El sueño de Franco: liderar su propia iglesia y emular a Felipe II

octubre 23, 2019

El dictador se construyó por conveniencia una imagen pública de católico devoto mientras mantenía disputas políticas con Juan XXIII y Pablo VI

Valle de los Caidos

El dictador Francisco Franco en una visita al Valle de los Caídos para revisar los planos de las obras. EFE

Juan G. Bedoya, El País, 23 de octubre de 2019

Francisco Franco se envolvió en el manto del nacionalcatolicismo, procesionado bajo palio por los obispos, para decidir el nacimiento del Valle de los Caídos, un costosísimo complejo religioso en una España de sangre, campos de concentración y racionamiento. Los textos de la época, la mayoría llevados al BOE, abundan en la parafernalia que acompañó al dictador hasta su muerte, siempre a su lado el brazo incorrupto de la santa Teresa de Ávila. Unos ejemplos: “Santa Cruzada contra la tiranía de los sin Dios”. “Salvar la civilización cristiana”. Dios, Patria y Fe. Victoria. Caídos. Peregrinación. Santa Cruz. Basílica…

Los primeros párrafos del decreto de la Jefatura del Estado sobre Cuelgamuros, de 1 de abril de 1940, son como un sermón de la época: “La dimensión de Nuestra Cruzada, los heroicos sacrificios que la Victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de Nuestra Historia y los episodios gloriosos de los Hijos de Dios”. Así se anuncia la creación del Valle de los Caídos. Sin embargo, Franco no había sido un meapilas, según frase del general Gonzalo Queipo de Llano. Fue su intuición de que Adolf Hitler y Benito Mussolini no podrían vencer en una guerra contra el resto del mundo lo que le impulsó a tratar con mimo obsesivo a la Iglesia católica, su principal apoyo, mostrándose en público como un devoto de misa diaria, rosario antes de cenar y cuatro días de ejercicios espirituales cada año con los jesuitas.

Esos afanes cristianos se exaltan en el primer decreto sobre el Valle, pero conviene subrayar la decisión de construirlo frente a Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, tan lejos de Madrid. Como Carlos V y Felipe II, Franco soñaba con liderar su propia Iglesia nacional, con poder sobre el Vaticano, y consolidar el papel de salvador de la civilización cristiana. En cambio, los papas, sobre todo Juan XXIII y Pablo VI, le pararon los pies en un combate político que culminó en la cuaresma de 1974, cuando el cardenal Vicente Enrique y Tarancón acudió al palacio del Pardo con el decreto de excomunión y advirtió al dictador que ejecutaría la sanción papal si el Gobierno persistía en la idea de mandar al exilio al obispo de Bilbao, Antonio Añoveros. Según Tarancón, el Caudillo, muy enfermo, se echó a llorar y musitó que él siempre había sido un fiel cristiano. Lee el resto de esta entrada »