La cuestión no es solo si se debe permitir el uso de símbolos religiosos en la educación, sino también reflexionar sobre cuál será su impacto

Luis Alfonso Iglesias Huelga , La Rioja, 14 de febrero de 2026
El Juzgado de lo Contencioso número 2 de Logroño ha dictaminado que impedir a una alumna del instituto Práxedes Mateo Sagasta el acceso a clase con hiyab vulnera el derecho fundamental a la libertad religiosa reconocido por la Constitución. Según los medios de comunicación que han podido acceder al contenido de la sentencia, esta entiende que «la decisión adoptada, lejos de fomentar la igualdad, el respeto y el pluralismo, ha tenido el efecto contrario», al provocar «una disputa y un amplio debate social donde antes no existía».
Pudiera interpretarse de este último párrafo que es mejor no tomar decisiones no vaya a ser que provoquen debates, cuando el debate es la esencia de la democracia y del pluralismo. Además, ese debate necesario e incluso saludable ya existía y seguirá existiendo porque, en realidad, trata acerca de un tema trascendente por su significado también social: la laicidad de las instituciones públicas. Ellas deben ser la mejor garantía para una convivencia en igualdad de todas las personas, sin privilegios ni discriminaciones, ya sean católicas, musulmanas, protestantes, ateas o agnósticas porque lo importante es el sustantivo permanente «persona» y no su condición religiosa.
La educación debe abrir espacios en los que se eduquen seres humanos críticos y responsables que aprendan a ser libres y a que esa libertad nos permite comprender, crear y modificar conceptos que surgen del propio ser humano. Y esos espacios son, fundamentalmente, los valores universales, comunes a los creyentes, los ateos y los agnósticos, como la libertad, la democracia o la igualdad ya que la necesaria laicidad conlleva la aplicación del principio de que el derecho, la política o la ciencia han de cumplir su cometido como si Dios no existiera. No olvidemos que la etimología griega de «laico» hace referencia a «pueblo» o a «multitud indiferenciada».
Tal vez convenga convertir las pírricas, que no exiguas, victorias judiciales en una oportunidad para debatir sobre el laicismo en nuestro país
¿Hasta dónde puede invadir la religión el territorio de la vida civil? ¿Cuáles son los espacios públicos adecuados para desarrollar el hecho religioso? ¿Cuál debe ser la relación del dogma religioso con el conocimiento científico en los centros educativos? ¿Deben influir las creencias religiosas en asuntos como la alimentación de los alumnos o es un campo exclusivo de los nutricionistas? ¿Hasta qué punto la invulnerable libertad de introducir elementos religiosos en los centros es compatible con una ética laica y universal? ¿Cómo abordamos el conflicto entre la identidad personal y la identidad colectiva? ¿Cuál es el significado antropológico, religioso y social de símbolos como el hiyab?
El Corán anima a las mujeres a ver el hiyab como un símbolo de modestia y decencia que lleva a alcanzar la piedad. Si como afirma la escritora Najat El Hachmi debemos pensar acerca de la hipersexualización precoz que supone el hiyab ya que si te tapas es para evitar provocar el deseo de los hombres, ¿cómo se armoniza la libertad religiosa con la imprescindible lucha feminista en estos tiempos de machismo mortífero? ¿Cuál es el significado real de cubrirse más allá de que sea una decisión personal tomada de forma libre y consciente?
El filósofo Bertrand Russell afirmó que todas las religiones provenían del miedo. Él quería ver un mundo en el que la educación tendiese a la libertad mental en lugar de encerrar la mente de la juventud en la rígida academia del dogma. Y este deseo implica una reflexión acerca de la existencia de la fe en los lugares de la ciencia.
El hecho de que a la presencia de la religión católica en los centros de enseñanza se le vayan sumando otras religiones como la religión islámica o la evangélica puede convertir a la escuela en el lugar en el que las confesiones compitan entre sí. Por ello urge la necesidad de abordar una nueva mirada laica ante una sociedad cada vez más plural, más secularizada y más liberalizada en las costumbres. Y hacerlo desde una ética universal y cosmopolita, en palabras de la catedrática Adela Cortina, más acorde con esta época en la que tanto nos manifestamos contra las identidades que seccionan y aíslan. Porque la laicidad es necesaria, pero no suficiente: hace falta una educación ética, eminentemente civil y coherentemente laica.
La cuestión no es sólo si se debe permitir el uso de símbolos religiosos en el espacio de la educación, sino también reflexionar sobre cuál va a ser su impacto en el proceso educativo. Y considerar si, algunas veces, lo que parece una pluralidad inclusiva puede resultar ser una individualidad mostrativa que al exhibir la diferencia inhibe la confluencia.
Tal vez convenga convertir las pírricas, que no exiguas, victorias judiciales en una oportunidad para debatir sobre el laicismo en nuestro país. Decía Cicerón que no hay nada más injusto que buscar premio en la justicia. Así que identificar la resolución jurídica con un mandato social o antropológico sin un previo, calmado y profundo debate lleva a un error que suelen aprovechar quienes hacen de la consecuencia una perniciosa causa. Y ya que el término sentencia se refiere a «sentir» pero reflejando el proceso intelectivo de pensar y emitir un juicio fundamentado hagamos un esfuerzo de tolerancia crítica y pensemos acerca de las religiones y de sus símbolos, de sus denotaciones y de sus connotaciones y, sobre todo, de cuál es su mejor forma de ubicarse en una sociedad plural y avanzada en un mundo que está retrocediendo en derechos y libertades.
Debemos discutir porque entre discutir y discurrir solo hay una consonante de diferencia y ambos verbos se hallan unidos por su voluntad de resolver los prejuicios a los que pueden conducirnos los juicios sin debate, incluso si son juicios ganados.
Luis Alfonso Iglesias Huelga (Sotrondio, Asturias) es profesor de Filosofía y licenciado en Geografía e Historia en la modalidad de Historia Contemporánea. Poeta y ensayista

















