Una visión laica y republicana sobre el mayor proceso de apropiación patrimonial de la historia contemporánea de España

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Primera parte: Apartados del 1 al 4
Segunda parte: Apartados del 4 al 8
Pedro María Fernández Sandino, Errepublika Plaza, 4 de septiembre de 2026
IX. ¿Usucapión o privilegio?
Uno de los argumentos más utilizados por los defensores de las inmatriculaciones consiste en invocar la usucapión. La tesis es conocida:
La Iglesia habría poseído pacíficamente numerosos bienes durante siglos, por tanto, habría adquirido su propiedad, sin embargo, este razonamiento presenta graves problemas, la posesión no siempre implica propiedad.
Un administrador posee, un usufructuario posee, un arrendatario posee, un depositario posee. La cuestión esencial consiste en determinar el título de la posesión.
La legislación republicana de 1933 respondía claramente: La Iglesia poseía para el culto. No como propietaria.
Desde esta perspectiva, la usucapión no resulta automáticamente aplicable. Además, numerosos bienes pertenecían históricamente a municipios, concejos o comunidades vecinales.
La posesión eclesiástica coexistía con formas complejas de titularidad colectiva.
X. Navarra: el mayor laboratorio de las inmatriculaciones
Ningún territorio simboliza mejor el fenómeno que Navarra. Allí confluyen:
– fuerte implantación histórica de la Iglesia;
– abundancia de patrimonio rural;
– existencia de bienes comunales;
– intensa actividad registral.
Las investigaciones desarrolladas durante décadas han identificado centenares de bienes inscritos mediante certificación eclesiástica. Iglesias parroquiales, ermitas, casas parroquiales, terrenos, atrios, huertas, cementerios, bienes comunales.
Numerosos autores han descrito Navarra como el mayor escenario de transferencia patrimonial desde las comunidades locales hacia la Iglesia. La expresión «privatización del patrimonio comunal» aparece repetidamente en la literatura crítica sobre esta cuestión.
XI. El negocio posterior: venta, alquiler y explotación
La gravedad del problema aumenta cuando los bienes inmatriculados son posteriormente explotados económicamente. La inmatriculación no constituye un acto simbólico. Produce consecuencias materiales. Permite: vender, alquilar, hipotecar, ceder, explotar económicamente.
Si el origen de la propiedad es ilegítimo, cualquier rendimiento posterior resulta igualmente problemático. El debate afecta especialmente a: viviendas, locales comerciales, terrenos urbanos, fincas agrícolas, inmuebles históricos visitables.
La transformación de patrimonio colectivo en renta privada constituye una de las críticas fundamentales formuladas por el movimiento laicista.
XII. La inacción de Zapatero
Los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero impulsaron importantes reformas sociales. Sin embargo, la cuestión de las inmatriculaciones permaneció prácticamente intacta. No se derogó el privilegio heredado. No se elaboró un inventario completo. No se inició una revisión sistemática. No se cuestionó jurídicamente la reforma de 1998. Durante esos años continuó el proceso de inscripción. Para muchos sectores esta omisión constituye una de las mayores contradicciones del reformismo progresista español.
XIII. Pedro Sánchez y la publicación del listado
La publicación del listado oficial de bienes inmatriculados supuso un avance relevante. Por primera vez se dispuso de una cuantificación oficial. 34.961 bienes registrados entre 1998 y 2015. La cifra impresionó a la opinión pública. Pero también reveló una limitación fundamental. El listado no implicaba recuperación. No anulaba inscripciones. No revertían titularidades. No restauraba la situación anterior. La transparencia avanzó. La restitución patrimonial no.

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XIV. Cuantificación del fenómeno
La única cifra plenamente acreditada por documentación gubernamental corresponde a los 34.961 bienes identificados entre 1998 y 2015. Sin embargo, numerosas investigaciones sostienen que el número total desde la entrada en vigor del sistema franquista podría ser muy superior. El problema radica en la ausencia de un inventario completo entre 1946 y 1998. Durante décadas se practicaron inscripciones mediante mecanismos privilegiados. Muchos registros permanecen dispersos, otros requieren investigación individualizada. Por ello, la dimensión completa del fenómeno continúa siendo desconocida.
Lo que sí puede afirmarse es que las casi treinta y cinco mil inmatriculaciones reconocidas oficialmente constituyen uno de los mayores procesos de transferencia patrimonial documentados en la historia reciente de Europa Occidental.
XV. El debate democrático pendiente
La cuestión de las inmatriculaciones plantea una pregunta esencial para cualquier democracia contemporánea: ¿Debe prevalecer la seguridad registral o la justicia histórica?
Quienes defienden las inscripciones apelan a la estabilidad jurídica.
Quienes las cuestionan apelan a la legitimidad de origen.
El conflicto permanece abierto, y probablemente continuará abierto durante décadas, porque afecta a bienes cargados de significado histórico, cultural y emocional.
XVI. Conclusión general
La historia de las inmatriculaciones constituye la historia de una confrontación entre dos modelos de sociedad.
La Segunda República defendió que el patrimonio religioso histórico pertenecía a la nación y debía permanecer bajo tutela pública.
El franquismo restauró los privilegios eclesiásticos. El Concordato de 1953 consolidó una posición excepcional.
La reforma de Aznar de 1998 permitió una expansión masiva de las inscripciones.
Los gobiernos posteriores no alteraron sustancialmente el resultado, el balance resulta inequívoco.
Miles de bienes construidos por generaciones enteras de ciudadanos fueron progresivamente transformados en propiedad privada eclesiástica mediante mecanismos jurídicos privilegiados incompatibles con el principio de igualdad ante la ley.
La gran cuestión pendiente del siglo XXI español no es únicamente saber cuántos bienes fueron inmatriculados. La verdadera cuestión es determinar a quién pertenecen realmente.
A una corporación religiosa. O al pueblo que los construyó, mantuvo y transmitió durante siglos.
Mientras esa pregunta siga sin respuesta, el conflicto patrimonial más importante de la España contemporánea continuará abierto.
Salud y República. Pedro María Fernández Sandino


















