María (no virgen), José (no padre) y Jesús (no resucitado). Una familia corriente y moliente

marzo 27, 2016
(A la memoria de Jesús de Nazaret, o sea el hombre)
Frontal del altar de Avià. Museo Nacional de Arte de Cataluña

Frontal del altar de Avià. Museo Nacional de Arte de Cataluña

 

Artículo de Eduardo García Morán, (licenciado en Historia y en Periodismo, y doctorando de Filosofía, once años vinculado a la Fundación Gustavo Bueno, en cuya revista digital, El Catoblepas, escribió ensayos, aplicando, en todo o en parte, el sistema buenista, el Materialismo Filosófico, autor de el libro Ideas para el inicio del milenio, en la Editorial Pentalfa), publicado hoy en Asturias24

ARTÍCULO:

Las SS

Es hasta ridículamente ocioso hablar de lo que voy a hablar porque los oídos no oyen, los ojos no ven y la acefalia es un modo de ser. Pero como creo sinceramente, sin burla premeditada, tampoco alocada ni furibunda, que las Semanas Santas (SS, en adelante) son tiempos de representación de una tragedia familiar (mística y política por añadidura) ocurrida hace 1987 años –en el supuesto de que Cristo hubiese nacido cuatro años antes del nacimiento de Jesús y ajusticiado a los treinta y tres—  y que, sin embargo, es decir, a pesar de ser un drama descomunal, es tratada con los atributos del esperpento, de riguroso cumplimiento en las solemnes ceremonias que el catolicismo monta para seducir, sin ausencia de erotismo, y como esta columna se publica precisamente hoy, Domingo de Resurrección, me desvinculo de la ociosidad solo para (tratar de) alborear algunos hechos confusos que rodean al martirizado y a sus padres. El más fascinante, que es transcendental para el credo que escenifica las SS y antropológicamente cabalístico de los hechos que he de abordar, es el de la Resurrección, y lo haré para negarla en seco porque es apodícticamente inválida en la opción segunda de una proposición aristotélica. Mejor: el regreso a la vida del muerto existió en el trance metafísico de una o unos pocos (lo veremos en el siguiente apartado), en la credulidad de unos pocos más y en la tramoya provechosa de unos muchísimos más y más, y más empecinados.

Amparándose en la mala fe de estos “muchísimos más y más”, las SS españolas son el súmmum de la apoteosis, en ajustada correspondencia al altísimo integrismo de los seguidores del Mesías, año a año más íntegros en su convicción de que el subrepticio espíritu que les anida, santo de todas todas, les protegerá de los enemigos, a los que acabarán derrotando en las llanuras de Armagedón. Read the rest of this entry »