«La lista de los sufrimientos físicos no es corta y la de los psicológicos no le queda a la zaga. Teniendo todo esto en cuenta, ¿no merezco acaso más dignidad?»

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Mertxe Belzunce Larumbe, Noticias de Navarra, 26 de septiembre de 2026
Luis Belzunce Martínez ha fallecido. El certificado dirá que la defunción se produjo el 23 de septiembre de 2026, pero en realidad él murió el 21, sólo y a escondidas, como un criminal. El resto del tiempo es el sufrimiento, agotamiento y dolor que nos ha regalado a él y a sus seres queridos la soberbia y falta de humanidad de algunas personas que se creen con la superioridad suficiente como para decidir si alguien realmente sufre o no, si alguien realmente quiere seguir viviendo o no, a pesar de que esa persona, en su sano juicio y completamente cabal, haya repetido por activa y por pasiva que no le compensa la vida, que está sufriendo intolerablemente física, psicológica y emocionalmente y que quiere terminar cuanto antes. Y así, unas personas que por lo visto están por encima del bien y del mal, le deniegan la posibilidad de haberse podido despedir en condiciones de sus seres queridos y le deniegan una muerte digna, rápida, indolora, controlada y sintiendo el cariño y apoyo de quienes hubiéramos estado ahí, acompañándolo.
El resto del escrito está redactado por él mismo. Nos pidió que lo publicáramos tras su muerte y va íntegro:
“Suicidio de un anciano en el Vergel tras sufrir la negativa a recibir la eutanasia” A quien tiene una mascota, un perro por ejemplo, si lo lleva con dolencias, con artrosis, con mala visión, evidentemente dolorido y sufriendo, se le aconseja que lo eutanasie como muestra de humanidad y amor ya que lo contrario sería una crueldad. Sacrificamos a nuestro amigo fiel porque lo queremos.
El juramento Hipocrático dice que hay que mantener la vida, pero vida no es solo respirar. Vida es tener una mínima calidad en nuestro día a día. Pienso que muchos profesionales de la medicina han confundido o malinterpretado este juramento y han pasado a ser crueles, o quizás incluso a creerse semidioses, decidiendo que hay que aguantar, que tengo que aguantar mis dolencias, que no son pocas y me hacen sufrir.
Además de las típicas de la edad, la próstata que me obliga a orinar continuamente, la sordera que va en aumento, la dificultad para escribir porque me tiembla la mano, la memoria que va fallando, etcétera, también tengo que lidiar con dolores de cabeza casi constantes, la tensión ocular, el cansancio y la sequedad de los ojos, la cicatriz en el ojo derecho, la visión con líneas que se superponen… y todo lo que ello conlleva, ya que anulan prácticamente por completo mi capacidad de lectura. Además, mis cervicales están dañadas más allá de posibilidad de mejora y a menudo necesito collarín. Y por si todo esto fuera poco, apenas me quedan bronquios. Tengo una EPOC que me imposibilita andar más de 4 pasos sin sentirme absolutamente asfixiado. Y encima, la cabeza del fémur ha dañado la pelvis y no me permite ni dar esos pasos con normalidad.
Mi piel está reseca todo el tiempo, por más hidratantes que me aplique y me descamo sin cesar. Y, como colofón, una lesión en el cubital me ha dejado sin presión en la mano izquierda y en la mano derecha tuvieron que amputarme el dedo anular por cuidados necesarios insuficientes por parte de la residencia cuando me lo rompí.
La lista de los sufrimientos físicos no es corta y la de los psicológicos no le queda a la zaga. Teniendo todo esto en cuenta, ¿no merezco acaso más dignidad? ¿No merezco que se me conceda la posibilidad de morir dignamente, rodeado de mis seres queridos y con tranquilidad en vez de tener que suicidarme y morir con más dificultad, más dolorosamente y en soledad?”.


















