Mercedes Monmany (Barcelona, 1957) es una periodista, traductora y crítica literaria española especializada en la literatura europea. Este año ha publicado el ensayo Algo quedará de mí (Galaxia Gutenberg, 2026), en el que cuenta las vivencias de algunas de las mujeres que fueron deportadas al campo de concentración nazi de Ravensbrück. Entrevista sobre el heroísmo, valentía y sacrificio de todas las internas.

Jayro Sánchez, Nueva Revolución, 10 de mayo de 2026
Tu nuevo libro habla sobre el complejo de Ravensbrück, el único que los nazis construyeron para recluir a mujeres a gran escala. ¿Qué horroroso propósito se escondía detrás de su edificación?
Los primeros campos alemanes se establecieron poco después del nombramiento de Hitler como canciller, en enero de 1933. Eran los lugares perfectos para encarcelar, amedrentar, torturar y asesinar a todos los que los nazis consideraban como elementos subversivos de la sociedad.
Como bien dices, Ravensbrück, que fue creado en 1939, solo albergó a mujeres. El 80% de las confinadas fueron resistentes políticas, aunque también hubo perseguidas raciales en él. Y el objetivo principal de los que lo idearon era sembrar el terror. Quebrantar y someter a sus víctimas hasta la completa «autonegación del propio cuerpo», como decía el escritor austriaco Jean Améry.
El hilo narrativo de Algo quedará de mí se configura a través de las biografías de 10 presas del campo. ¿Por qué elegiste sus historias para contar lo que se hacía en él?
Por una circunstancia azarosa. Hace un tiempo estuve en la Fundación Treilles, en la Provenza francesa, y en la habitación que me asignaron encontré unos libros que alguien se había dejado.
Uno de ellos era Ravensbrück, de la etnóloga francesa Germaine Tillion, una mujer ejemplar que luchó por revelar la guerra sucia en la que participaron sus compatriotas contra los independentistas argelinos en las décadas de 1950 y 1960.
Años antes, fue deportada a aquel centro por pertenecer a la Resistencia. Y allí escribió el tomo al que me refiero: una biblia de su atroz funcionamiento. Solo puedo decir que los hechos que describía me espantaron.
Al volver a España, investigué a las más de 100.000 internas para saber cuáles tenían biografías interesantes que pudieran ser narradas. Y quise reflejar la enorme pluralidad que las caracterizaba, porque entre las resistentes contra el nazismo hubo: comunistas, católicas, liberales, socialistas, aristócratas, periodistas, poetas, escritoras, historiadoras, espías, estudiantes, antiguas prisioneras de los gulags e incluso monjas.
¿Qué las hizo ser tan respetadas dentro del campo?
Su juventud y su valor. Muchas de ellas no solo se encargaron de testimoniar la brutalidad de las políticas exterminadoras nazis, sino que sacrificaron sus propias vidas en favor de las de otras y por la causa de la libertad, en la que creían con firmeza.
Un buen ejemplo es Violette Szabo, una espía británica ejecutada con 23 años cuya historia ha sido objeto de diversas biografías literarias y cinematográficas.
¿Fueron las únicas heroínas dentro de Ravensbrück?
No. Hubo muchas presas que mostraron enormes dosis de dignidad, arrojo y solidaridad con las más débiles. Espero que las investigadoras que crean en la importancia de este tema sean tenaces y sigan profundizando en él. Me consta que tanto en Francia como en Italia están apareciendo libros como el mío cada poco tiempo. Creo que sus autoras coincidirán conmigo en que nuestra maestra fue Sarah Helm, con su If This Is A Woman (Little Brown Book, 2015).
¿Qué ocurrió con los miles de personas anónimas que fueron internadas allí?
Al hablar de cifras tan monstruosas, solo podemos hacer cálculos aproximados. De las 130.000 mujeres que pasaron por aquel horror, entre 90.000 y 117.000 murieron. Algunas, como la novia del escritor Franz Kafka, Milena Jesenská, lo hicieron de hambre. Otras por: las enfermedades, los duros trabajos forzados, los salvajes experimentos médicos o las ejecuciones.
Cuando fueron liberadas, las supervivientes, fueran conocidas o no, volvieron a sus respectivas ocupaciones y tuvieron que llevar consigo terribles recuerdos durante toda la vida. Como decía la escritora y resistente Charlotte Delbo, «sus fantasmas», sus amigas y camaradas desaparecidas, siempre las acompañaron.
Los testimonios que recoges en el libro citan la incomprensión, e incluso el deseo de ignorar u olvidar, que esas mujeres encontraron en el resto del mundo al salir de su cautiverio. ¿Existe alguna explicación razonable para ello?
Si la hay, yo no la he encontrado. Para mí, es incomprensible. Quizá sea el miedo que tienen las personas a enfrentarse al Mal absoluto. O bien el egoísmo de los que no hicieron nada para evitar lo que ocurrió en los campos.
La que fue la primera presidenta del Parlamento Europeo, Simone Veil, que había sido deportada a Auschwitz a los 16 años, lo expresó de una manera muy sintética: «Aburríamos».
Como explicó de forma muy acertada, la soledad de aquellas deportadas que regresaban a sus antiguos hogares fue absoluta. Solo podían hablar con los más cercanos: sus familiares o sus compañeros de infortunio. El resto de individuos desviaba la conversación con rapidez si intentaban comentar algo sobre ello.
Al acabar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), parecía que los terribles crímenes que se cometieron en los campos nunca podrían volver a producirse. La historia ha demostrado lo contrario. Hoy, más que nunca. ¿Crees que todavía hay tiempo para luchar contra la barbarie?
Siempre hay tiempo de detenerla si existe la voluntad de hacerlo. Pero nuestros días están dominados por la hipocresía de los intereses geoestratégicos. No deberíamos olvidar que, en 1939, Stalin y Hitler firmaron el llamado Pacto Ribbentrop-Molotov. Aunque parezca increíble, se dividieron Europa a trozos con total desfachatez.
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Notas Asturias Laica
Sobre Ravensbrück en el blog de Asturias Laica
Las heroínas del Puente de los Cuervos (2025)
Mujeres españolas exiliadas, luchadoras en la Resistencia, encarceladas en Ravensbrück, enfrentaron horrores nazis con valentía inquebrantable. Entre ellas también había asturianas: Rita Martínez, Olvido Fanjul, Ángeles Álvarez o Leonor Rubiano

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Sobre el libro de Mercedes Monmany

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Sinopsis de ALGO QUEDARÁ DE MÍ
Primeras páginas | Fuente
Non omnis moriar, no todo lo mío morirá. Así lo expresó en un famoso verso el poeta Horacio.
Esta es la historia de diez mujeres que escogieron el bando de la libertad y la justicia en los tiempos del Tercer Reich. Venían de diversos países europeos y de distintas filiaciones políticas, orígenes sociales, credos y convicciones. Pero eran valientes, odiaban la tiranía y nada las detuvo a la hora de defender, incluso enfrentándose a la deportación, la tortura y la muerte, la libertad y la dignidad de sus respectivos pueblos sometidos a la atrocidad de una ideología asesina: el nazismo.
Cinco de ellas morirían y otras cinco sobrevivirían y dedicarían el resto de su vida a dar testimonio y mantener viva la memoria, a través, como diría la resistente Germaine Tillion, ‘de la fuerza de las palabras’. Un lugar siniestro las reunió. En 1939, hasta la liberación en 1945, las SS establecieron el mayor campo de concentración de mujeres del III Reich en la población de Ravensbrück, en Alemania.
Cinco de estas heroínas pertenecían a la Resistencia francesa: la etnóloga Germaine Tillion, la dramaturga Charlotte Delbo, la joven aristócrata Anne de Bauffremont-Courtenay, la brigadista Lise London, y la estudiante y sobrina del líder de la Francia Libre, Geneviève de Gaulle. A ellas se unían una testigo de los campos de concentración nazis y soviéticos de aquellos días, la alemana Margarete Buber-Neumann; la periodista checa, y fiel amiga de Kafka, Milena Jesenská; la monja rusa, miembro de la Resistencia francesa, Marie Skobtsova, santa de la Iglesia ortodoxa; la espía británica Violette Szabo y la poeta polaca Graz?yna Chrostowska, ejecutada vilmente con tan solo veintiún años.

















