Un informe que publica la Diócesis cada cuatro años constata un descenso de once puntos en el número de creyentes

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Alba Cárcamo, El Correo, 3 de agosto de 2026
Hace unos meses, en una entrevista con este periódico, el obispo de Bilbao, Joseba Segura, aseguraba que en Euskadi todavía no se había tocado fondo en el proceso de secularización. El prelado decía que, antes del pequeño «rebrote» de creyentes que auguran, el declive de fieles en el territorio se iba a
agravar. Y lo ha hecho. Solo el 42% de los vizcaínos se definen como católicos, once puntos menos que en 2021. El dato viene además de la propia Diócesis, que cada cuatro años elabora un informe sobre la imagen que proyecta la institución en el territorio.
El último análisis, de finales del pasado año, recoge por primera vez -la serie empieza en 2013- un porcentaje de creyentes inferior al 50%. El desplome es inédito. Entre 2017 y 2021, por ejemplo, la identificación con la religión católica se contrajo apenas cuatro puntos. No se puede entender esa falta de vinculación con el catolicismo sin reparar en cómo ha empeorado la percepción que tiene la población sobre esta religión tras los sucesivos escándalos financieros y de abusos, las dificultades para adaptarse a las nuevas realidades sociales…
El 54% de los vizcaínos se ha construido así una imagen «muy o bastante negativa» de la institución en general, porcentaje que se reduce a un 49% al preguntarles por la Iglesia de Bizkaia. Puntúan a la organización en el territorio con un 4, la nota más baja de la serie (en 2021 le concedieron un 4,3).
El estudio, realizado en base a 1.131 entrevistas, pone el foco
por primera vez en la población católica procedente de América Latina, con 150 encuestas específicas a este colectivo, cada vez más creciente. En términos absolutos sigue siendo testimonial -en torno a un 4% del total de residentes en el territorio-, pero es un perfil más activo en materia religiosa y tiene una forma de sentir la fe muy diferente, con mayor implicación. A la hora de valorar a la Iglesia en Bizkaia, de hecho, sus análisis nada tienen que ver con los de la población autóctona. Si los católicos nacidos en el territorio puntúan a la Diócesis con un 5,5, los procedentes del otro lado del charco lo hacen con un 7,1.
51% de los vizcaínos tiene una imagen muy o bastante negativa de la Iglesia católica en general, porcentaje que se reduce al 49% al valorar la percepción que tienen de la institución en el territorio.
¿Y a qué responde una caída tan acusada entre los vizcaínos? Se podría mencionar el manido «cambio de valores», el cuestionamiento de las deidades, la existencia de unos códigos éticos propios distantes en algunos aspectos de los marcados durante siglos por la Iglesia… Pero a lo que apunta el informe es a las dificultades que tiene la propia institución para conectar con la población en este mundo cada vez más cambiante. Maneja un lenguaje diferente.
Los propios católicos se manifiestan alejados de lo que dice la Iglesia vizcaína o de lo que se habla en su parroquia o comunidad. Solo uno de cada cuatro se sienten muy o bastante identificados con los niveles más próximos de la institución, aunque bien es cierto que, de forma mayoritaria (un 65%), reconocen estar poco o nada informados de las actividades de la Diócesis. Sin embargo, los mimbres están ahí, porque el 58% de los católicos del territorio sí se reconoce en «el mensaje de Jesús».
Menos es más
Con todo, se ha ido reduciendo su papel como transmisor social de «valores». La escuela (49%), las instituciones públicas (44%) y la familia (18%) han asumido ese rol por delante de las organizaciones religiosas (14%, frente al 33% de 2021). Y es que, incluso entre los propios creyentes, si bien un 80% afirma que bautizaría a sus hijos, solo un 48% les matricularía en un centro con orientación religiosa.
La Diócesis augura un repunte de creyentes en los próximos años, una vez se toque suelo. Previsión
En los últimos tiempos, en el seno de la Iglesia vizcaína han defendido en más de una ocasión que mejor pocos pero comprometidos que muchos sin ninguna vinculación a las comunidades. Y en eso mantienen una base más o menos sólida. El descenso de practicantes no tiene nada que ver con el de los creyentes: quienes participan de la Iglesia de Bizkaia han pasado de un 14% de la población a un 10%. «En las próximas décadas se van a producir unos cambios muy grandes, en la dirección de comunidades más pequeñas, de gente más identificada», auguraba recientemente el obispo.
Aunque haya más compromiso, los templos están más vacíos que nunca; y eso que se está detectando un giro hacia la espiritualidad entre algunos sectores de la juventud. Uno de los grandes desplomes se produjo en 2021 por el lógico efecto de la pandemia, pero en los siguientes cuatro años, sin mediar una crisis sanitaria como aquella, el descenso ha sido prácticamente idéntico. Entonces, tras la llegada del covid, un 21% de los católicos seguía asistiendo a misa al menos una vez a la semana, frente al 28% de 2017. Pues bien, a finales de 2025, ese porcentaje era de tan solo un 14%. De forma paralela, se han disparado quienes no van nunca: un 39% de los creyentes (en anteriores informes el porcentaje oscilaba entre un 26 y un 27%).
Buena parte de quienes acuden, además, lo hacen más por costumbre que por otra cosa. El 88% aseguran que influye en sus visitas a los templos «la educación recibida». Destaca también que, entre los católicos no practicantes, lo que más ha pesado para alejarse del día a día de la Iglesia no es la dificultad logística o la falta de tiempo en una sociedad tan acelerada como la actual. Solo un 16% achacan su distanciamiento de la religión a ese factor, por el 56% que lo vincula a la «falta de identificación» con algunos mensajes de la Iglesia.
10% de la población de Bizkaia es practicante. En 2021 era un 14%. Quienes participan de forma activa en la Iglesia se han reducido en mucha menor medida que los creyentes. Aún así, los católicos que acuden a misa de forma frecuente (al menos una vez a la semana) se han desplomado. En 2017 eran un 28%, en 2021 un 21% y en 2025 un 14%.
De cara al futuro, lo que más les gustaría a los católicos (a un 21%) es precisamente que la organización en Bizkaia sea «abierta, flexible, tolerante, inclusiva…». Lo que también se ha resentido en los últimos años ha sido la confianza, con apenas un 22% de los católicos que consideran que la Iglesia cumple bastante con el valor de ser creíble y transparente. Apenas uno de cada cuatro encuestados, además, considera que es austera. De hecho, hasta un 33% entiende que la institución en Bizkaia dispone de «muchos recursos» y un 24% que hace «una gestión eficaz de ellos».
La valoración más positiva es la vinculada a su vertiente más caritativa. Hasta un 51% de la población vizcaína (un 70% en el caso de los católicos y un 84% entre quienes proceden de América Latina) consideran que la Iglesia hace un trabajo «muy importante» en la lucha contra la pobreza y el apoyo a personas en situación de vulnerabilidad.


















