La eutanasia y el respeto | Asun Gómez Bueno

«A quien no pueda entender que una persona que sufre una enfermedad grave e incurable y que padece un sufrimiento insoportable tiene derecho a pedir voluntariamente acabar con esa tortura, le pido respeto. Sólo eso»

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Asun Gómez Moreno, InfoLibre, 3 de junio de 2026

En 2017 el realizador César Vallejo rodó un documental sobre Luis de Marcos al que tituló El viaje a Islandia. Cuando en Aspe recogí -en nombre de César- uno de los premios que ganó, me acompañaban mis hijos, y a ellos se lo dediqué diciéndoles que una vez que se conquistara el derecho a decidir sobre el final de la propia vida, ellos podrían dedicar su tiempo y sus fuerzas a luchar por otros derechos.

Ese derecho llegó hace cinco años en forma de ley orgánica: se aprobó el 18 de marzo y entró en vigor tres meses después, el 25 de junio de 2021. El camino recorrido hasta allí no estuvo exento de disgustos, abandonos inesperados, pedradas, abrazos envenenados e insultos. No conozco a nadie que disfrute oyendo que lo llaman asesino o monstruo, pero cuando te guías por el corazón esos calificativos no hacen daño, definen a quien los pronuncia. Y si además se tiene la suerte de conocer en ese viaje a personas muy valientes y comprometidas, que dan abrazos que son un regalo y un argumento contra la soledad, personas enamoradas de la vida y que por ello la defienden, que consideran que el derecho personalísimo a decidir sobre la propia vida es irrenunciable… si pasa todo eso, digo, una sólo puede sentirse muy afortunada

A quien no pueda entender que una persona que sufre una enfermedad grave e incurable y que padece un sufrimiento insoportable tiene derecho a pedir voluntariamente acabar con esa tortura, le pido respeto. Sólo eso. Porque no es necesario pensar igual, claro que no, pero sí lo es respetarnos. Todos y todas amamos la vida a nuestra manera. Nadie quiere morir. Luis no era una excepción. Luis amaba la vida, la disfrutó de manera inagotable mientras pudo, y él no quería morirse, lo que pedía era dejar de sufrir. Liberarse de la cárcel en la que se había convertido su cuerpo inmóvil durante años. Dejar de padecer esos dolores neuropáticos constantes –peores, según explicaba, que la parálisis total– que comparaba con tener puesto un traje de neopreno forrado de cristales muy punzantes. Dejar de ser dependiente para todo, incluso para rascarse la nariz. Y yo le apoyaba en su reivindicación; le decía: “Si te quieres ir, yo te ayudo a hacer las maletas y ya veré qué hago con la tristeza” y le seguí apoyando cuando murió.

Permanezco al lado de quien pide –no por gusto, sino por necesidad– poner fin a una existencia que sólo genera sufrimiento y no tiene ninguna posibilidad de mejorar. Porque cuando se ama a una persona, lo que menos se quiere es que esta sufra. Así de sencillo. El significado último de todo lo que nos rodea es el amor. No es un simple sentimiento: es la verdad, es la alegría que está en el origen de toda creación y la tristeza que se cuela en cada despedida.

Y cuando el 18 de marzo de 2021 asistimos a la votación en el Congreso por la que se aprobaba la ley de despenalización de la eutanasia y mis amigos-hermanos de SOS Amatxu, Txema, Daniel y David, nos abrazamos con Marcos y Ángel y pudimos agradecerle a Luisa Carcedo la defensa que hizo de la ley, palpé la felicidad, sonreí a pesar de la ausencia de Luis, sentí que el universo me miraba y me decía: “Hola, lo habéis conseguido”. 

Lo hemos conseguido, sí, pero eso no significa que no haya que seguir protegiéndolo, ya que algunos sectores de la sociedad siguen calificándolo como asesinato, por más claro que queda en la ley que es un derecho y no una obligación. El derecho a disponer de la propia vida es eso: la opción de poner fin a la propia vida. Nadie lo puede solicitar en nombre de otra persona. Sólo si quien pide poder abandonar este barco llamado vida presenta la solicitud y lo ratifica en al menos dos ocasiones en un plazo mínimo de 15 días se pondrá en marcha el proceso. Sólo, sólo, sólo en ese caso. Que no engañen quienes están en contra. Igual que nadie está obligado a casarse con una persona de su mismo sexo por el hecho de que exista la ley de matrimonio igualitario, nadie será sometido a la eutanasia si no lo desea

Quizá mis hijos tengan que seguir luchando por este derecho que ya creíamos consolidado. Espero que no, y que, como dije en Aspe, puedan dedicarse a pelear por otros.

Luis y yo no logramos viajar juntos a Islandia. La esclerosis múltiple se lo llevó antes de poder volar juntos hasta allá, pero conquistamos muchos otros objetivos, quizá más importantes. Queda la ley, queda su recuerdo, todo lo aprendido a su lado, queda el documental en el que César Vallejo refleja la historia de Luis, capta su voz dolorida con la que defendía tener derecho a “algo tan humano como morirse, pero morirse sin sufrimiento”. Porque él amaba la vida.

Asun Gómez Bueno es periodista y vicepresidenta del Comité de Informativos de la Unión Europea de Radiodifusión.

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