La popularidad de las ceremonias civiles ha llegado hasta los programas políticos de algunos municipios. En el reportaje se habla con familias, profesionales del sector y la iglesia católica, todos reconocen la nueva tendencia

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Fuente Alfredo Herrera Sánchez, El Confidencial, 12 de enero de 2026
Las cifras de bautismos de la Iglesia católica están cayendo en picado desde hace 15 años. Ante esa situación, una alternativa se abre camino en la sociedad española: los bautizos civiles. Pueden involucrar o no a padrinos, algunos ayuntamientos los promueven como formas de presentación ciudadana para fomentar el arraigo, y hay empresas que se dedican a planificarlos hasta el más mínimo detalle. Los padres interesados tienen la opción de contratar a un oficiante de ceremonias por cientos de euros o gastarse miles en comida y un local.
En redes sociales como Instagram se acumulan cientos de publicaciones con las etiquetas “#bautizosimbólico” o “#ceremoniadebienvenida”. Ambas se utilizan en Latinoamérica y España para los eventos organizados por padres que quieren mantener a sus hijos al margen de la religión. “La opción de poder realizar una ceremonia de bienvenida que difiera de cualquier connotación religiosa ya es una realidad por fin”, explicita en su web uno de los españoles dedicados a la gestión de este tipo de eventos.
Nancy Barbuzano, oficiante y organizadora de ceremonias civiles a través de una empresa propia, prefiere ser abierta a la hora de gestionar las fiestas. Sus clientes tienen la última palabra: “Llevo nueve años en el negocio de los eventos y últimamente ha crecido la demanda por los bautizos civiles, una moda fuerte también en EEUU, donde creo que nació. Ahora me llaman y me contratan más para ese tipo de eventos. Lo que buscan esos clientes es que les organicemos una ceremonia en la que hablan los padrinos (esto no ocurre en los bautizos católicos), quienes se comprometen igualmente a estar presentes en la vida del niño si a sus padres les ocurriera algo”.
Ceremonias en las que «pasa cualquier cosa»
Barbuzano aclara que los bautizos civiles no suelen estar completamente exentos de temas religiosos. Más bien son un híbrido. “No es que la gente no tenga fe, sino que quieren hacer del bautismo algo más íntimo y emotivo”, explica. “Todo lo que hago depende de lo que escojan los padres, aunque el ritual suele desarrollarse siempre alrededor de una mesa. Por lo general, los padrinos firman un acta con su compromiso, documento que no se inscribe en ningún sitio ni tiene peso legal, sino más bien simbólico”.
Los precios de Barbuzano parten de 300 euros (si su trabajo se limita, por ejemplo, a preparar el acto en una casa), y puede llegar a cobrar hasta 4.000 euros si la preparación demanda alquilar un local o catering especializado. Al igual que en las bodas, en estos bautizos algunos asistentes entregan a los padres regalos o dinero. Esto último predomina más y alivia el costo económico de la actividad.
“Otra variante es el bautizo de los cuatro elementos, un tipo de ceremonia asociada a las energías del fuego, la tierra, el agua y el aire”, detalla Barbuzano sobre unos bautizos que pueden demandar hasta a ocho padrinos, dos por cada elemento. “En esos casos, como hay que trabajar con símbolos que representan a los elementos, decoro y prepararlo todo en función de los intereses de los padres. Incluso he contratado a especialistas en yoga o budismo para hacer bautizos civiles”.
Los bautizos civiles no se circunscriben a la península. En Ibiza también se han colado entre las preferencias de algunos padres, según la experiencia de la fotógrafa Silvia Zorrilla. A ella, especializada en este tipo de eventos, todavía la contratan más para bautizos religiosos, pero reconoce que crece la demanda por los actos civiles. En ellos varía mucho la cobertura fotográfica que hace, porque el formato depende de cómo y quién lo organice.
“Tanto en los bautizos religiosos como en los civiles el agua está presente”, explica Zorrilla. “Siempre rocían con algún tipo de agua a los niños, el resto es totalmente diferente y no tienen nada que ver. Quizás lo otro en que se parecen es que en ambos se quiere celebrar algo con la familia y los amigos, generalmente la llegada del niño. Me siento más cómoda trabajando en los religiosos, que casi siempre son iguales. En los civiles puede pasar cualquier cosa y, si no hablo previamente con el organizador, me quedo desubicada”.
Bautizos civiles en programas políticos
En la web de Barbuzano se aclara que existen dos alternativas para desarrollar un bautizo civil: “Puedes diseñarlo a tu medida en el espacio que escojas o hacerlo de manera oficial en el ayuntamiento de tu pueblo, donde se leen algunos artículos de la Constitución española o de la Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas”.
Sí, hay políticos españoles que hacen bautizos. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, los Gobiernos de al menos tres municipios, Fuenlabrada (PSOE), Getafe (PSOE) y Santa María de la Alameda (PP), realizan “bienvenidas a la ciudadanía”, actos para fomentar el arraigo local. Como no en todos los pueblos o ciudades está disponible esta opción, algunos políticos le han echado el ojo para convertirla en promesa de campaña electoral.
El Confidencial contactó al Concello de Amés, el gobierno de un municipio gallego que espera comenzar a realizar estas ceremonias muy pronto. “Nosotros queremos llamarle ‘carta de bienvenida social’ para recibir a los nuevos vecinos”, explican fuentes del mencionado ayuntamiento liderado por el PSOE. “Es una iniciativa que impulsamos debido a la demanda de algunos vecinos. No buscamos sustituir los bautizos religiosos, es una simple ceremonia laica sin padrinos en la que los padres se comprometen frente a los testigos a cuidar y criar a sus hijos”.
«En este secularismo que vivimos se llena de forma incompleta la espiritualidad»
El actual Gobierno de Amés no propuso en su programa electoral aprobar la realización de este tipo de ceremonias, pero lo incluyeron atendiendo a las solicitudes ciudadanas: “Tampoco era algo que nos suponía mucho esfuerzo o recursos, por eso tratamos de responder a esa demanda de gente no católica que quiere una ceremonia de bienvenida para su hijo o hija. Aún no abrimos plazo para solicitudes. Ahora mismo está aprobado y en fase de exposición pública. Esperamos celebrar el primer acto a finales de agosto”.
La hermana María Granados, miembro de la Comisión para la Evangelización de la Conferencia Episcopal española (CEE), explica qué podría motivar estas demandas ciudadanas: “Entiendo que haya familias que necesitan hacer algo con relación a esa criatura que acaba de nacer. Todo los seres humanos tenemos una dimensión espiritual que necesitamos cuidar, y da mucha pena que en este secularismo que vivimos se intente beber de otras fuentes para llenar de forma incompleta esa espiritualidad. Esos bautizos civiles se hacen porque el hombre necesita celebrar el reconocimiento de su hijo, pero se quedan en algo meramente externo y superficial”.
«Muchos trámites, menos bautizos religiosos»
Irene Melero, una joven murciana residente en Madrid, se entusiasmó mucho cuando su hermano le pidió que fuese la madrina de su sobrino pequeño. Para entrar al colegio escogido en Murcia, el niño debía recibir pronto el agua bendita. La Iglesia católica que acogería la ceremonia exigió a Melero los tres sacramentos de iniciación para sostener al niño en el acto: bautizo, comunión y confirmación. Al carecer del último, el templo le recomendó a Melero la opción de pasar un “curso para padrinos de bautismo”.
No todas las iglesias condicionan la selección de los padrinos a su categoría eclesiástica, pero Melero no estaba confirmada y eso sí representaba un problema en el templo murciano. Aunque ella no tenía que hablar en la ceremonia, estudió en una tarde todo lo necesario para recibir el diploma con “20 horas de acreditación” emitido por una “asociación privada de fieles”. Ese aval la convirtió en una madrina dispuesta a “asumir una obligación con Dios y la persona bautizada”.
“A mi hermano le hacía ilusión que yo fuese la madrina, pero no tenía la confirmación porque no era creyente ni practicante y decidí no hacerla cuando era una adolescente”, cuenta Melero, de 27 años. “Al principio no lo vimos como un problema, porque al haber tan pocos bautizos casi nadie exige que los padrinos estemos confirmados. Primero estuve llamando a varias iglesias aquí en Madrid para ver si alguna podía darme un curso exprés y luego confirmarme, pero lo mínimo que encontré tardaba tres meses”.

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Nada en el examen de madrina hablaba de cómo serlo . Melero solo tenía que responder 20 preguntas sobre las características de una misa o cuándo se hacía, por ejemplo, para ver si dominaba los temas religiosos relacionados con el bautizo. Nunca entendió que el día de la ceremonia ni siquiera le pidieran el aval: «Yo creo que cada vez se hacen menos bautizos porque exigen muchos trámites y papeleos. Hasta el propio párroco lo comentó ese día: ‘No hay casi bautizos y la gente ya no quiere venir a la iglesia’. Lo mismo pasó con las bodas . Al final el bautizo fue algo por encima, duro 15 minutos como mucho». Melero tiene razón.
Según las memorias anuales publicadas por la CEE, en 2010 se realizaron 349.820 bautizos y en los próximos siete años se registraron bajos abruptos que oscilaron entre 10.000 y 30.000 ceremonias menos cada calendario, hasta registrarse 214.271 en 2017. En 2023 la cifra alcanzó mínimos (152.246) solo comparables con la caída de los años de pandemia; y el descenso continuó 2.024 donde decayeron un 3,97% pasando los 152.426 en 2023 a 146.370 en 2024.
Granados profundiza en las causas de esta situación: «Es evidente que influye el descenso de la natalidad, porque al bajar significativamente el número de nacimientos desciende el de bautizos. También estamos en una sociedad cada vez más secularizada . Son muchas las familias que no se plantean bautizar a sus hijos al nacer». Granados reconoce que “la iglesia vive con dolor que cada vez menos familias bautizan a sus hijos”. No se trata de una situación puntual de alguna diócesis, “ocurre en todo el país” y “el descenso es generalizado”, aunque, alega, “el tema de la despoblación incide en que ciertas zonas tengan menos bautizos que otras”. El descenso en el número de bautizos no es directamente proporcional a la disminución de nacimientos . Si en 2010 el 72% de los niños que nacían en España fueron bautizados por la Iglesia Católica, en 2023 solo recibieron el agua bendita el 47,5% de los nacidos.
David, un madrileño de 35 años con un hijo de dos, cerró la puerta al bautizo y no cree que su decisión represente un problema futuro para el niño : «Me parece algo muy personal, como para que lo decida un niño que no sabe ni lo que significa, a partir de ese momento cuentas en el registro de la iglesia y cuentas como católico aunque luego no lo seas.
Considero que el bautizo es de ‘pollaviejas’ (sic)». A David no solo le parece anticuado el bautizo religioso, tampoco se ha planteado la posibilidad de una ceremonia civil. A diferencia de otros padres españoles que sí apuestan por los bautizos civiles como una forma de presentar a sus hijos ya los padrinos, David cree que esa alternativa le parece igualmente “absurda”. “El tema de los bautizos civiles es algo que ya lleva tiempo sonando y se dan en toda España”, concluye la hermana Granados. «Al principio del cristianismo las fiestas paganas se iban evangelizando, pero ahora estamos viendo el mismo proceso a la inversa. Vemos cómo estas celebraciones con un fuerte sentido religioso y de relación con Dios se van paganizando y vaciando de sentido. El sentido del bautizo va mucho más allá de ponerle un nombre al niño, es el primer sacramento con el que recibimos el don de ser hijos de Dios. El bautismo nos perdona del pecado original y nos abre las puertas a la vida eterna. Es una pena y perdemos mucho cuando vaciamos de sentido el bautismo y lo dejamos como una mera presentación en sociedad”.Las cifras de bautismos de la Iglesia católica están cayendo en picado desde hace 15 años.
Ante esa situación, una alternativa se abre camino en la sociedad española: los bautizos civiles. Pueden involucrar o no a padrinos, algunos ayuntamientos los promueven como formas de presentación ciudadana para fomentar el arraigo, y hay empresas que se dedican a planificarlos hasta el más mínimo detalle. Los padres interesados tienen la opción de contratar a un oficiante de ceremonias por cientos de euros o gastarse millas en comida y un local.


















