaticano/ Foto: Evandro Inetti/ZUMA Press Wire/dpa. A la derecha, Trasmoz, provincia de Zaragoza (España)
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Aníbal Malvar, Público, 3 de marzo de 2024

El Vaticano y, por tanto, nuestra progresista Conferencia Episcopal, la de la Cope, mantienen desde hace cinco siglos a un pueblecillo español como maldito y excomulgado. La maldición y excomunión de Trasmoz, Zaragoza, no afecta a demasiada gente. En las elecciones municipales del año pasado, solo tenían derecho a voto 72 personas. El pueblo ya no llega a los cien habitantes. Hubo nueve votos nulos y una abstención. Ganó de calle el Partido Popular con 46 votos. El PSOE solo consiguió dos sufragios en ese municipio excomulgado. El laicismo español no funciona ni en los pueblos malditos por la Iglesia.

La excomunión y el malditismo de Trasmoz(1) se remonta a principios del siglo XVI. Se les acusó de brujería, a pesar de que lo único que hacían los trasmoceros era falsificar moneda. Y no someterse a las exigencias económicas abusivas del clero. En estos quinientos años, ningún papa ha levantado el castigo. Y, si uno quiere una excomunión sin meterse en líos, lo único que tiene que hacer es empadronarse en Trasmoz. Sin ánimo de hacer proselitismo, amistosamente lo recomiendo.

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Un pueblo excomulgado, Trasmoz, el único que hay en España

junio 1, 2021

Aunque parezca cosa de película o, cuando menos, de la Edad Media, aún hoy existen poblaciones enteras que la Iglesia ha expulsado de su seno. En España solo hay una, se llama Trasmoz (Zaragoza)

Trasmoz-Antiguo

Fuente foto:  web del Ayuntamiento

Fuente: Samuel Martínez, InfoLibre, 1 de junio de 2021

No es lo mismo un pueblo maldito, que un pueblo excomulgado. Eso de “maldito”, al fin y al cabo, deja margen a la interpretación. Son determinados acontecimientos extranaturales, paranormales o legendarios los que otorgan a una localidad la categoría de “maldita”, ya sea por la acción de brujas, hechiceros o espíritus. Sin embargo, un pueblo excomulgado es algo bien distinto. En este caso, no son las ciencias ocultas las que lo clasifican como tal, sino una institución tan terrenal como lo es la propia Iglesia. En pocas palabras, si atendemos a la definición de “excomulgar” que da la Real Academia Española de la Lengua (RAE) —“declarar a alguien fuera de la comunión o trato con una u otras personas”—, un pueblo excomulgado es uno que ha quedado fuera del seno de la Iglesia católica y entre los más de 8.000 municipios que hay en España, solo uno tiene la particular característica de haber quedado, además desde no hace poco tiempo, expulsado de la comunidad religiosa. Se llama Trasmoz, está ubicado a los pies del Moncayo, en la provincia de Zaragoza, y está excomulgado desde el siglo XIII. ¿El motivo? Uno más mundano de lo que cabría suponer. Eso sí, Trasmoz tampoco escapa de la oscuridad de las brujas: también está “maldito”.

En el siglo XIII, en el castillo de Trasmoz se acuñaba moneda falsa. Además era un municipio laico, totalmente fuera de la jurisdicción del cercano Monasterio de Veruela y exento de pagar impuestos a este. Por si fuera poco, era una zona rica con minas de hierro y plata y grandes reservas de madera y agua. Trasmoz era como una isla que escapaba al control del Monasterio

Todo empezó con una disputa por la leña. Por una parte estaba el pueblo. Por la otra, Andrés de Tudela, el abad del monasterio de Veruela. Según explicó a la agencia Europa Press Lola Ruiz, guía turística del castillo del municipio, ese monasterio siempre fue “el mayor enemigo” de Trasmoz. Al parecer, el abad no hizo gala, precisamente, de una gran transigencia cuando tras una serie de desavenencias con los vecinos por la obtención de madera de un bosque cercano, tomó la decisión de excomulgar al pueblo entero. Así las cosas, desde hace casi ochocientos años, el pueblo permanece ajeno a los brazos de la Iglesia. Pero no termina ahí la cosa. Si, primero, el mandamás del monasterio excomulgó al pueblo, unos trescientos años después, una disputa entre el entonces señor de Trasmoz, Pedro Manuel Ximénez de Urrea, y el abad, que, evidentemente, ya no era Andrés de Tudela, sino un sucesor suyo, terminó con una maldición para el pueblo.

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