La palabra desorden | Martín Caparrós

octubre 17, 2026

Teníamos una buena cantidad de acuerdos y hemos dedicado estas últimas décadas a romperlos

Un hombre parado escucha música mientras transeúntes pasan a su alrededor | Gremlin (Getty Images)
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Martín Caparrós, El País, 17 de octubre de 2026

Sí, podría ponerme más pomposo, más grandilocuente, pero lo que vi fue el pajarito. Un pájaro bonito, negro intenso, su pico anaranjado, su porte distinguido, esa manera de comer sin prisas —como si el mundo tuviera que esperarlo. Vi el pajarito, mediodía de octubre y, una vez más, me maravilló que la larguísima sucesión de azares de la selección natural haya podido pasar de una ameba invisible a estas plumas espléndidas. Un vez más, la pregunta de cómo pudo suceder y la envidia -la relativa envidia- de aquellos tiempos en que la respuesta era que un dios.

Fue terrible, admirable, fácil y difícil. Al principio los hombres se inventaron unos dioses que se les parecían: grandes familias donde todos se disputaban todo, cada cual quería conseguir lo que quería y, para eso, cada quien hacía lo que podía. La confusión reinaba en el Cielo como en la Tierra hasta que ciertos egipcios, babilonios, indios, pensaron que si cada banda tenía un jefe indiscutido, único, las de los dioses también debían tenerlo. Después otros darían el gran paso: no solo habría un dios jefe; se cargarían a todos los demás, se inventarían un dios único. (No, no voy a acusar a nadie de genocidio de dioses.)

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