‘El patriotismo’, una diatriba juvenil de Federico García Lorca

Coincidiendo con el 88 aniversario del asesinato de Lorca, Ian Gibson  especialista en Lorca, recuerda aquí uno de sus artículos de juventud, ‘El patriotismo’ (1917), que debería ser, a su juicio, de obligada lectura para las derechas de este país.

García Lorca
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Ian Gibson, InfoLibre, 18 de agosto de 2024

«Que fue en Granada el crimen / sabed –¡pobre Granada!–, en su Granada”: la elegía de Antonio Machado sigue siendo una de las más conmovedoras. Y eso que hay miles, en diversos idiomas. Escrita al confirmarse, a comienzos de septiembre de 1936, la infausta noticia, le dolió al sevillano hasta las raíces del alma, porque a Federico lo conocía, lo quería y lo admiraba. En vísperas de otro aniversario del magnicidio, llevado a cabo cerca del manantial de Alfacar denominado por los árabes Ainadamar, La Fuente de las Lágrimas, Lorca es hoy el poeta y dramaturgo español más conocido y amado internacionalmente de todos los tiempos.    

No me detendré en repetir lo sabido. Con una excepción: el nombre y apellidos del mayor responsable de aquella barbaridad, Ramón Ruiz Alonso, exdiputado ultracatólico de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) y autor, en 1937, de un manual fascista, Corporativismo, prologado desde Portugal por su admirado jefe, José María Gil Robles. Manual explícitamente fascista que rezuma odio contra los del otro lado, empezando por el catedrático y ministro socialista Fernando de los Ríos, maestro predilecto del joven Federico. 

El 10 de junio de 1936 había salido en El Sol de Madrid, tal vez el diario serio más leído entonces, una entrevista con Lorca, a cargo del famoso caricaturista Luis Bagaría. Sus respuestas a las preguntas fueron entregadas escritas, por cautela. El poeta declaró que la “Toma” de Granada por los Reyes Católicos en 1492 fue “un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas”, y que dio paso “a una ciudad pobre, acobardada; a una tierra del chavico, donde se agita actualmente la peor burguesía de España».

Me consta que los que preparaban en Granada la sublevación militar se enteraron en seguida del contenido de la entrevista. Ya tenían materia más que sobrada para justificar su inquina. Yerma, por ejemplo. Pero esto fue el colmo.

Lo que no podían saber es que, entre el enorme acopio de escritos juveniles del escritor emergente, no publicados hasta décadas después de su inmolación (poemas, teatro, ensayos…), se encontraba el que sigue, con fecha 29 de octubre de 1917, cuando solo tenía diecinueve años. 

El Lorca adolescente es un rebelde acérrimo contra el Dios judeocristiano y sus acólitos, pero fervoroso admirador de Cristo, con quien se identifica a un nivel muy profundo (en otro momento lo llama “Socialista Divino”). En sólo dos décadas, dos, iba a crear una obra extraordinaria, con mucho que decir todavía. Pero se lo impidieron. Fue un mártir por la libertad, como su paisana Mariana Pineda. 

Recomiendo la lectura de «El patriotismo» al PP y Vox, cuyo aborrecimiento hacia todo lo que huela a izquierdas se expresa día tras día en sus medios de comunicación y, para más inri, en el Congreso de los Diputados y el Senado. Para mí son ellos, no los otros, la auténtica “Anti-España”, incapaces de asumir las enseñanzas de Jesús, incapaces de asumir que España, quieran o no, es un país mestizo, crisol de culturas, y sin haber leído, me imagino, ni una sola palabra de Américo Castro.

El ensayo ‘El patriotismo’, firmado por Lorca el 29 de octubre de 1917, se incluyó en el tomo IV (“Primeros Escritos”) de las Obras completas de Federico García Lorca a cargo de Miguel García- Posada (Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1997), págs. 731-36.

El Patriotismo

Por Federico García Lorca

¡Cuántas veces nos han hablado del patriotismo! Siempre hemos entendido desde niños al patriotismo por un sentimiento que tiene por espíritu a un trapo de colores, por voz una corneta desafinada y por fin defender las tumbas, las casas etc., etc., de nuestras familias.  Los encargados de danzar ante el sacro fuego de sus ideas son unos señores muy ordinarios con bigotes tiesos y voces campanudas que nos hacen a los jóvenes besar una cruz infame formada por la bandera y una espada;  es decir la cruz de las tinieblas y de la fuerza.

Hay que pensar para qué sirve toda esa multitud de muñecos grotescos que son sacerdotes del patriotismo y que van arrollando a la dulzura y al amor.  No se puede concebir por qué todo un pueblo se lanza contra otro únicamente  por esta pasión… En España nos las damos de muy patriotas.  En la escuela nos dicen: “España es nuestra  segunda madre y el  Rey su representante”, es decir, su maniquí… Y nosotros mirábamos al maestro que, encendido el pecho de entusiasmo, nos decía:  “Es nuestra segunda madre. Vosotros como buenos hijos debéis dar hasta la última gota de vuestra sangre” (esta es la frase de cajón). Paseábamos por la calle y al fondo de ella aparecía el ejército brioso, marcial, marchando elegante al son de una sinfonía bélica… y nos daban escalofríos, autosugestionados por el medio ambiente, y nos descubríamos ante la bandera con un no sé qué. Indudablemente los tramoyistas de la vida nacional preparan admirablemente los efectos. Producen emociones involuntarias valiéndose del aparato y de la música.

Hay que confesar que la fastuosidad y la etiqueta mezclada con sones apabullantes de músicas produce en las muchedumbres el vértigo. Primero el gran aparato de las armas les produce el miedo y el asombro y luego las músicas les sugieren los sentimientos amables… porque nada como la música comprendida por muchas almas a la vez para formar una sola en una sola voluntad. Es el efecto que recibe la multitud sin darse cuenta. Hay que ir contra esas exhibiciones llenas de lástima y con los oídos del alma tapados como Ulises se tapó los suyos para no caer en la tentación de las hadas del mar… ¿De qué se valen las congregaciones religiosas sino de la fastuosidad y de la riqueza para atraer a la multitud? Saben muy bien que la masa es muy impresionable y le hacen postrarse ante el brillo del oro. Y se da el caso raro de gentes que comprendiendo lo ridículo e imbécil de dichos actos asisten a ellos para recrearse en su solemnidad y teatralidad.

En la idea de patriotismo se supeditan las pasiones, el amor, la caridad y la dulzura a la flor áspera y punzante del deber… Es la idea fin del patriotismo convertir muchas almas en cuerpos… Las creencias individuales, sus apasionamientos, sus amores quedan supeditados a la voz de un hombre que grita muy grave: “Ordeno y mando”, y lanza los cuerpos unos contra otros porque las almas volaron al comenzar la tragedia

Es necesario, preciso que las multitudes se despierten llenas de amor y caridad. Es preciso acabar con lo inútil de las ideas patrióticas. El patriotismo es uno de los grandes crímenes de la humanidad porque de sus senos podridos por el mal surgen los monstruos de la guerra. Por patriotismo los hombres han caído en las negruras de la muerte. Por patriotismo la verdadera patria fue deshecha y escarnecida. Por patriotismo nacieron los males de la tierra. Por patriotismo fueron los hombres odiosos y crueles… Las banderas son los símbolos de la oscuridad y de la negación de Dios… Al hallarse los hombres divididos pusieron el ideal de su bienestar sobre esos trapos de colores que flotan como orgullos con forma sobre todo el mundo.

Desde la escuela, en vez de enseñarnos a amarnos y ayudarnos en nuestras miserias, nos enseñan la deplorable historia de nuestros países salpicados de sangres, de odios, y nos dicen: “Aprended a matar a vuestros enemigos. Mirad. ¿Veis este retrato? Pues es Felipe II, que quemó 8.000 herejes. ¡Admirad este otro! Es el Cid Campeador, que luchó contra la cruel morisma y que en Valencia asesinó a muchos hombres… Y este es Santiago, patrón de España, que luchó contra los moros y los exterminó”. Las almas de los niños se educan en ese ambiente de fuerza y de crueldad y llegan a considerar muy afligidos, aunque sin darse cuenta, al Dios de las batallas… “Ya lo sabéis, niños —exclama el maestro—. Dios crio a los hombres para amparar exclusivamente a nosotros, a los cristianos…” Y todos los niños se acostumbran a ver en las demás razas una humanidad inferior y digna de ser exterminada. En las escuelas en vez de enseñar el triunfo de la verdad sobre la fuerza enseñan el apoteosis de la crueldad y la razón espantosa de la fuerza…

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